ZONA FRANCA

La estabilidad del Estado, por su papel en el mismo, reclama la refundación del PSOE

Como exigen los críticos de Sánchez, la situación exige sin trampas una recuperación de principios morales en la práctica cotidiana y orgánica del PSOE y el Gobierno, ahora perdidos.
Felipe González critica la etapa de Sánchez-Celdrán.
Felipe González critica la etapa de Sánchez-Celdrán. / RR SS de F.R.

Que la número 2 del PSOE, nada menos que su vicesecretaria, María Jesús Montero, se quede tan fresca –y nunca mejor dicho--, tras el ingreso de Santos Cerdán en la cárcel, bajo graves acusaciones, y diga literalmente que “es un asunto de una persona que no tiene que ver con el PSOE”, cuando esa persona ajena era hasta hace unos días el secretario de organización de su partido y hombre de máxima confianza de Pedro Sánchez, a quien encargaba las cuestiones esenciales para sí mismo y su continuidad en la presidencia del Gobierno, suena a burla colectiva a los españoles o muestra del cinismo orgánico que forma parte de la estructura de esa organización que sigue usando las siglas PSOE. Pero es que, además, se va descubriendo que aquel hombre providencial sobre el que descansaba Sánchez ya había montado sus tinglados en Navarra, cuando el éste se presentaba como adalid de la lucha contra la corrupción que lo llevaría a la Moncloa bajo esta divisa. Y una de sus piezas de saneamiento era ya el veterano que ahora entra en la cárcel.

Desde una perspectiva global y el interés del conjunto del Estado es evidente que hace años que el PSOE necesita una reforma en profundidad y no ya una depuración parcial, como ahora se nos presenta como si estuviéramos ante un episodio de escasa irrelevante, y no una grave coyuntura que atrapa a sus dos últimos secretarios de organización y a un ex poderoso ministro y su asistente, todos ellos de la órbita de máxima confianza de Pedro Sánchez, que trata de presentarse como víctima de su propia buena fe, como si no tuviera responsabilidad alguna en la confianza y entrega a los sujetos sobre los que contruyó su mandato dentro del partido y del Gobierno. Y eso exige algo más que lo que se está haciendo.

Montero y Sánchez conversando.
Montero y Sánchez conversando. / RR SS de F.R.

Ya en mayo de 2023 ex altos cargos y figuras históricas plantearon una refundación del partido con el objetivo de superar la etapa de Pedro Sánchez y los cambios radicales que ha provocado en las ideas y en la organización de una de las instituciones políticas más importantes de la historia de España. Fue en el seno del colectivo Fernando de los Ríos donde se alumbró la idea, ante la deriva del partido. Entre los nombres implicados en aquel intento destacaban el exeurodiputado Pedro Bofill; el ex secretario general del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) Cándido Méndez; o el profesor de la cátedra de Sociología en la Universidad de Santiago de Compostela, José Antonio Díaz. También Nicolás Redondo Terreros, ex secretario general del PSOE en el País Vasco y uno de los personajes más importantes en la historia del partido, especialmente crítico con los pactos de Pedro Sánchez.

Cambiar el mundo de la organización

Su meta no era sólo desplazar a Pedro Sánchez de la dirección, sino cambiar el rumbo de la organización y recuperar la perdida personalidad de un partido que, según decían, solo quedan las siglas. La respuesta del sanchismo fue expulsar a Redondo, Leguina y otros, bajo absurdas acusaciones. Del mismo modo que ahora se propone expulsar a Felipe González y Alfonso Guerra y otros, bajo un torrente de insultos comunes “fascistas”, “traidores” y otros de costumbre. La lista de discrepantes es amplia: Virgilio Zapatero; los exministros del Interior José Luis Corcuera y José Barrionuevo; el exministro de Sanidad Julián García Valverde; el extitular de Obras Públicas Javier Luis Sáenz de Cosculluela; el exministro de Cultura, César Antonio Molina, éste especialmente duro,  o el de Comercio, Javier Gómez Navarro.  Y ahora mismo, cinco ex ministros socialistas y un largo centenar de personas de la esfera del PSOE, acaban de pedir, frente al deterioro de la calidad democrática, una convocatoria urgente de elecciones generales que desemboque en la regeneración política y ética del PSOE como un imperativo ineludible, dada su función vertebradora y la centralidad que ha ocupado en la modernidad de España. La respuesta del sachismo ha sido el repetido insulto, especialmente agravado contra Felipe González, cuya expulsión del partido se ha puesto en marcha, como es conocido. Es curioso que ahora acusen con ira al propio recreador del partido moderno en Suresnes.

Santos, Ábalos y Sánchez, en tiempos recientes.
Santos, Ábalos y Sánchez, en tiempos recientes./ RR SS de F. R.

Pero lo cierto es que la nueva carta  piden la renuncia de Sánchez más de 140 personajes de incuestionable posición y pasado como los  ex ministros del PSOE Jordi Sevilla (el que enseñara “Economía” a Zapatero en dos tardes) , Virgilio Zapatero, Julián García Vargas, César Antonio Molina y Javier Sáenz de Cosculluela, o los ex presidentes del Senado Juan José Laborda y Javier Rojo, con apoyo de figuras como el filósofo Fernando Savater, el periodista Juan Luis Cebrián o el ex fiscal general Eligio Hernández, entre muchos otros. Es especialmente llamativo que se aluda a la disociación del poder en la etapa Sánchez con la moral y la ética, cuando éste modificó el Código Ético del PSOE de 2014 en 2023, para poder encajar los indultos y luego la amnistía en sus actos de Gobierno.

Una de las acusaciones que formulan los críticos, que han sido expulsados o abandonado el partido, es que, en el caso del PSOE, la vida y el papel de sus propias estructuras han devenido en un corpus vacío de contenido, reducido a la mera figuración, ya que el actual secretario general y sus pares son los que concentran y ejecutan todo el poder efectivo. El que fuera secretario de Transparencia y Democracia participativa del PSOE hasta 2021, Odón Elorza, luego diputado en el Congreso de los Diputados, escaño al que renunció "para evitar desencuentros", dada su discrepancia con Sánchez, ha llegado a considerar que determinados órganos del partido son "mero atrezzo" , como el comité federal y sus funciones: "Si todo el pescado está vendido, si el debate resulta escaso, si la cohesión y la fuerza del PSOE se identifican con la plena aceptación, sin intervenciones críticas que puedan considerarse impertinentes… entonces se corre el riesgo de convertir el comité federal en una especie de atrezzo con invitados y aplausos al encenderse la luz de aviso". Y se fue.

Las competencias del comité federal

Los estatutos federales del PSOE en su artículo 35 señalan que es competencia del comité federal definir la política del partido entre congresos, además de examinar la gestión de la ejecutiva. A ese órgano de gobierno del partido se le puede exigir, llegado el caso, su responsabilidad política y presentarle una moción de censura. Son asimismo los responsables de elaborar y aprobar el programa electoral de ámbito estatal, hacer el seguimiento de la labor del Gobierno y del desarrollo legislativo, garantizar que los modos de gestión de los cargos públicos se adecuen a los modos de gestión socialista, ratificar las listas electorales, determinar la política de alianzas del partido e incluso designar el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno. Al despedirse de sus compañeros del PSOE Elorza les dirigió una carta, en la que, entre otras cosas, dijo que se iba para evitar enfrentamientos con la dirección de Pedro Sánchez, y añadió: "Mis ideas ya no son útiles". Y es que ya no era el mismo partido que él creía.

¿En qué congreso del PSOE, el comité ejecutivo federal, la  comisión federal u otro órgano del partido, incluido en el programa electoral, se propuso o aprobó la reforma del Código Penal, a la medida del independentismo, los indultos, la amnistía, negociar fuera de España delicadas cuestiones de Estado, por un lado, y por otro, cuestiones tan delicadas como el cambio de postura del partido con respecto al Sáhara? ¿Dónde, cuándo? Porque eso mismo no fue la trucada consulta a la militancia para apoyar el pacto con el independentismo, sin hacer referencia expresa al precio que Junts y ERC imponían. Todo lo demás fueron decisiones personales de Sánchez, apenas barnizadas en su caso. Hay que refundar el PSOE, o si sigue como hasta ahora, como algunos sugieren con ironía, por lo menos dejar de usar este nombre y ponerle Partido Sanchista. @mundiario

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