El problema principal no es Trump, sino el sistema político de EE UU

Donald Trump es un Jefe de Estado demonizado por la izquierda y por parte del centroderecha europeo, pero los problemas estructurales de EE UU vienen de antaño.
Donald Trump sostiene al mundo en sus manos. / Mundiario.
Donald Trump sostiene al mundo en sus manos. / Mundiario.

Desde el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, casi todos los días escuchamos noticias negativas de sus acciones en medios de comunicación que abarcan desde la izquierda al centroderecha convencional. Sin duda, se trata de un personaje profundamente carente de los mínimos valores éticos humanistas. Además, sus formas irrespetuosas y arrogantes acentúan esta imagen de hombre malvado y peligroso para la humanidad. ¿Pero realmente los problemas que causa Estados Unidos son solamente culpa de este empresario neoyorquino?

Para responder a esta cuestión, debemos analizar el sistema político estadounidense en relación a aquellos elementos que son causa o exponente de daño interno o externo:

Políticas públicas internas

-Demográficas: La política migratoria de Trump sí es notablemente diferente en un sentido restrictivo en comparación con la de sus predecesores neoliberales (demócratas) y neoconservadores (establishment tradicional republicano).

-Derecho a poseer armas de fuego: El CDC-NHCS (National Center for Health Statistics), documenta que entre 1968 y 2016 (antes de la llegada de Trump a la presidencia) hubo más de 1,5 millones de personas que murieron por armas de fuego en suelo estadounidense.

-Económicas: Aquí sí hay que reconocer también un cambio con Trump en la cuestión arancelaria.

-Fiscales: La ausencia de un régimen progresivo ha existido desde la independencia (1776). Ello se traduce en enormes desigualdades y en un muy débil Estado del Bienestar.

-Institucionales: El respeto por la pseudodemocracia estadounidense brilla por su ausencia en Trump, a diferencia de sus predecesores.

-Militares: EE UU posee el ejército más poderoso del mundo (GFP, 2025). Ello incluye más de 5.000 ojivas nucleares (CNN, 2024). El programa nuclear fue iniciado en 1939 y el desarrollo de su ejército sucedió a lo largo del siglo pasado y del actual. Según Datosmacro, en 2022 (es decir, con el demócrata Biden al frente de la Casa Blanca), EE UU destino un 3,4% de su PIB al capítulo de gasto militar. Todo ello sucedió mientras EE UU se situó en 2024 el puesto 31/38 en presión fiscal en países de la OCDE, de acuerdo con esta organización. Recordemos que ese fue el último año completo de la Administración Biden en Washington.

-Sanitarias: Si bien Trump eliminó el Obamacare, en el país norteamericano jamás hubo un sistema de salud pública, universal y de calidad.

Política exterior

Según Juventud Comunista de los Pueblos de España, el número de intervenciones, bombardeos o sabotajes de EE.UU. en diferentes territorios hasta 2016 fue de cincuenta y ocho. Esta organización señala también diez más, entre el primer mandato de Trump (2017-21), el encabezado por Biden (2021-25) más la segunda etapa del neoyorquino (2025-) al frente de la Casa Blanca.

Si bien es cierto que Groenlandia, Canadá, Cuba, Palestina, Colombia o Irán son nombres que impresionan por la gran cantidad en un espacio corto de tiempo y porque algunos de estos territorios son otanistas, el imperialismo estadounidense es muy anterior a Trump.

Comportamiento electoral

Si el empresario neoyorquino está al frente de la primera potencia mundial es porque su población así lo ha querido. Si bien es cierto que la estadounidense es una pseudodemocracia plutocrática (muy influenciada en la práctica por poderosas corporaciones privadas y con un sistema electoral hipermayoritario), las excusas no valen para los antitrumpistas: en 2024 la ultraderecha obtuvo el 50,71% de los sufragios: 49,8%, el paleoconservador Trump; 0,49%, el populista de derechas Kennedy; y 0,42%, el libertario Oliver.

Además, la derecha neoliberal demócrata (de apariencia “progresista”) obtuvo un 48,32% de los sufragios.

La izquierda estadounidense, representada por la ecosocialista Jill Stein, solamente obtuvo el 0,56% de los sufragios en 2024.

En otras palabras: aunque hubiese una circunscripción única, proporcional, con listas abiertas, sin influencia de los lobbies y con democratización mediática… Trump posiblemente hubiese ganado y gobernado, también.

Cultura política

El estadounidense promedio apoya a Trump -y a los mandatarios anteriores: todos, derechistas- porque su valor principal es un individualismo combinado con nacionalismo imperialista y desarraigo histórico-social.

Todo ese cóctel psicosocial se expresa en:

 -Ultracapitalismo: despido semilibre, “sueño americano” o el afán materialista.

-Enorme competitividad. Por ejemplo, los conceptos de “ganador” y “perdedor” precisamente lo popularizaron las series y películas estadounidenses.

-Menor sentido del perdón y de la compasión social, por influencia del protestantismo anglosajón y, en menor medida, del judaísmo, los cuales son moralmente más “estrictos”, en términos teóricos, que el catolicismo o que el protestantismo germánico y nórdico.

-Escasa empatía ante las intervenciones exteriores de Estados Unidos en el mundo.

-Al ser un país con historia reciente y enorme movilidad demográfica, el sentimiento comunitarista (interno y, sobre todo, externo) es muy precario.

Estos cinco exponentes político-culturales tienen un nexo común en muchos ciudadanos estadounidenses: el deseo de crecer sin importar las fallas internas y externas de las acciones desarrollistas.

En conclusión, Trump es un enorme peligro para su país y para la humanidad. Asuntos como la política migratoria, arancelaria, el deterioro de las relaciones con sus “aliados” occidentales, la ausencia de respeto a su Estado de derecho interno o el gran número de amenazas imperialistas al mismo tiempo son obra suya. Todos estos elementos suponen, efectivamente, una diferencia notoria respecto a los anteriores presidentes norteamericanos.

No obstante, los problemas estructurales -internos y hacia el exterior- que Estados Unidos tiene no han sido una creación trumpista, sino que han sido moldeados por las diferentes administraciones a lo largo de los casi doscientos cincuenta años de historia de este país.

Si hay una verdad políticamente incorrecta que los mandatarios internacionales probablemente nunca reconocerán en público es que las políticas nocivas de Estados Unidos -hacia sí mismo y hacia parte del mundo- tienen una causa principal: los valores egoístas, la competitividad tóxica y la escasa empatía de buena parte de su población, la cual ha elegido siempre a este tipo de régimen político y de gobernantes o se ha abstenido de participar. Solo hay que mirar al norte o al noreste de Estados Unidos (Canadá y los países nórdicos) para darnos cuenta de cómo los valores sociales son un factor significativo de desarrollo humano interno y de respeto del derecho internacional. @mundiario

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