El petróleo sube, pero no tanto: los mercados aún dudan ante la escalada en Oriente Próximo
Los mercados energéticos llevan años preparándose para un escenario que hasta ahora parecía improbable: un conflicto abierto en el Golfo que afecte directamente a las infraestructuras petroleras y gasistas de la región. Esa hipótesis, que los analistas situaban entre los riesgos más graves para la economía global, se ha acercado mucho a la realidad en los últimos días. Sin embargo, la reacción de los precios del petróleo sugiere que los inversores todavía confían en que la escalada tenga límites.
La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán ha desencadenado una rápida intensificación del conflicto. En apenas unos días se pasó de operaciones selectivas a ataques de gran intensidad y amplio alcance geográfico. La respuesta iraní no se hizo esperar: misiles y drones se dirigieron contra infraestructuras militares, pero también contra puertos, aeropuertos y activos energéticos de varios países del Golfo.
Esa decisión marca una ruptura con los precedentes recientes. En anteriores episodios de tensión en Oriente Próximo, las partes implicadas habían evitado en gran medida atacar instalaciones petroleras o gasistas para contener la escalada. Esta vez, en cambio, varios de esos objetivos han sido alcanzados.
La reacción del Brent ha sido notable, pero inferior a la que suelen provocar crisis energéticas de gran escala. Mientras las infraestructuras sigan operativas y el estrecho de Ormuz no se cierre, el mercado apostará por una crisis limitada
Las instalaciones energéticas de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait u Omán han sufrido ataques de distinta intensidad. En Arabia Saudí, la refinería de Ras Tanura —una de las mayores del país— detuvo temporalmente su actividad, aunque los daños fueron limitados y la terminal exportadora continúa operativa. En Dubái, el puerto de Jebel Ali también suspendió operaciones durante los primeros días del conflicto antes de reanudar la actividad.
Los drones iraníes alcanzaron además depósitos de almacenamiento en la terminal de Fuyaira, uno de los principales centros mundiales de abastecimiento de combustible para buques. Otras instalaciones, como las refinerías de Mina Al Ahmadi en Kuwait o Duqm en Omán, también han sido objetivo de ataques, aunque continúan funcionando. En Irak, algunos campos petroleros del Kurdistán han cerrado por precaución ante la intensificación de los bombardeos con drones.
El episodio más inquietante para los mercados energéticos se produjo cuando un ataque con drones alcanzó la planta de Ras Laffan, en Qatar, el mayor complejo de exportación de gas natural licuado del mundo. Aunque los daños parecen limitados y el cierre se adoptó por precaución, la sola posibilidad de que el principal nodo global de GNL quede fuera de servicio bastó para sacudir los mercados del gas.
A esa incertidumbre se suma la amenaza iraní de bloquear el estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo que se comercia en el mundo. Teherán ha advertido que podría atacar a los buques en tránsito, y varios petroleros ya han sufrido incidentes. El tráfico marítimo se ha reducido y algunas aseguradoras han suspendido las coberturas de guerra en la zona.
Irán carece de capacidad para cerrar el estrecho de forma prolongada, según EE UU
Washington sostiene que Irán carece de capacidad para cerrar el estrecho de forma prolongada y ha anunciado medidas para garantizar la navegación, incluida la escolta naval a petroleros y garantías públicas frente al riesgo político. Aun así, la tensión ha bastado para alterar los flujos energéticos y aumentar la incertidumbre.
En ese contexto, la reacción de los precios ha sido significativa, pero no desmesurada. El barril de Brent pasó de unos 72 dólares antes del inicio de los ataques a algo más de 82 dólares pocos días después. Es una subida relevante, pero inferior a la que muchos analistas anticipaban para un escenario de escalada regional. Algunas estimaciones apuntaban a incrementos inmediatos de hasta 15 dólares por barril o incluso más.
La comparación con crisis anteriores es reveladora. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, el Brent superó los 130 dólares. Hoy, pese a que varias infraestructuras energéticas han sido atacadas y el estrecho de Ormuz está bajo amenaza, el mercado sigue lejos de ese nivel de alarma.
Peor comportamiento del gas natural
El gas natural ha reaccionado con mayor intensidad. El índice TTF europeo llegó a subir cerca de un 30% tras las noticias sobre Ras Laffan. No obstante, incluso ese repunte queda muy por debajo de los picos registrados durante la crisis energética europea de 2022, cuando los precios superaron los 300 euros por megavatio hora.
La explicación es sencilla: por ahora, el sistema energético global sigue funcionando. Las infraestructuras dañadas continúan operativas en su mayoría, muchos cierres han sido preventivos y el transporte marítimo —aunque reducido— no se ha interrumpido por completo. Mientras esas condiciones se mantengan, los mercados seguirán apostando por un conflicto contenido.
El verdadero riesgo reside en el siguiente escalón de la escalada. Si los ataques se extienden a campos petroleros, terminales de exportación o grandes plantas de procesamiento, el impacto sobre la oferta global sería inmediato y mucho más difícil de revertir. La recuperación de esas instalaciones podría tardar meses. @mundiario
Una guerra regional abierta ampliaría el alcance y la duración de la crisis
Si algo pesa es la posibilidad de que los países del Golfo respondan directamente contra las infraestructuras energéticas iraníes. Hasta ahora han tratado de mantenerse al margen del conflicto, pero los ataques recibidos aumentan la presión para una represalia. Una guerra regional abierta ampliaría el alcance y la duración de la crisis, alertan los analistas Félix Arteaga y Gonzalo Escribano, del instituto Elcano.
Por el momento, los mercados parecen confiar en que ese punto aún no se ha alcanzado. Los precios reflejan inquietud, pero no pánico. Es una señal de que los inversores consideran posible una desescalada o, al menos, una guerra limitada.
La cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse ese equilibrio. En una región donde se concentra buena parte del suministro energético mundial, basta un error de cálculo para transformar una crisis grave en una conmoción económica global. Y si eso ocurre, el petróleo probablemente reaccionará con la rapidez que hasta ahora ha evitado. @mundiario