Plato del día

Un país que acepta la mentira como animal de compañía

Sin la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, la democracia es un juguete roto; la ansiada libertad por la que esperamos durante mas de cuatro décadas de dictadura, una ilusión placebo; las ideologías, meros disfraces en un carnaval.
Mentiras. / RR SS.
Mentiras. / RR SS.

Contemplas España, 27 de agosto de 2025, y ni siquiera te queda el consuelo de que nuestra voz pueda clamar en el desierto entre dos signos de interrogación: ¿qué hemos hecho nosotros, las españolas y españoles, para merecernos esto? Porque lo hemos hecho, coño, o lo hemos permitido hacer (que viene siendo lo mismo) y, por caminos distintos y distantes: ideológicos, territoriales, lingüísticos, forales, de género, arribistas, comisionistas, de venganzas, de añoranzas y todo tipo de síntomas colectivos patológicos, estamos haciendo un pan como unas hostias; un país democrático sin democracia; una cama redonda, ya sabes, de lo que debería ser una mesa de Consejo de Ministros y Ministras; una réplica del zoco de Estambul en pleno salón de plenos (¡que paradoja, oye!) en el que nuestros representantes compran, venden, incluso regatean con ocurrencias, acuerdos, proyectos de ley que en tantas ocasiones perjudican seriamente la salud económica, social, doméstica, ética o simplemente estética de tantos representados. Lo siento por Mahatma Gandhi, que dejó este perro mundo convencido de que mas vale ser vencido diciendo la verdad que triunfar por una mentira. O muchas, claro.

Yo, porque no soy Juan Antonio Bayona, oye, sino estaría ya escribiendo el guión de Lo imposible 2, sin necesidad de trasladar al equipo de rodaje al lejano sudeste asiático. Si los cruces de halagos entre Moncloa y Génova, entre los dos polos opuestos de extremismo de izquierdas y de derechas, entre la España centrípeta y la España centrífuga, no están conduciendo a este país a un tsunami sociológico de consecuencias incalculables, remito al personal al reciente pasado del siglos XX, en el que todavía nos debería parecer imposible haber llegado hasta aquí con una transición, unos pactos de La Moncloa, una Constitución, civilizadas alternancias entre progresistas y conservadores, despliegues autonómicos con feedback, tras haberse derramado tanta sangre, tanto sudor y tantas lágrimas.

Lo imposible, en la actualidad, parece poder salir bien parados de este divorcio plurinacional político, ideológico, ejecutivo, legislativo, judicial, mediático, territorial, generacional, digital, científico, medioambiental, sexual, en el que, prácticamente no nos une en casi nada y, cada día que pasa, con prisa y sin pausa nos va separando de casi todo. Lo imposible es poder soñar con un final en modo Juan Antonio Bayona, insisto, sobre una historia real con desenlace feliz, y no la posibilidad de salir de esta pesadilla made in Spain, miradla, en la que las aguas turbias de la Danas, los incontrolables incendios forestales, el ruido de los mercados parlamentarios, las conspiraciones políticas, las maniobras orquestales en la oscuridad mediática, el sí de los niños y la niñas a las redes sociales, lo arrasan todo: vidas físicas, modos de vida humana, derechos fundamentales civiles, derechos a jóvenes con techo, derechos a poder coincidir o discrepar, en todo momento, con la verdad, toda la verdad y nada mas que la verdad.

Solo un inflexible estatuto consensuado de la verdad, caiga lo que caiga y caiga quién caiga, puede evitar que la democracia siga en la UCI ¡Sin la verdad, ¡maldita sea!, háganselo ustedes mirar si se sienten demócratas y libres. @mundiario

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