El optimismo empresarial ante Venezuela: oportunidades económicas y silencios políticos

Las declaraciones del banquero Juan Carlos Escotet reflejan el renovado interés inversor en el país, pero también los límites de una lectura exclusivamente económica del proceso venezolano.
El CEO de Abanca, Francisco Botas; el presidente, Juan Carlos Escotet, y el director general financiero, Alberto de Francisco, durante la presentación de sus resultados. / Mundiario
El CEO de Abanca, Francisco Botas; el presidente, Juan Carlos Escotet, y el director general financiero, Alberto de Francisco, durante la presentación de sus resultados. / Mundiario

Las palabras importan, y más cuando proceden de figuras con una doble condición económica y simbólica. Las declaraciones de Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca y fundador de Banesco, sobre la evolución económica de Venezuela han vuelto a situar en primer plano un debate incómodo: hasta qué punto es posible hablar de oportunidades económicas al margen del contexto político.

Durante la presentación de los resultados anuales de Abanca correspondientes a 2025, Escotet afirmó que en Venezuela “hay una mejora económica” y “nuevas oportunidades”, subrayando el aumento del apetito de inversión extranjera y el renovado interés de empresas locales por aprovechar el nuevo escenario. Lo hizo, además, con un tono inequívocamente optimista, al calificar estas oportunidades como “una alegría para el país”.

El diagnóstico no es irrelevante. Tras años de colapso económico, hiperinflación, sanciones internacionales y fuga masiva de capital humano, cualquier indicio de recuperación despierta atención, dentro y fuera del país. La entrada de capital extranjero, aunque aún limitada y selectiva, y la reactivación de ciertos sectores empresariales sugieren que Venezuela ha dejado atrás el peor momento de su crisis económica. En ese sentido, las palabras de Escotet conectan con una percepción creciente entre algunos actores económicos internacionales: el país vuelve a ser, al menos parcialmente, atractivio.

La inversión extranjera regresa a Venezuela en un contexto todavía incierto. Separar economía y política resulta cada vez más difícil en el caso venezolano

Sin embargo, el propio banquero se cuidó de marcar una línea roja clara. “Nunca” opina sobre política, insistió ante las preguntas de los periodistas. Su análisis, recalcó, se limita al plano económico. Esa separación, comprensible desde la lógica empresarial, es también la fuente principal de la controversia. Porque en Venezuela economía y política no han sido, ni son hoy, compartimentos estancos.

El contexto al que aludían las preguntas no era menor. La etapa de transición abierta tras la captura de Nicolás Maduro por parte del Gobierno de Estados Unidos ha reconfigurado expectativas, riesgos y oportunidades. Que Escotet evite valoraciones políticas no elimina el hecho de que las “nuevas oportunidades” económicas estén directamente ligadas a un cambio de escenario institucional, interno y externo, todavía frágil y lleno de incógnitas.

Una ventana de oportunidad

Desde una perspectiva empresarial, la prudencia de Escotet es coherente. Como presidente de Abanca y figura clave en las relaciones financieras entre España y Venezuela, cualquier posicionamiento político explícito podría resultar contraproducente. Al mismo tiempo, su experiencia le otorga una visión privilegiada sobre los flujos de capital y el ánimo inversor, elementos que suelen anticipar tendencias económicas antes de que estas se reflejen en los indicadores macro.

¿Puede hablarse de recuperación sostenible sin abordar el marco institucional, jurídico y social que la sustenta? Las declaraciones de Escotet no responden a esta pregunta, ni pretenden hacerlo. Su valor reside más bien en lo que revelan indirectamente: que una parte del capital internacional y del empresariado venezolano percibe una ventana de oportunidad allí donde durante años solo hubo riesgo. Que esa ventana se convierta en una puerta abierta al desarrollo o vuelva a cerrarse dependerá de factores que van mucho más allá de la economía.

En Venezuela, como tantas veces en su historia reciente, el optimismo empresarial convive con una realidad política compleja. Ignorar esa tensión puede ser comprensible desde la lógica del mercado; resolverla, en cambio, es una tarea que sigue pendiente para el país. @mundiario

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