Nueva York, la inspiración de la UE que debe despertar ante el aislacionismo de Trump

Desde sus orígenes, Nueva York creció de la mano de europeos que cruzaron el Atlántico buscando un futuro. Italianos, irlandeses, gallegos, polacos, alemanes, franceses… todos dejaron su huella en las calles y posteriormente en el asfalto neoyorquino.
Vistas de Nueva York. / Leonhard Niederwimmer en Pixabay
Vistas de Nueva York. / Leonhard Niederwimmer en Pixabay

Nueva York no es una ciudad cualquiera. Es un símbolo. Es historia, diversidad y diálogo. Y, sobre todo, es un ensayo –quizá el más exitoso– de lo que después quiso ser la Unión Europea: un espacio construido desde las aportaciones de cientos de comunidades diferentes, con raíces diversas y culturas entrelazadas, creando algo nuevo sin renunciar al alma de cada uno, un verdadero valor diferencial, que atrae a todo el mundo.

Desde sus orígenes, Nueva York creció de la mano de europeos que cruzaron el Atlántico buscando un futuro. Italianos, irlandeses, gallegos, polacos, alemanes, franceses… todos dejaron su huella en las calles y posteriormente en el asfalto neoyorquino. Desde las tabernas irlandesas del Bronx hasta los gallegos que levantaron restaurantes, tiendas y asociaciones culturales, pasando por los italianos que hicieron de la gastronomía un emblema de la ciudad. Nueva York es una suerte de Europa trasplantada, reinventada, transformada con su propia identidad.

Por eso, resulta tan incoherente y doloroso que sea precisamente un neoyorquino –Donald Trump– quien encarne el discurso más peligroso para esa herencia: el aislacionismo y el desprecio a la cooperación con Europa. Un ataque directo a la historia misma de su ciudad y a su identidad.

Como demócrata europeo, desde Galicia, desde esa Europa periférica que también construyó Nueva York, quiero alzar la voz y lanzar una interpelación directa a la sociedad neoyorquina: ustedes son el puente natural entre Europa y Estados Unidos. Son la memoria viva de lo que conseguimos juntos. No pueden permitir que Trump destruya ese legado desde dentro.

Historia, identidad y responsabilidad

Si hay una ciudad que debe liderar la contestación al aislamiento es Nueva York. Por historia, por identidad y por responsabilidad. Y esa llamada no es solo para los ciudadanos de origen europeo, es también para toda la comunidad latina, que sabe bien lo que significa luchar por un lugar en una sociedad abierta y plural.

Nueva York nunca ha sido una ciudad de muros ni de fronteras cerradas. Es la ciudad de la Estatua de la Libertad, la ciudad donde los barcos llegaban cargados de sueños europeos. Es la ciudad de Ellis Island, el primer puerto de entrada para millones de ciudadanos que construyeron no solo un pedazo de América, sino un pedazo de Europa al otro lado del océano.

En un momento donde la Administración Trump ha decidido atacar los valores europeos –la cooperación, la apertura, el multilateralismo–, ciudades como Nueva York, Chicago, San Francisco, Boston o Nueva Orleans, todas ellas con una impronta cultural europea fortísima, deben ser faros de resistencia de crítica social. Deben recordar a Estados Unidos que su grandeza no viene del aislamiento, sino de la mezcla, de la apertura, de su capacidad de ser muchas cosas al mismo tiempo y de la multilateralidad de sus relaciones.

Desde Galicia, desde el Partido Demócrata Europeo, desde ese rincón atlántico que también ayudó a levantar Nueva York, invito a la ciudadanía neoyorquina a mirarse al espejo y reconocer lo que son: una ciudad con un pedazo de Europa en su ADN, un laboratorio de mestizaje y creatividad que encarna lo mejor de la historia compartida entre nuestros dos continentes. Un ensayo para enterrar rencillas europeas y construir la UE con los mismos valores que NY.

Hoy, defender Europa es también defender Nueva York. Y defender Nueva York es plantar cara al aislacionismo de Trump. @mundiario

Comentarios