Más cooperación entre la UE y América Latina frente al matonismo de Putin y Trump

Hoy somos más de 600 millones de hispanohablantes, el 7,5 % de la población mundial, y el español es la segunda lengua materna del mundo tras el chino mandarín.
América Latina.
Europa, en verde, mira a América Latina.

Latinoamericanos y europeos tenemos que navegar juntos en la misma dirección. La nueva situación mundial, sobre todo ante la deriva autoritaria del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de la mano del tirano ruso, Vladimir Putin, nos impele a fijar un rumbo común para sacar partido a nuestra relación privilegiada, que podría ser mucho mejor, desde luego, pero, en cualquier caso, nos obliga a obtener ventaja de todo lo que hemos hecho hasta ahora. Nos quedan muchas “singladuras pendientes” entre América Latina y la Unión Europea.

Estas palabras titulan la obra que hemos escrito treinta y cuatro autores de las dos orillas del Atlántico para ser presentada en la Feria Internacional del Libro, FIL, de la ciudad mexicana de Guadalajara, el mayor escaparate de publicaciones hispanas del mundo, celebrado entre el 30 de noviembre y el 8 de diciembre de 2024.

El año pasado, en Madrid, la Editorial Catarata imprimió Las singladuras pendientes entre América Latina y Europa. Horizonte 2030, por iniciativa del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, que preside el catedrático Francisco Aldecoa Luzárraga, y la contribución de la Fundación Carolina, la UE y el Ministerio español de Asuntos Exteriores.

Esta semana, el volumen de 351 paginas se ha presentado en Madrid en la Universidad Nebrija; tal vez, el mejor sitio para celebrar que la primera gramática castellana, redactada por el filólogo Antonio de Nebrija en el siglo XV, ha dado frutos extraordinarios. Casualidad o no - como la elección del lugar para la presentación del libro- el trabajo de Nebrija fue publicado el 18 de agosto de 1492, dos meses antes del Descubrimiento de América o del Encuentro entre dos Mundos. Hoy somos más de 600 millones de hispanohablantes, el 7,5 % de la población mundial, y el español es la segunda lengua materna del mundo tras el chino mandarín.

Junto al portugués, francés, alemán, inglés o italiano, otros idiomas de estas dos áreas del mundo formada por casi ochenta Estados, si contamos también la comunidad política europea - países que cooperan estrechamente con la UE-, tenemos un gran activo que sumar a los valores e intereses compartidos, como la democracia, los derechas humanos, el memorandum contra la pena de muerte, la participación en la Corte Penal Internacional, que significa el triunfo de la justicia frente a la guerra; la protección del medio ambiente y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, según leemos en la contraportada del libro.

Coordinados por los profesores españoles Francisco Aldecoa y José Ángel Sotillo, como editores, los casi cuarenta expertos -al cincuenta por ciento hombres y mujeres del Viejo y del Nuevo Continente- hemos coincidido en la necesidad de reforzar las alianzas birregionales, especialmente desde 1999, cuando se estableció en Río de Janeiro, la Asociación Estratégica entre Europa y América Latina.

La próxima cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, se celebrará en Colombia el próximo mes de noviembre. Hasta entonces, los integrantes de esta inmensa región quieren dejar claro que no creen en “las esferas de influencias”, como manifestó la alta representante de la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, el pasado 17 de febrero en Bruselas, en el seminario organizado por la Fundación Euroamérica y la Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana.

La bochornosa entente entre Putin y Trump repartiéndose el mundo bajo la aparente búsqueda de la paz en Ucrania, despreciando la soberanía del país invadido por Rusia e ignorando el indispensable papel de Europa y la OTAN en la solución de conflictos, mediante la negociación y el respeto del Derecho Internacional, tiene que despertar al Viejo Continente y al Hemisferio Sur americano.

Retos y deberes

Pero si las dos regiones quieren actuar como un actor global en el nuevo escenario geopolítico, en el que emerge China como prima hermana de los matones, aunque revestida de exclusivos intereses económicos, también tenemos que hacer nuestros deberes:

La Europa democrática debe conseguir su autonomía estratégica en materia de defensa, energía, capacidad industrial y digital. Menos regulación y más innovación. Se acabó confiar en el paraguas protector estadounidense que ha proporcionado los llamados dividendos de la paz, destinados a desarrollar el extraordinario Estado del bienestar que, lamentablemente, empieza a dar muestras de fatiga. La UE tiene culminar su verdadero mercado interior para recuperar competitividad a nivel global y construir, además, una auténtica unión bancaria que evite la fuga de los ahorros a la zona dólar; objetivos que ya empezaron a diseñarse en el primer mandato de Trump y ahora son más acuciantes.

Los problemas estructurales y políticos del área latinoamericana son evidentes. Aunque en este siglo ha crecido la clase media y se ha reducido la pobreza del 45 al 30% de la población, persiste la gran brecha social, en parte debida a la escasa presión fiscal; solo un promedio del 22% del PIB que dificulta que las políticas de justicia distributiva lleguen a los más desfavorecidos. La media en los países de la OCDE es del 34%.

“La inseguridad jurídica para los inversores, la violencia incontrolada, la inestabilidad provocada por el auge del narcotráfico y las derivas autoritarias de algunos países, como Venezuela y Nicaragua, tampoco ayudan”, escribo en el citado libro, sin olvidar la dictadura cubana y la escasa integración regional de la zona.

“En tiempos de incertidumbre, la estabilidad basada en la confianza atrae la inversión social, fomenta las oportunidades y permite que las sociedades prosperen. Esta es nuestra propuesta, porque esto es lo que somos en la Unión Europea”, añadió la ex primera ministra de Estonia, la señora Kallas, en el citado foro euroamericano, defendiendo “asociaciones a largo plazo con socios fiables”.

Pero hay que darse prisa. La inmensa mayoría de latinoamericanos y caribeños se siente alejada de las instituciones. En esta orilla, lamentablemente crece asimismo la sensación de lejanía respecto a la política, caldo de cultivo propicio para el auge del populismo. En definitiva: La confianza de la ciudadanía en sus dirigentes hay que conseguirla o recuperarla en los dos continentes. @mundiario

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