La vaca de Milka

Se celebra en Ginebra unas negociaciones mitológicas y secretas con un mediador secreto la repartición de España como si trataran la firma de un armisticio imaginario.
Carles Puigdemont. / RR SS.
Carles Puigdemont. / RR SS.

Qué bonito país se nos está quedando. La mitología en el relato. Aquí un toro en las carreteras ha sido proscrito como icono nacional del conjunto de una parte del territorio. Se pueden imaginar dónde.

Podemos ver opis con el emblema de los Nitratos de Chile, la vaca que ríe o hasta banderas con la esfinge de Lenin colgadas de algunos ayuntamientos. Lo que nunca verán es al toro de Osborne porque huele a España surcando los paisajes de Cataluña.

Estos días nos recorre un sentimiento cruzado cuando un país como Suiza es el escenario de las negociaciones sobre el futuro de España. Unos indepes insaciables representados simbólicamente por un asno catalán y unos desleales que dicen negociar por el bien del país en nombre del toro osbórnico, acuden a Ginebra para tratar con la vaca de Milka lo que ya sabemos: el referéndum y la hacienda catalana de la mano de un mediador internacional de rostro desconocido.

Lo que pocos cuentan es estar pactando el levantamiento de un nuevo muro en Europa que dividirá a los españoles de los catalanes indepes, como en la guerra fría. Podrían haber escogido Yalta o Corea del Norte para escenificar aún más el oscurantismo, pero han optado por los Alpes donde pace  la vaca de Milka, afilan la navaja multiuso, curan los agujeros de Gruyère y blindan el secreto bancario.

¿Será que de paso piensan las partes abrir una cuenta corriente en el país helvético y pagar al mediador en negro? Puigdemont, al que le cantan los niños alemanes, no lo necesita porque ya cobra en B desde su refugio de la justicia española en Waterloo.

Y si hay que presentar declaración de la renta a la hacienda española ya lo hace su esposa por  un programa de TV en inglés en Barcelona que paga la Diputación socialista a razón de unos 300.000 euros al año desde hace por lo menos un lustro y no medio siglo. Eso supongo que lo habrá entendido el recién estrenado ministro de Cultura empeñado en trocear el Museo del Prado. 

Lo curioso es que ese programa televisivo apenas tiene audiencia, como tampoco tenía tráfico los 53 millones de euros pagados por los contribuyentes para rescatar la aerolínea venezolana Plus Ultra, compuesta por un par de aeronaves y del que tampoco se nos ha dado explicaciones. Y eso que dicen ser  la transparencia personificada. La opacidad de la dictadura de Pionyang al lado es un chiste.

EN EL FONDO SE NEGOCIA UN NUEVO MURO EN EUROPA

Que no se diga. Que los españoles estamos pagando el independentismo y su Conducator vive mejor que la cabra de la legión mientras le hemos  resucitado de las tinieblas para chantajear con todo el abecedario al gobierno y a España, esa tierra por cierto cada vez menos firme. Hasta eso falsifica el ilustre tras encargar la obra a un negro. 

Tan demócratas que presumen ser los negociadores, ¿aceptarían por la misma regla de tres que Tarragona, el Valle de Arán o/y el barrio de Pedralbes en Barcelona se separasen de Cataluña hartos del separatismo tramposo? ¿No tendrían el mismo derecho a la presunta autodeterminación? 

A esa cuestión no responderán como tampoco a otras. Para colmar el hambre del trueque soberano, a parte de los manjares alpinos, siempre habrá una onza del chocolate con la vaca morada. Que se lo merecen. Que los negociadores y el “acompañante” que oculta el PSOE/Gobierno se han hartado del pan tumaca y de beber del porrón de reminiscencias fálicas como mucha de la simbología catalana en monumentos y decorados públicos. De ahí una explicación posible del odio al toro de lidia y el invento del burro catalán, como símbolo más que alegórico del independentismo.

Pero el surrealismo daliniano se ha apoderado de la clase gobernante. Tanto en el Palau de la Generalitat, en Waterloo como en La Moncloa. Porque la prioridad era evitar que gobierne la derecha mansa que ensalza la cabra de la legión o la mirada desafiante del astado de Osborne. 

Que la derecha vasco-catalana está para levantar mampuestos y trocear la tableta de España, ahora que se lo permitimos, mientras le pagamos la tintorería y  las dietas al mediador de rostro tapado y la asesora de belleza itinerante al presidente en sus desplazamientos. 

Porque llegará pronto el día que se vean en persona, se miren a los ojos y nuestro rejoneador maestre tendrá que estar impecable mientras coloca ante las cámaras la primera piedra de mampostería de separación a lo largo de la frontera catalana. Como decía estos días Enrique Barón, ex presidente del Parlamento europeo y ministro con Felipe González: “En un país de toreros destaca el arrojo de Sánchez”.

El espíritu de Yalta pretendía acabar con los muros en Europa y devolver la paz a las partes enfrentadas. El de la vaca de Milka levantar justo otro pero para no parar la Tramontana precisamente  sino para definir las zonas de ocupación, mientras se esconde la intifada antiespañola más egregia.

Si quienes hayan pensado que el toro de Osborne acudía a la cita de Suiza para empotrar a  la vaca de Milka o empitonar al asno rebuznón, lo tienen claro. El semental de lidia no sabe con quién está tratando. Montar, lo que se dice montar, tal vez la nata fresca de leche alpina para acompañar el postre con pralines durante la firma de la repartición de España. 

Tengo la  impresión que tras la conferencia yaltiana en Suiza volveremos con los deberes hechos desde el inicio. Pero había que justificar la liturgia y la teatralidad mientras el toro de Osborne capea sin éxito la amnistía segura, las víctimas en Ucrania por el invasor ruso no cesan como tampoco en Oriente Medio.

No me digan que España precisa un mediador internacional para una cuestión doméstica y las guerras que de verdad importan -aunque sean “anécdotas” para el aspirante a plenipotenciario- no justifiquen pedir cita a la vaca de Milka que nunca ríe. 

Lo que es seguro es que el vacuno bravo retornará castrado de las mantosas praderas a los pies de la cumbre de Jungfrau y coceado por el équido de rebuznos graves. Solo falta que Heidi nos sorprenda saliendo  a escena con otro bucólico cuento y legitime otra causa ilegítima. @ignacioSLeon @mundiario
 

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