Israel desafió a EE UU con una ofensiva militar sin precedentes en el Oriente Próximo
El pasado 26 de septiembre, mientras el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, insistía en Beirut en la vigencia de una propuesta francoestadounidense para un alto el fuego de 21 días entre Israel y Hezbolá, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU, se desmarcaba abiertamente de este plan. Desde la tribuna en Nueva York, se arremetió contra la ONU y el Tribunal Penal Internacional, que solicitó una orden de detención en su contra por crímenes de guerra. Al día siguiente, un ataque aéreo israelí en Beirut acababa con la vida de Hasan Nasralá, líder de Hezbolá, y días más tarde comenzaba la invasión terrestre en el Líbano.
A pesar de las advertencias de la administración de Joe Biden, que ha intentado mediar en el conflicto para evitar una mayor escalada, Israel ha seguido adelante con su ofensiva. Netanyahu no oculta su intención de reconfigurar el panorama geopolítico de Oriente Próximo. Este objetivo pasa por eliminar a las facciones armadas de Hamás y Hezbolá, así como reducir la influencia de Irán, que lanzó 180 misiles contra Israel el pasado martes. El presidente Biden, que en público ha reafirmado su apoyo a Israel, admitió recientemente que Estados Unidos solo puede hacer "recomendaciones" a su aliado en este conflicto.
Una estrategia de confrontación abierta
La ofensiva israelí, que comenzó hace un año tras el ataque de Hamás el 7 de octubre, se ha intensificado en las últimas semanas. A día de hoy, el número de muertos en Gaza supera los 41.000, una cifra que incluye una gran cantidad de civiles, entre ellos mujeres, ancianos y niños. Esta brutal respuesta ha desvirtuado la percepción internacional de Israel, que ha pasado de ser vista como una víctima a ser señalada como un agresor en la región. Según Steven Cook, del Consejo de Relaciones Exteriores, Netanyahu busca no solo eliminar las amenazas inmediatas, sino también cambiar las reglas del juego y evitar cualquier futuro en el que Israel deba convivir bajo la amenaza constante de estos grupos.
El embajador israelí en Estados Unidos, Mike Herzog, ha descrito esta campaña como un intento de crear "un nuevo diseño" en el Oriente Próximo. La visión israelí se centra en una paz impuesta por la fuerza, sin Hamás ni Hezbolá, y con una solución que ignora los derechos de los palestinos. Sin embargo, esta estrategia parece condenada a generar aún más inestabilidad, perpetuando el odio y el sufrimiento, especialmente tras la devastación de Gaza y las crecientes tensiones en el Líbano.
Reacciones internacionales y la sombra de una guerra mayor
La respuesta internacional ha sido variada, pero la creciente violencia israelí ha complicado las relaciones con sus aliados árabes, incluida Arabia Saudí, que había dado pasos para normalizar sus relaciones con Israel antes del inicio de la guerra. Sin embargo, las atrocidades cometidas por el ejército israelí han obligado a Riad a retroceder en sus intentos de reconciliación, conscientes de que la causa palestina sigue siendo un tema sensible para sus ciudadanos y el resto del mundo árabe.
El creciente aislamiento de Israel en la esfera diplomática también ha quedado patente esta semana, cuando Netanyahu declaró persona non grata al secretario general de la ONU, António Guterres, acusándole de no condenar con suficiente firmeza los recientes ataques iraníes. Esta reacción subraya la postura desafiante de Israel, que, como apuntan muchos analistas, parece embarcarse en una "huida hacia adelante" de consecuencias imprevisibles.
La retórica beligerante ha sido acompañada por un aumento de las tensiones militares, con Israel abriendo nuevos frentes no solo en Gaza, sino también en Líbano e Irán.
La búsqueda de una paz imposible
La idea de un "nuevo Oriente Próximo" bajo los términos de Israel se presenta como una quimera. A pesar del apoyo militar y diplomático de EE UU, la falta de una solución justa para los palestinos y el creciente número de víctimas civiles minan cualquier intento de estabilización. La destrucción de Hezbolá reforzará a los sectores más radicales en Irán, que podrían optar por acelerar su programa nuclear como única disuasión frente a Israel.
El proyecto de Netanyahu para reconfigurar Oriente Próximo, por tanto, no solo enfrenta una fuerte resistencia en la región, sino que también podría desencadenar un conflicto mayor con consecuencias globales. Con la sombra de posibles crímenes de guerra sobre su gobierno, Israel camina por una senda de creciente aislamiento, alimentando un ciclo de violencia sin fin y condenando a la región a una paz inalcanzable. @mundiario



