La imagen del tiempo
Tiene el tiempo su imagen: un reflejo perenne en el recuerdo, que se incorpora al hombre y lo supera… es la imagen del tiempo su perpetua armonía, aquella que —transformada en piedra o en color— nos deslumbra al cabo de los siglos. ¡Eterna creación, fugaz instante de inspiración suprema convertida en historia más allá de la muerte…!
Cuando la aurora despuntaba en los siglos ya iniciaron los hombres esta imagen del tiempo: ofrenda colosal y primitiva de ritos y conjuros, de magias y hecatombes dedicadas al misterioso ritmo de un mundo que nacía…
Los dioses —convertidos en reyes para ser dioses vivos— entregaron a la imagen del tiempo sobrehumana grandeza y bajo el esplendor de tumbas y de templos, de palacios y efigies, iba marcando el tiempo doloridos capítulos de esclavitud y guerra. Egipto es escenario de inmortales secretos que el tiempo ha conservado entre rocas y arena portentosamente.
En la edad mitológica que vistió a la razón de formas puras, adquiere el tiempo imagen de clásica belleza… y un sereno reflejo perdura entre los siglos mirando hacia el Olimpo en Grecia, modelo y guía que permanecerá siempre.
Alzase Roma poderosa, temible, altiva, conquistadora y dueña de lo que quiere, porque es la mayor conjunción de fuerza, técnica y dominio. Dominio militar y ciudadano, que se irá transmutando en tiranía y locura de hombres que se creyeron dioses, hasta encontrar ellos y muchos la muerte por sus desmanes.
Cayeron los imperios… en el mar de la sangre derramada para crear su poder infinito naufragaron los césares altivos… solo nos quedan ruinas de soberbia, imágenes augustas de un tiempo en el que había mucha grandeza humana, pero que pueblos bárbaros hicieron doblegar.
Como el rescoldo de un sagrado fuego resplandece Bizancio de mosaicos polícromos, de sacros monumentos, de abigarradas pompas cortesanas que el tiempo perpetúa en fastuosa imagen.
Desiertos y vergeles, riquezas y miserias, ponen ritmos de Arabia en múltiples países y surgen las imágenes de mezquitas austeras, de encantados palacios, de gráciles perfiles y abstractos ornamentos, bajo el brillo orgulloso de la Media Luna.
Ya es la edad del silencio, de la oración, del mundo consagrado a Cristo, Dios y Hombre. Sacramental imagen perfumada de incienso, esplendente del brillo de vitrales, del oro de retablos, de sublimes liturgias elevándose al cielo como un coro de arcángeles medievales.
Mientras renace Europa surcan los horizontes imágenes de mundos nacidos del océano… fe, dinero y belleza se amalgaman, uniéndose en esplendor grandioso que es poder absoluto, prosperidad burguesa y cristiana piedad transformándose en Arte, que el comercio sufraga o ampara la nobleza que se cree propietaria de derechos divinos.
Y al transcurrir el tiempo la luz de la razón ilumina la vida… fría imagen de un mundo que descubre la ciencia sin reparos.
Se agolpan los colores, se atropellan las formas, se desboca la vida en un tropel de inaudita vorágine… y el tiempo continúa desbordando de imágenes nuestra historia hasta siempre; eternamente nuevo, fin e inicio constante. @mundiario


