El hartazgo de la boda del siglo y el imaginario monárquico hasta en la sopa

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Foto conmemorativa de la boda real. /Casa Real.
Se nos somete a una dieta exagerada en papel couche y tertulias de expertos en frivolidades al servicio del “Imaginario monárquico”. Para convencernos de que la monarquía es algo excelso para que sea aceptado sin la menor reflexión crítica.
El hartazgo de la boda del siglo y el imaginario monárquico hasta en la sopa

Aprovechando el vigésimo aniversario de la boda de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, como un gran acontecimiento de la historia, se nos está sometiendo a una dieta exagerada sobre el asunto en las revistas de peluquería y las tertulias de expertos analistas en frivolidades que llenan sus espacios, entre comerciales, donde se ocupan del chismorreo al servicio del llamado “Imaginario monárquico”. Es decir, dibujar en la mente de los ciudadanos la convicción de que la monarquía es algo excelso, necesario y natural para que sea aceptado sin la menor reflexión, crítica. Hasta que aceptó que Rouco le proporcionara “el pan de los ángeles”, Letizia era agnóstica y republicana, aspecto en lo que coinciden sus antiguos profesores de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, y los de su etapa en TVE, con el curioso añadido de quien es ahora su marido lo motejaba de “el principito” cuando salía por televisión. La monarquía es una gran paradoja de sí misma. La ahora reina consorte, que merece el tratamiento, que ahora evitan, de “Su Majestad Católica”, habría incurrido en los efectos del Canon 1.398 del Código de Derecho Canónico, de ser cierto lo que publicó su desleal primo en un libro. No creo que ella crea en eso. Pero es una evidencia más de las ficciones que rodean a la monarquía.

Obviamente, la princesa de Asturias (que podría ser la primera reina de España desde Isabel II, que aportó a la actual estirpe reinante varios hijos de padre diferente, incluido el eslabón de la cadena creada por Enrique Puigmoltó, tatarabuelo del actual monarca por línea masculina) es, sin duda, una niña encantadora, inteligente y agradable. Genera aceptación y simpatía. Propiamente no está haciendo la carrera militar, como está tasada para los ciudadanos que quieren ser oficiales, sino una estancia pautada por las tres academias militares, que Franco diseñara para su abuelo. Pero como dice Guglielmo Ferrero en su clásico libro sobre “El Poder” resulta difícil entender que la jefatura del Estado en el siglo XXI se pueda heredar como una finca. Su madre no creía en la institución que encarna, como es bien sabido ¿De qué dote especial está ungida?

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Foto oficial de la dinastía presente./ Casa Real.

Apena pensar que la vida futura de esta chica esté ya escrita. Y alguno de sus párrafos le vienen impuestos, porque no sería compatible otra opción que pudiera tener una chica normal, de nuestro tiempo sobre su futuro. Por ejemplo: tendrá que tener un marido, casados por la Iglesia, que será elevado a la categoría de príncipe consorte, aunque ABC propone que también sea rey, y tendrá que, quisiera o no, que engendrar prole para seguir la dinastía. Si la jefatura del Estado fuera electiva, los ciudadanos escogeríamos a la persona que nos pareciera mejor. En su caso, la mujer que ocupara ese puesto podría ser madre soltera, elegir no tener hijos, o incluso tener pareja del mismo sexo, como es normal en la sociedad española de nuestro tiempo. Además, su mandato, estaría sujeto a plazo, y no interfería en su vida personal. Por eso, por mucho imaginario monárquico con que nos asolen, en España sigue pendiente el debate sobre la monarquía misma, desde que Suárez no quiso arriesgarse a convocar el referéndum previo a la Constitución, que (léase a Calvo Serer, consejero de don Juan) que hasta proponía el conde de Barcelona, con la esperanza de ganarlo para sí mismo, antes de que su hijo aceptara ser adoptado por Franco.

Una vida condicionada

Como la monarquía es católica, la hija mayor de Letizia Ortiz tiene que serlo. La vida de Leonor ya está condicionada al margen de su propia voluntad. ¿Y si no quisiera ser reina, y si su hermana, la segundona, si lo quisiera o estuviera más capacitada? El “Imaginario monárquico” consiste en una construcción intelectual para introducir en la mente de las gentes el concepto de que la monarquía es una institución natural, que por tanto debe ser aceptada como tal con “naturalidad”. Reyes y príncipes siempre han estado ahí, formando parte de nuestras vidas y, además, están imbuidos no ya del origen divino que los consagra, sino de todas las cualidades que consideramos excelentes: el Rey es sabio, prudente, valeroso. No en vano, los Bourbones se reclaman pertenecientes a la Estirpe de David. O sea, del mismísimo Dios.

Como dice el profesor Rodríguez García en su libro sobre la monarquía ¿Cómo es posible que la circulación del imaginario monárquico haya seducido hasta el adormecimiento racional a gentes sensatas a incluso a la multitud? En la medida en que los medios incluyan en sus agendas-setting (es decir aquello que nos debe interesar porque los medios nos lo dictan) a la monarquía como elemento esencial del futuro de la felicidad de los españoles. Algunos seguimos pensando que, por lo menos nos permitan opinar. De todos modos, rindámonos a la evidencia, la clase política en su conjunto es el factor decisivo para la continuidad de la Corona. Por lo menos, Felipe VI está cumpliendo dignamente su papel y es un factor de estabilidad en la defensa de la nación y el Estado e incluso ha podido superar el recuerdo de las fechorías de su padre que puso en riesgo a la institución misma. Pero eso no impide que la cuestión y el debate sigan abiertos.@mundiario.

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