El genocidio y las trampas, trucos y cuentos genoveses
Sólo faltaba que se pretenda utilizar el deporte como cortina para tapar o blanquear el genocidio. Es lo que la Unión Ciclista Internacional hizo ayer con un comunicado en el que, sin ni una referencia -y mucho menos condena- a la masacre de Israel contra el Pueblo Palestino, carga contra la ciudanía española por manifestarse a favor de Palestina, y por exigir que en la Vuelta a España no participe un equipo que lleva el nombre de Israel, y que está explícitamente concebido como un elemento de propaganda del régimen sionista que, según un riguroso análisis de Naciones Unidas, está practicando un sistemático y cruel genocidio.
En ese comunicado trata de poner explícitamente al deporte por encima de la propia defensa de los derechos humanos -a los que ni siquiera le dedica una línea-, carga contra los manifestantes españoles, y se lanza al cuello del propio presidente del Gobierno porque, tras reconocer el valor de los deportistas, alaba y apoya a los manifestantes contra el genocidio. Unos manifestantes a los que le UCI no duda en calificar de violentos. Cuando el propio balance de la jornada del domingo en Madrid, con 100.000 personas en la calle y un despliegue de 2.300 agentes del orden (que la organización de la Vuelta consideró apropiado) no hubo más que dos personas detenidas, a pesar de las duras cargas policiales de las que existen testimonios gráficos.
Cuando la UCI habla de deporte olvida la responsabilidad social que esa organización asume cuando, conociendo el riesgo de conflicto que ello provoca, admite un equipo de propaganda sionista en la Vuelta a España. Y no explica que esa competición deportiva en último término no es más que un negocio privado que se aprovecha de todos los recursos públicos que el Estado y los Municipios ponen a su servicio.
La Vuelta es un negocio privado, oculto bajo el velo de que la UCI teóricamente es una organización sin ánimo de lucro. Ese negocio en España lo regenta desde 1979 la empresa Unipublic, cuyo 100% de la propiedad es de otra empresa francesa, llamada Amaury Sport Organisation (ASO). En 2024, Unipublic facturó por la Vuelta a España 34,6 millones de euros, y obtuvo 11,5 millones de euros de beneficio (¡un 33,23% sobre facturación!): algo a lo que Feijoo denomina “marca España”. Y la UCI, aun siendo una organización sin ánimo de lucro, está presidida por un francés llamado David Lappartient, a quien, cuando en 2017 fue nombrado presidente de la UCI, el diario Marca presentaba como alguien "señalado por el conjunto de los ejecutivos de la UCI como un aliado de la organización deportiva Amaury Sport Organisation (ASO)". Exacto: la beneficiaria de los desmesurados beneficios de la Vuelta a España. Unos beneficios que, bajo la coartada del deporte, la UCI ahora respalda por encima de los derechos humanos y de la conciencia de la sociedad frente a la masacre que ejecuta Israel contra los palestinos.
Por desgracia no ha sido sólo la UCI, presidida por un personaje francés con posibles vínculos con quien negocia con la Vuelta, quien ha puesto el grito en el cielo (tal vez en este caso con un trasfondo de crímenes horrendos podríamos decir que en el infierno). Faltaba (¿cómo no?) la escena de hiperventilación a la que Núñez Feijoo y su cúpula del PP nos tienen acostumbrados.
Una gente que pretende negar la evidencia del genocidio, y que frente a la cruel violencia de un Estado militar como es Israel contra todo un pueblo (65.000 personas asesinadas, de ellas 20.000 niños, aunque en la ONU sospechan que la cifra real puede estar sobrepasando los 600.000), en lugar de hablar de esa violencia, prefiere acusar de violencia a los manifestantes del 14 de septiembre, que en realidad representan a ese 80% de españoles que, según las encuestas, consideran que lo de Israel contra Palestina es un intolerable genocidio.
Y centra el tiro en su diana preferida: Pedro Sánchez, que -sin dejar de mostrar su respeto y apoyo a los deportistas participantes en la Vuelta- mostró su respaldo y admiración hacia los manifestantes que reivindicaban, no contra la Vuelta sino para que se excluyera de la misma a un equipo de la discordia, metido por un amigo de Netanyahu como una puñalada en ese cuerpo que forma el pelotón de los ciclistas participantes. Algo tan sencillo como borrar de nuestra Vuelta la sombra del genocidio.
De esa manera, Feijóo y la UCI consideran más importante la Vuelta a España (emperrada en mantener al equipo símbolo del genocidio) que el asesinato sistemático y masivo de un Pueblo desarmado. Y lo mismo ha demostrado la presidenta de la Comunidad de Madrid: Ayuso visitó en la mañana del domingo, no a los ciclistas de la Vuelta, sino al equipo de la discordia sionista. Una foto para la propaganda negacionista del genocidio. Y, embriagada de sí misma, por la tarde juntó una verborrea de disparates e insultos, para terminar diciendo que por las calles de Madrid las huestes de Pedro Sánchez andaban persiguiendo a los judíos. ¿Cómo tendrán los madrileños -que demostraron el domingo su dignidad defendiendo los derechos humanos- paciencia para sufrir tanta estulticia y mediocridad en quien los preside?
Y aún continúa todo el coro de plañideros y plañideras dirigido por Feijóo, atacando a Pedro Sánchez, a la supuesta violencia de los ciudadanos madrileños, a la televisión pública (un Feijoo y una Ayuso que pueden darnos a todos sopas con honda sobre cómo manipular unas televisiones públicas que pagamos entre todos), cuando -puestos a llorar- deberían estar lamentando y pidiendo a gritos disculpas por su silencio cómplice sobre los crímenes sionistas.
De alguna manera hemos vislumbrado los muy posibles intereses particulares del presidente de la UCI, que pueden estar incentivando su nefasto y extravagante comunicado. Ahora tendríamos que tratar de descifrar qué intereses se esconden tras la ya cansina y obsesiva campaña de Feijoo y sus élites partidistas contra Pedro Sánchez, y a favor del sionismo. Porque lo que vemos a simple vista es que busca desesperadamente el poder. Pero tendríamos que preguntarnos para qué, y a favor de quién, quiere ese poder. @mundiario