El gatopardo de Sánchez: aparentar cambiar para seguir igual y marquen sus socios
Decía Indro Montanelli que con frecuencia la política refleja y mejora alguna de las obras más audaces de la literatura y una de las más trufadas es precisamente “El gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, por la famosa frase de que “hay que cambiar todo para que todo siga igual”. Es la cumbre de la hipocresía y el cinismo. Ya se sabe que cuenta la historia de la aristocracia siciliana que ante las victorias de Garibaldi y la unificación se alista en su bando y abandona a los Borbones reinantes para mantener sus privilegios. La historia fue plasmada en una famosa película de Luchino Visconti en 1963. En su reparto destacaban Claudia Cardinale, Burt Lancaster y Alain Delon. Conscientes del final de una época, la nobleza siciliana se da cuenta de que es tiempo de cambiar para seguir como siempre.
Pero en la versión que se exhibió el otro día, a mi entender, lo mejor fue el coro y el segundo tiempo de un Pedro Sánchez, que tras aguantar el chaparrón escapó de lo suyo (incluidas las saunas de su suegro) y arremetió contra la derecha, reasumiendo su viejo papel de redentor de la democracia y depurador de corrupciones. En cuanto a la masa coral de sus consocios, todos estuvieron memorables en su papel. Yo destacaría el de la portavoz de Bildu en el Congreso, Mertxe Aispurúa. Fue responsable de lo que se consideran dos de las portadas miserables que nunca se hayan visto en la prensa española, ambas en Egin, el diario que ponía letra a las andanzas de ETA y llegó a ser clausurado por ejercer de “Comando de Pape” de la organización terrorista.
Conviene recordarlo estos días en que se conmemora el aniversario del asesinato de Miguel Angel Blanco. La portavoz de Bildu tituló a cinco columnas la noticia de su asesinato de este modo:” El edil del PP apareció con dos disparos”, como si hubiera sido un accidente o hubiera la más mínima duda de que los asesinos eran sus amigos y ella, en calidad de editora del periódico etarra, no fuera responsable de la macabra manera de deshumanizar ambos dramas. La otra portada fue la que recogía la dramática imagen de José Antonio Ortega Lara, cadavérico y extraviado tras más de 500 días de secuestro en un zulo infame donde fue enterrado vivo: “Ortega vuelve a la cárcel”, tituló el diario abertzale sospechoso de comunicar mensajes en clave de la dirección de ETA a sus comandos. Este personaje que desde la tribuna del Congreso de los Diputados reafirmaba su apoyo a Pedro Sánchez, pero sometido a observación, ya fuera condenada a un año de cárcel por enaltecimiento del terrorismo. Y dictó una lección de democracia ante la cámara.
Nada va a cambiar en el fondo
Pedro Sánchez sigue, pero no porque comience un tiempo nuevo. Nada de eso. Lo de tomar medidas contra la corrupción suena bien, aunque uno se pregunta por qué no se tomaron antes y sobre todo que quien por su cargo debería ser uno de los hombres mejor informados de España nunca llegar a tener noticia o sospechar las andanzas sucesivas, de sus dos hombres de máxima confianza y sus servidores. Aquí, como “en el Gatopardo” no va a cambiar en el fondo nada. Porque lo que ahora cabe preguntarse, teniendo tantas cuentas abiertas con sus socios, hacia dónde va a encaminar al Estado. Porque ya sabemos lo que le exigen Junts, Bildu, ERC, Sumar y Podemos. La cesión de la gestión de la Seguridad Social al País Vasco y la recaudación de todos los impuestos a Cataluña son las próximas acciones del Gobierno, a las que Junts añade reclamar un poder judicial independiente, tras la amnistía y el control de fronteras. Menos mal que María Jesús Montero dice que no habrá privilegios que desconfiguren la igualdad de los españoles. Pero no convence para nada al presidente Page de Castilla la Mancha. Y lo dice la que pretende ser próxima presidenta de Andalucía.
Lo ha dicho Otegi: “Para alcanzar nuestros objetivos primero hay que romper España”. Sánchez, aunque ya lo ha denotado cuando dice cosas como “catalanes y españoles”, tiene que atender a quienes le exigen no ya a un Estado federal, sino confederal, esto es, primer paso hacia Estados independientes. ¿O acaso ERC, Junts, Bildu y el propio PNV tienen otras metas? Por cierto, que no menos memorable es el hijo y nieto de andaluces Rufián, que es una de las voces de la nación catalana que se ha elevado al rango de observador y tutelador del presidente del Gobierno. Otro que estuvo encantadora fue Miriam Nogueras. De sus últimas declaraciones destaca la de que la corrupción es vicio español que no se da en Cataluña, donde aparte del asunto del 3 por ciento, no ha habido el caso de Banca Catalana, caso Palau y otros. Pero es la más expresiva, les conviene tener a Sánchez bien cogido, porque le tiene mucho que cumplir y otras exigencias por imponer. En resumen, asistiremos a una versión de “El gatopardo”, enriquecida. Yo creo que, en ese sentido, vamos a disfrutar el exquisito vestuario de Yolanda Díaz, que hoy marca el estilo de la saga. @mundiario