Exaltar la indecencia

Oscuridad. / Pixabay
Tiempos oscuros. / Pixabay
La poca clase de nuestra clase empresarial ha quedado patente en ese acto de sumisión y acatamiento a alguien que ha venido a celebrar un acto de exaltación ultraderechista.

Cuando nace un becerro con cinco patas se considera una aberración biológica. Cuando un pueblo como el argentino vota como presidente a un individuo que les promete el maltrato económico y social, el recorte de las libertades y derechos (paradójicamente en nombre del liberalismo), niega la igualdad y denigra la justicia social -entre otras muchas barbaridades y sentencias doctrinarias de calendario decimonónico- es simplemente una aberración.

Cuando el Fondo Monetario Internacional (que tanto sufrimiento infructuoso ha infligido a muchos países) alaba y alienta las políticas de ese sujeto, es otra aberración. Unas políticas que, en poco tiempo, más allá de la degradación democrática, han elevado el índice de pobreza de Argentina del 42 al 60%, han hecho descender la actividad económica en un 3,2% y han provocado que la actividad industrial haya caído un 21% interanual. Amén de un incremento del paro y la indigencia que ya comienzan a repuntar peligrosamente.

El hecho de que el presidente de la patronal española, Antonio Garamendi, seguido de una tropa de empresarios con intereses en Argentina, haya acudido a rendir pleitesía a un sujeto que mezcla una peligrosa y torpe actitud ultraliberal con unas creencias pro-fascistas, es la consumación de una indecencia. Una indecencia que contrasta con el manifiesto firmado por cientos de empresas alemanas, grandes y medianas, alertando del peligro para la democracia de cualquier ascenso de la ultraderecha, y que contrasta con la dignidad del bloqueo que múltiples empresas multinacionales practicaron a la también pro-fascista política del apartheid surafricano, y que constituyeron uno de los factores de su eliminación.

Podrán decir que ellos acudían para defender los intereses de sus empresas. Sin embargo, es difícil defender los intereses de una empresa cuando ésta intenta desenvolverse en una circundante ruina provocada, y más bien se convierten en cómplices de una aberración arcaica, al aparecer de la mano de alguien que proclama que la justicia social es una aberración. Y es imposible mantener una actitud digna codeándose con un individuo totalitario, negacionista, que presume de infringir -y de continuar avanzando por ese camino- los derechos fundamentales, tanto individuales como sociales: por más que sean los de una sociedad que ella misma se ha inmolado ante ese becerro de barro burdo, exaltado, y que no deja de dar las muestras más esperpénticas de un eufórico desequilibrio humano y político.

La poca clase de nuestra clase empresarial ha quedado patente en ese acto de sumisión y acatamiento a alguien que ha venido a celebrar un acto de exaltación ultraderechista, que recuerda y añora las épocas más oscuras de la Historia del siglo XX de Europa y de España. @mundiario

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