Europa ante su hora decisiva: por qué la UE necesita una declaración de independencia
Que la Unión Europea reciba amenazas de Rusia y China no es una novedad: del primero, en forma real a través de ciberataques y drones de espionaje que sobrevuelan sus espacios aéreos, además de forma verbal haciendo sonar tambores de guerra; del segundo, en forma de invasión de mercancías competitivas a precios de dumping, en parte por estar subvencionadas, en parte por unos costes de producción mucho más bajos que los europeos, además de restricciones a las exportaciones de materias primas estratégicas que perjudican a la UE.
Lo que sí supone un salto cualitativo importante es la guerra cultural abierta por los Estados Unidos de Norteamérica contra la Europa liberal. Por primera vez, Washington sitúa, no a Rusia, sino al bloque comunitario como su principal adversario en el viejo continente. En la nueva Estrategia de Seguridad Nacional se acusa a la Unión Europea de socavar la libertad de expresión y la soberanía de sus países, además de criticar su política de inmigración. El presidente Donald Trump declara, además, abiertamente que “Europa tiene que tener mucho cuidado. Va en la mala dirección, y eso es muy malo para su gente”. Insiste en su apoyo a los “partidos patriotas”, como llama a los de la extrema derecha, desprecia el atlantismo y ensalza principios iliberales y autoritarios, como remarca un editorial de El País.
¿Cuál fue la reacción de la Unión Europea ante ese intento de apoyar a quienes desean “Make Europe Nazi again”, título que le daba Íñigo Domínguez a una de sus columnas en el diario? Tímida, vergonzosa, decepcionante. El primero que alzó la voz fue António Costa, presidente del Consejo Europeo, que protestó: “Los aliados no interfieren en la vida política ni en las decisiones políticas de sus aliados, respetan su soberanía”. Pero solo después de tres días de la inaceptable interferencia por parte de Washington. Poco a poco se fueron sumando más voces críticas de líderes europeos, siempre con miedo a enfadar a la Casa Blanca. Por último, y demasiado tarde, llegó la de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, desaprovechando así una oportunidad única para demostrar el liderazgo en la UE que en teoría le corresponde: primero, poniendo en su lugar a Trump y dándole una seria reprimenda; y segundo, convocando un Consejo Europeo de urgencia que formulase un rechazo total al intento de los Estados Unidos de fragmentar la Unión.
¿Por qué no lo hizo? Porque a Bruselas la opción de enfrentarse en el momento actual a Washington le aterroriza, dada la debilidad de la UE en la negociación sobre Ucrania. El intento reciente del canciller Friedrich Merz en Berlín de arropar, junto con von der Leyen y otros líderes europeos, al presidente ucraniano Volodímir Zelenski en su intento de frenar la presión de los Estados Unidos para cerrar un acuerdo de paz inclinado hacia las pretensiones de Rusia parece que no fue en balde. Ahora habrá que ver la reacción de Moscú.
El viejo continente está viviendo una tormenta perfecta, atacado por Rusia, China y ahora por EE UU, e incapaz de poner en marcha las reformas internas necesarias. O da pasos atrevidos hacia una Unión más soberana, cohesionada y democrática, o se hundirá cada vez más
Parálisis interna preocupante
Por otra parte, la Comisión sufre una parálisis interna preocupante. Sus medidas prometidas para reforzar la defensa común y la competitividad de la economía están estancadas. Esto ha llevado a expertos como Emmanuel Roman, máximo responsable de la mayor gestora de renta fija del mundo, Pimco, a criticar que las “reformas que se han hecho durante los últimos seis años son increíblemente decepcionantes”. O a Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, a demandar un “zar del mercado único” para impulsar reformas urgentes en la Unión Europea.
La hoja de ruta está clara. Como recordaba hace poco el analista político Andrea Rizzi: “Necesitamos ser competitivos, porque la competitividad, el músculo económico, es lo que nos ofrecerá capacidad de innovación, los recursos y la prosperidad para que nadie nos avasalle… Además, hacen falta inversiones de un tamaño que, inevitablemente, requiere también fondos públicos por la vía de emisión de deuda. Y esta convendría que fuese mancomunada para no generar asimetrías internas… Necesitamos saber disuadir y defendernos solos. Hay que sostener a Ucrania… En paralelo tenemos que integrar nuestra industria de la defensa… Necesitamos, además, afianzar nuestra soberanía democrático-digital”.
Más allá van Enrico Letta, Josep Borrell, Danuta Hübner y otros 31 europeístas convencidos, que en El País demandaron una declaración de independencia de la UE, instando “a los Estados miembros del Consejo Europeo a establecer una Defensa Común Europea, tal como prevé el artículo 42 del Tratado de la Unión Europea, lo que también puede hacerse mediante una nueva Cooperación Estructural Permanente entre los Estados miembros dispuestos, en caso de falta de unanimidad… De manera más general, las instituciones y los dirigentes de la UE deben explotar plenamente el Tratado de Lisboa mediante una interpretación federalista del mismo en todos los ámbitos… y el Consejo Europeo debe dar un seguimiento coherente a la propuesta del Parlamento de reformar los Tratados para abolir la unanimidad en el sistema de decisiones de la UE… A tal efecto, apoyamos la creación de una coalición proeuropea renovada que abarque a los Estados miembros más comprometidos en el Consejo Europeo, a la mayoría proeuropea en los Parlamentos europeo y nacionales, a la Comisión Europea y a las instituciones regionales y locales, así como a la sociedad civil organizada europeísta. Hacemos un llamamiento a todos ellos para que se movilicen a nivel local, nacional y transnacional en apoyo de estas demandas a favor de una Unión más soberana y democrática”.
El filósofo alemán Jürgen Habermas sigue siendo, a sus 96 años, una de las cabezas pensantes más importantes de Europa. Terminaba hace poco una conferencia en Múnich con un tono enormemente pesimista: “Al final de una vida política más bien favorecida por las circunstancias, no me resulta fácil llegar a esta conclusión implorante, pero lo cierto es que una mayor integración política, al menos en el núcleo de la Unión Europea, nunca ha sido tan vital para nosotros como lo es hoy. Y nunca ha resultado tan improbable”.
¿Y si todavía fuéramos capaces de reaccionar, recogiendo el guante lanzado por los 34 europeístas que instan a movilizarnos a favor de una declaración de independencia de la UE y defendiendo con firmeza esa mayor integración política que demanda Habermas? Para ello sería imprescindible que Ursula von der Leyen despierte de su letargo y se ponga al frente de este movimiento, apoyada por António Costa y Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo.
Es la hora de la verdad para la UE, porque o nos salvamos ahora o nos hundimos para siempre. @mundiario



