CARTA DEL EDITOR

Euforia bursátil con cautela: el Ibex 35 recupera niveles de 2008 en un contexto incierto

El selectivo español alcanza cotas históricas tras 17 años, impulsado por expectativas monetarias, pero la geopolítica y los riesgos inflacionistas invitan a la prudencia. De hecho este lunes no trajo buenas noticias.
Interior de la Bolsa de Madrid. / RRSS
Interior de la Bolsa de Madrid. / RR SS

El Ibex 35 ha recuperado, por fin, una cota simbólica que no tocaba desde enero de 2008: los 15.000 puntos. La euforia en los parqués es comprensible. Tras diecisiete años de altibajos, crisis financieras, pandemias y guerras, volver a esa frontera tiene un aire de revancha histórica. Pero conviene recordarlo: en 2008, esa misma cifra fue la antesala de un desplome. Las bolsas europeas ya registran, por ejemplo, este lunes 18 de agosto leves descensos, en una jornada condicionada por el encuentro entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, mientras los inversores centran su atención en la próxima reunión de banqueros centrales en Jackson Hole, prevista para el jueves. El Ibex 35 interrumpe así su racha de diez sesiones consecutivas en positivo y pierde fuelle en torno a los 15.200 puntos, presionado por la banca.

El rally de las últimas semanas se ha apoyado sobre todo en las expectativas de política monetaria. Los inversores descuentan una bajada de tipos en septiembre por parte de la Reserva Federal, nada menos que 50 puntos básicos, y anticipan más recortes en los próximos años. Con este viento a favor, los bancos españoles –que representan el 40 % del Ibex– han sido el gran motor de las subidas, seguidos por pesos pesados como Iberdrola o Telefónica.

El optimismo ha contagiado a las grandes bolsas internacionales: Nueva York, Londres o Tokio encadenan récords, mientras el índice del miedo (VIX) se ha relajado y los bonos del Tesoro de EE UU han reducido su rentabilidad. España, además, se ha consolidado como locomotora de crecimiento en Europa gracias al turismo y a la demanda interna. Todo parece alineado para que la música no se detenga.

Y, sin embargo, hay motivos para la cautela. Primero, porque las expectativas son volátiles: basta con un mal dato de inflación en EE UU para que la narrativa del mercado se desmorone. El repunte de precios de importación y de producción en julio ya encendió algunas alarmas. También preocupa la pérdida de confianza del consumidor, que contradice el optimismo de las ventas minoristas.

Claves geopolíticas

A esto se suman las claves geopolíticas. La cumbre fallida entre Donald Trump y Vladimir Putin, celebrada en Alaska, ha devuelto incertidumbre al tablero global. La guerra en Ucrania sigue sin solución y la diplomacia improvisada de Trump abre más interrogantes que certezas. Si a ello añadimos el riesgo de una nueva guerra comercial promovida desde Washington, el terreno de juego se complica.

Los mercados de deuda lo han reflejado antes que las bolsas. El bono alemán a diez años escaló hasta el 2,77 % y el francés al 3,45 %, mientras el euro sigue apreciándose frente al dólar. Señales de que no todo es calma.

El regreso del Ibex a los niveles de 2008 es una buena noticia para la confianza del inversor, pero también un recordatorio de que los máximos no son destinos finales, sino puntos de inflexión. Si la economía global se enfría, si la inflación repunta o si la política internacional se torna más inestable, la euforia puede transformarse en desencanto con la misma rapidez con la que se han inflado las cotizaciones.

La conclusión es clara: hay razones para celebrar, pero no para bajar la guardia. La historia enseña que en bolsa la euforia desmedida suele ser el prólogo de la corrección. Lo prudente es disfrutar de los máximos, sí, pero con la memoria de lo que significaron en 2008. @J_L_Gomez en @mundiario

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