Plato del día

Dos expertos desunidores al servicio de la Unión Europea

Está claro que Waterloo es un nombre que, por haches o por bes, se cuela en la historia: la definitiva jubilación de Napoleón, el pelotazo musical de ABBA o esa estrambótica cumbre entre un excoach de matones y un expresident.
cumbre 2
Arnaldo Otegi y Carles Puigdemont. / RR SS.

Ahí los tienes, Arnaldo Otegi y Carles Puigdemont, el haz y el envés de las hojas de ruta independentistas de un país llamado España, en el que por cualquier camino se puede llegar al statu quo de ser imprescindible. Sobre todo, desde que Pedro Sánchez se rodeó de  sherpas para escalar hasta la cumbre del Everest político nacional, o sea, de Iglesias, Yolandas, Rufianes, Nogueras, Baldovís y todo tipo de personajes de la España centrífuga que han ido descubriendo que, en la España centripeta, se podían poner las botas a cambio de un puñadito de votos, el Gran Bazar de Estambul es un juguete de niños al lado del mercado persa de la Carrera de San Jerónimo.

Por todos los caminos, repito, se puede llegar hoy en día a aspirar a que le den a una o uno vela en este entierro, lento, pero con visos de ser seguro, de ese asunto llamado democracia por la que suspiró la Generación Boomers, que disfrutó la Generación X, que empezó a menospreciar la Generación Milenials y puede convertirse en una pieza de museo para la Generación Z.

Me traslado esta mañana a los tiempos en lo que se reunían Carrillos, Suárez, Fragas, Felipes, Rocas, haciéndose de tripas sus corazones ideológicos, en aras de una España homologable en Europa como una democracia de plenos derechos y, el contraste con esa otra foto de Waterloo, en la que cuentan los crónicas que Otegi y Puigdemont han deliberado sobre el nuevo contexto geopolítico y la autonomía estratégica que debe asumir la Unión Europea, je, je,no me pregunten ustedes porqué, me inspiran a volver a leerme La conjura de los necios, esos inauditos personajes de John Kennedy Toole que han invadido de alter egos a la política española.

Cierto es, señoras y señores del jurado, que la cumbre de Waterloo, entre un excoach de matones y un expresident en busca y captura, ni siquiera debería herir ya la sensibilidad de los espectadores españoles, en un país en el que ya es posible prácticamente todo lo que nos podría parecer imposible. El problema es que pilla a la Unión Europea tan pendiente de las cumbres entre Trump y Putin, tipos de esos que dios los crea y ellos se juntan, que les va a pasar inadvertida la reunión de tipos de estos otros, como Otegi y Puigdemont, cuyos antecedentes como desunidores de España, no son, precisamente, buenos augurios en estos momentos tan oscuros de una Europa en los que, la única salida para no sucumbir en el sandwiche ente Washington y Moscú, es encomendarse al axioma de Homero al que, con posterioridad, se acogió Simón Bolivar: la unión hace la fuerza.

Ya no es en Madrid (¡que tenemos callo, hombre!) donde debería preocupar la cumbre de indepes de Waterloo, sino en Bruselas, oye, que se las ven y se las desean para poner orden entre su extensa nomenklatura de actores interpretando un remake en bucle de El camarote de los hermanos Marx. @mundiario

Comentarios