La cumbre de los BRICS, Donald Trump y el futuro de la UE

¿Cómo han afectado estos hechos al sistema internacional? ¿Cuál es la previsión del status del sistema para los próximos años?
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, durante su discurso previo al asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. / Archivo.
Donald Trump, expresidente de Estados Unidos, durante su discurso previo al asalto al Capitolio el 6 de enero. / Archivo.

Recientemente, el sistema internacional se ha visto afectado por diferentes acontecimientos que han alterado su estructura. La declaración de intenciones de los BRICS en la cumbre de Kazán y la victoria electoral de Donald Trump, han supuesto un cambio de rumbo de las relaciones internacionales para los próximos años.

A finales de octubre tuvo lugar la cumbre de los BRICS del curso 2024. En la reunión, presidida esta vez por Rusia, sus líderes mostraron a la sociedad internacional la agenda conjunta que van a llevar a cabo con el fin de mantener su crecimiento y poder, como bloque en el sistema internacional.

Entre las propuestas, destaca la presentación de su propio sistema digital de pagos, que supone un paso más en la formalización del proyecto de un banco central propio, que emitiría su propia moneda para derrocar al dólar como principal moneda de cambio en el comercio internacional.

En este sentido, una semana después de las reuniones, Narendra Modi anunció la repatriación desde Reino Unido de la mayor cantidad de oro indio de la historia (102 toneladas), y hace apenas unos días Rusia ha concentrado el 33% de sus reservas en oro; lo que puede interpretarse como una estrategia orientada a sustentar la emisión de las nuevas divisas.

Los BRICS también hicieron oficial la incorporación de sus recientes socios, las potencias del Sudeste Asiático (Indonesia, Tailandia, Malasia y Vietnam), además de Turquía, Nigeria y Argelia. Este movimiento supone un importante paso hacia el control de las rutas marítimas cruciales para el comercio mundial: el Estrecho de Malaca, el Estrecho del Bósforo, el Golfo de Guinea, y el Estrecho de Gibraltar; sumándose al control del Golfo de Adén y el Estrecho de Bab el Mandeb (África oriental) que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda china.

Asimismo, se anunció el proyecto de creación de una bolsa cerealera con precios más justos para abastecer a los mercados de alimentos del Sur Global, iniciativa que supondría una independencia alimentaria con respecto al Norte.

Con la proclamación de Donald Trump como 45ª presidente de EE UU, el bloque de los BRICS sale reforzado. La comunidad internacional se orienta hacia un sistema multipolar en el que la hegemonía mundial queda dividida entre diferentes potencias, lo que muestra la importancia del papel de Rusia e India para evitar la bipolarización del sistema entre EE UU y China.

Una clara señal del fortalecimiento de las potencias emergentes es el inmediato contacto del nuevo presidente americano con Putin, Xi Jinping y Modi, con el objetivo de crear un canal de comunicación directo entre EE UU y el bloque.

Los BRICS han estado esperando a la resolución de las elecciones americanas para establecer planes de actuación concretos conscientes de los beneficios que supondría una victoria de Trump para la multipolaridad del sistema; tal y como dejó entrever el candidato ya en 2017 ante su crecimiento exuberante.

Ahora bien, de la misma manera que el triunfo del magnate republicano supone una gran ventaja para las economías emergentes, significa todo lo contrario para la UE. El foco de Estados Unidos se aleja cada vez más de sus socios europeos y se centra en los BRICS, lo que perjudicará a la Unión Europea enormemente.

En un intento desesperado de acercamiento al gigante americano, Úrsula von der Leyen ha manifestado la intención de sustituir la importación total del gas ruso licuado por el americano, si esto supone el mantenimiento del foco estadounidense en Europa.

El principal temor de la UE respecto a este distanciamiento se produce en materia de defensa. Estados Unidos constituye el mayor inversor de la OTAN y, sin su estrecha colaboración, la Unión Europea quedaría muy limitada merced a su escaso armamento (solo Francia cuenta con armas nucleares y después de su salida de Níger no cuenta con un proveedor directo de uranio).

Los líderes europeos se encuentran divididos ya que, a diferencia de la presidenta de la Comisión, Emanuel Macron opta por una agenda autónoma europea en materia de defensa común, que abogue por el establecimiento de un ejército europeo para que la UE no entre en un “atlantismo ingenuo”.

Esta alternativa tendría mejores beneficios a largo plazo para la Unión con vistas a desvincularse de su dependencia de EE. UU. en los años venideros y dar un golpe encima de la mesa del sistema internacional para reclamar su lugar en el mundo de forma independiente. @mundiario

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