Los tres cerebros del ser humano
¿Sabías que los seres humanos tenemos tres cerebros?
No es que dentro de nuestra cabeza haya tres órganos distintos. Se trata de un solo órgano, pero dividido en tres grandes partes, de acuerdo con la teoría del cerebro triúnico de Paul McLean.
Esas partes son: 1) El cerebro o sistema instintivo. 2) El cerebro o sistema emocional. Y 3) El cerebro o sistema cognitivo-ejecutivo.
Vamos a ver la importancia de cada uno de ellos.
Cerebro/sistema instintivo
También conocido como cerebro reptiliano. ¿A qué se debe este nombre? Debes saber que los seres humanos, al igual que el resto de mamíferos, procedemos evolutivamente de los reptiles.
Los reptiles son unos animales que disponen de un cerebro muy primitivo, que les permite, principalmente:
- Realizar los procesos básicos y automáticos del organismo: respiración, digestión, circulación…
- Buscar lo necesario para subsistir, como refugio seguro o comida.
- Reaccionar ante las amenazas luchando o huyendo.
En otras palabras: su cerebro les permite sobrevivir. Esa es la función principal del sistema instintivo.
Como buenos descendientes evolutivos de los reptiles que somos, nuestro cerebro humano también está biológicamente programado para cumplir esas funciones.
Solo ocupa el 5% de nuestro volumen cerebral y, sin embargo, es el que “manda” sobre los otros. Es decir, que si el sistema instintivo (instinto de supervivencia) está activado, no habrá lugar para que actúen emociones más desarrolladas y, mucho menos, nuestro sistema cognitivo-ejecutivo.
Cerebro/sistema emocional
Se lo conoce también como sistema límbico. Se trata de una capa que se desarrolló por encima del cerebro reptiliano y que se encarga de procesar emociones desarrolladas, más allá del susto ante una amenaza que provoca una reacción de huida. Hablamos de emociones como el cariño, la alegría, la tristeza, la vergüenza o el orgullo, por citar algunas de las muchísimas que existen.
Estas emociones se pueden aprender a gestionar. También se suelen asociar a determinados estímulos o situaciones. Y todos los mamíferos disponemos de esta capa que, en el caso de los humanos, ocupa el 10% del nuestro volumen cerebral.
No “manda” más que el cerebro reptiliano, pero sí más que el cognitivo-ejecutivo. Eso quiere decir que, si somos presas del estrés o de la euforia, nos resultará más difícil, incluso imposible en algunas personas, emplear ciertas funciones superiores.
Cerebro/sistema cognitivo-ejecutivo
Recibe también el nombre de neocórtex y es lo que estamos acostumbrados a ver en fotografías o dibujos del cerebro humano. Esa capa exterior con pliegues que parecen formar un laberinto.
Esta capa la poseen otros animales, pero no tan desarrollada como la nuestra. El desarrollo del neocórtex humano es lo que nos ha permitido convertirnos en la “especie dominante” del planeta, ya que, gracias a él, podemos hablar, leer, escribir, crear, calcular, planificar, tomar decisiones basadas en datos y un larguísimo etcétera.
Sin embargo, a pesar de que ocupa el 85% de nuestro volumen cerebral, es la que menos “manda” de las tres. Piénsalo:
- Si estamos en peligro de muerte (cerebro reptiliano), por ejemplo al borde de un acantilado, reaccionaremos por instinto, no por una toma de decisiones planificadas.
- Si el estrés se apodera de nosotros, o quizá el miedo escénico (cerebro emocional), nos resultará complicado realizar operaciones complejas, a veces incluso hablar.
¿Qué implica todo esto?
Actualmente, vivimos en un entorno seguro. Nuestro sistema instintivo suele estar “apagado”, a no ser que nos den un susto y se active momentáneamente. Por tanto, los duelos que se suelen dar en nuestro día a día son entre el cerebro emocional y el neocórtex.
Dado que el cerebro emocional “manda” sobre el neocórtex, muchas veces tomamos decisiones de las que más adelante nos arrepentimos o nos vemos incapaces de avanzar hacia nuestros objetivos, por ejemplo. Es aquí donde entra en juego la inteligencia emocional, lo que nos permite gestionar nuestras emociones para que, mediante el aprendizaje, seamos capaces de conocerlas, controlarlas y emplearlas para aquello que deseamos.
Sin embargo, nunca está de más saber cómo funciona nuestro cerebro. Esto nos permitirá, por ejemplo, evitar caer presas de las manipulaciones a las nos vemos sometidos sin darnos cuenta por parte de otras personas que sí conocen dicho funcionamiento. Manipulaciones en la que las emociones juegan un papel crucial.
Un ejemplo claro de lo manipulables que somos los seres humanos cuando somos presas de las emociones y de cómo funciona la mente de una persona que manipula a los demás lo puedes encontrar en mi novela El manipulador. @mundiario