Cataluña entierra el procès

Salvador Illa, candidato del Partido Socialista de Cataluña (PSC). / @salvadorilla.
Salvador Illa, candidato del Partido Socialista de Cataluña (PSC). / @salvadorilla.
La repetición electoral conduciría a ERC a la irrelevancia: unas nuevas elecciones se convertirían en un duelo entre Illa y Puigdemont.
Cataluña entierra el procès

El PSC, liderado por Salvador Illa, ha ganado las elecciones en Cataluña, incrementando en 215.000 votos y en 9 diputados su capital político: es la primera vez que logra ser un claro vencedor electoral en unas elecciones autonómicas catalanas desde el inicio de la Democracia. Es, sin duda el resultado de una política tranquila y realista que ha impregnado a Cataluña entera: no en vano ha subido su número de votos y diputados en todas las provincias, liderando los resultados en Barcelona y Tarragona, y quedando como segunda fuerza en Lleida y Girona.

Una demostración también de que la política del Gobierno hacia Cataluña ha conseguido -con 7 puntos más de participación que en las pasadas autonómicas- bajar la fiebre secesionista en casi medio millón de votos, que se convierten en 385.000 si sumamos a ese bloque la ultraderechista Aliança Catalana. Merma de votos que se traduce en 15 diputados menos, o en 13 si se computan los de la ultraderechista Aliança. Una bajada de la fiebre radical secesionista si se tiene en cuenta cómo se ha desarrollado la campaña, y las propias intervenciones en la noche electoral de Puigdemont y Aragonès, donde no ha primado precisamente el tema del empeño soberanista, sino el afrontamiento de la gobernabilidad.

Por rematar el análisis de los resultados, e incluyendo los votos de Ciudadanos, se puede decir que el bloque de la derecha, en el que se puede computar con todo rigor a Junts, y de la ultraderecha (sumando a Vox y Aliança) ha logrado 1.379.802 sufragios, mientras la izquierda ha obtenido 1,475.234, que se convierten en 1.602.000 si se incluye también a la CUP.

Es cierto -con esos datos en la mano- que se puede dar por terminada la porfía del procès, y que los partidos catalanes han de pasar página y comenzar a ocuparse del gobierno de las cosas, y de la atención a las políticas sociales, como propugna Salvador Illa. Aunque hay que contar con los equilibrios que habrá que hacer para lograr una gobernabilidad razonablemente estable. Lo lógico, en cualquier otro sitio, sería formar un Gobierno presidido por Illa, en coalición con ERC y los Comunes (que suman los diputados justos de la mayoría absoluta).

Pero a pesar de que los votantes mayoritariamente hayan pasado página del procès, Junts y ERC aún miran de reojo las opciones independentistas, aunque sólo sea para mantener el tipo. Y Aragonès ha anunciado el paso de ERC a la oposición, mientras Puigdemont ha sugerido una extraña fórmula de un Gobierno de predominio catalanista, se supone que con la suma de Junts, ERC y CUP, y con la abstención del PSC: una propuesta descabellada y cargada de nostalgias del pasado. Lo que ambos rechazan (Puigdemont explícita y Aragonès implícitamente) es una repetición electoral.

Así están las cosas en el panorama catalán en la noche electoral, teniendo en cuenta los resultados y las primeras manifestaciones de los líderes políticos. Otra cosa será lo que resulte después de la reflexión de cada cual, y de la valoración realista de lo posible. Si no se impone el realismo, Illa -que ha anunciado su propuesta de formar gobierno- se quedará sin gobernar, pero ERC podría pagarlo caro, quedándose expuesta entre el fuego del predominio de Puigdemont y el de la repetición electoral, que podría conducirla a la irrelevancia, ya que unas nuevas elecciones se convertirían en un duelo entre Illa y Puigdemont.

En todo caso, Puigdemont va a ser la china en el zapato, porque a pesar de haber mantenido el tipo, y de haberle ganado el pulso a ERC, puede quedar sometido a la irrelevancia, dadas las expectativas con las que ha jugado, y puede dañar las alianzas de investidura del Gobierno de la Nación.

Comienza un tiempo de hilar muy fino políticamente, para no descomponer el puzle de la gobernabilidad del conjunto de España, ni el puzle de la gobernabilidad de Cataluña.

Y después queda analizar cómo pueden influir los resultados de estas elecciones en las elecciones europeas. Porque, si bien el PSOE puede haber acumulado fuerzas con los resultados catalanes, a los que puede sumar los de las elecciones vascas, el PP tratará de sacar pecho también de su incremento en 231.000 votos, que le han hecho regresar a las posiciones que mantenía en Cataluña en tiempos de Alicia Sánchez Camacho. Eso sí: con un candidato que se impuso a pesar de ser rechazado por Feijoo. @mundiario

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