Carmen de Burgos vuelve al Ateneo

Tras décadas de olvido, homenajeada en el 90º aniversario de su muerte.

Colombine, primera corresponsal de guerra, con soldados destinados a Melilla en el verano de 1909. / Mundiario
Colombine, primera corresponsal de guerra, con soldados destinados a Melilla en el verano de 1909. / Mundiario

Noventa años tras el fallecimiento de la profesora, escritora y periodista almeriense, el Gobierno rinde homenaje a Carmen de Burgos, Colombine, el seudónimo que la acompañó hasta la fama internacional, en el primer tercio del siglo XX.

El próximo 16 de diciembre, el ministro Félix Bolaños inaugurará una exposición sobre sus obras y colgará el retrato de la célebre intelectual en la Galería de ateneístas ilustres, reflejo de la Historia que, hasta hace poco, parecía que escribían solo los hombres. La víspera, el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, presentará un debate de periodistas sobre la profesora, escritora y periodista almeriense. Ella merece la reivindicación de su inmenso legado, anulado por la represión franquista.

Dos meses antes, el 14 de octubre de 2022, quien firma este artículo explicó en la Agrupación Carmen de Burgos del Ateneo madrileño, porqué cayó en el olvido. He aquí la adaptación de su conferencia Las tres muertes de Colombine:

Cuando el pasado 9 de octubre, nonagésimo aniversario del fallecimiento de la autora, el ateneísta Roberto Cermeño visitó su tumba se sorprendió. Alguien había puesto sobre la losa del Cementerio Civil de Madrid, siete hojas de papel sujetas con cuatro humildes piedras, a modo de biografía. La persona anónima, desafiando lluvia, viento o sol, quería que la gran obra de la intelectual se conociera, porque la mayoría de la gente no sabe quién es.

La persecución de la dictadura se empeñó en que nadie la recordara. Después de fallecer en 1932  a los 64 años, las siguientes muertes de Colombine la anularon por completo.

El sufragio femenino y la ley del divorcio, logrados en la II República, no se entenderían sin su contribución a lo largo de su vida. Fue pionera reivindicando estos derechos, lo que le costó campañas y juicios contra ella. Desde 1903, año de la firma del contrato con el Diario Universal que la convirtió en la primera periodista, defendió sus convicciones por medio de encuestas, conferencias y libros.

Fue también una gran escritora. En el prólogo a su novela Quiero vivir mi vida, Gregorio Marañón decía en 1931 que Carmen de Burgos libraba batallas todos los días. Era luchadora y trabajadora infatigable.

¿Pero cómo transcurrió el último año de Colombine?

Carmen ha regresado de pasar las Navidades de 1931 en Lisboa, en casa de la escritora y periodista, Ana de Castro Osorio. Está enferma del corazón y ha huido  del frío invierno madrileño. Ha buscado el clima suave de Portugal y los cuidados de la amistad.

Empero, su dolencia cardíaca lamentablemente no ha mejorado y sus heridas psicológicas no se han cerrado. Hace dos años sufrió la traición de su hija María con Ramón Gómez de la Serna, su compañero literario y sentimental durante dos décadas.

El año nuevo de 1932, sin embargo, trajo a Colombine un regalo que culminaba sus esfuerzos y mitigaba sus dolores: el 1 de enero el Álbum Nacional de la Actualidad Española la consagró como autor célebre, junto a Azorín, Palacio Valdés, Valle-Inclán o Wenceslao Fernández Flórez. La única foto femenina en esa publicación anual es la de ella, “esa ilustre dama andaluza”…”esa exquisita y brillante escritora”, según leemos en la sección Escritores célebres. Concha Espina es citada sin foto.

En esta etapa de balances y tristezas, Carmen  de Burgos siguió recibiendo homenajes. El 13 de junio de 1932, la catedrática de la Escuela Normal ingresó en la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País y recibió la medalla de la asociación, en un acto solemne. Heraldo de Madrid, diario en el que ejerció principalmente su carrera periodística,  escribió:

“Con la maestría y exquisito gusto acostumbrados en la señora Burgos, desarrolló el tema “Actuación y acción de las mujeres en las Sociedades Económicas”.

Siempre consideró a la mujer, como madre, la primera educadora de los hijos. Por eso, reivindicaba la formación de las niñas y las jóvenes sin discriminación entre sexos. La profesora valoró la labor formativa de las Sociedades Económicas de Amigos del País, surgidas en la segunda mitad del siglo XVIII. Algo realmente importante, cuando no existía la enseñanza obligatoria.

El 8 de octubre de 1932, a las ocho de la tarde, Carmen de Burgos participaba en un debate sobre educación sexual en el Círculo Republicano Radical. La ha acompañado la joven escritora venezolana, María Edilia Valero. Durante el trayecto, Carmen le había dicho que estaba muy cansada. A pesar de ello, comenzó su conferencia, con ánimos, demostrando que seguía creyendo en el amor:

“No hay que desviar a la juventud de cuanto ensombrece el divino sentimiento del amor”, proclama Colombine.

Se fatiga. Le falta el aire. Pero aún sacó fuerzas para pronunciar esta frase: “En las bodas del futuro, al tomarse los dichos, deberá acudir el médico en vez del confesor”.

No podía seguir. El doctor Estellés, médico militar que presidía el acto, y el doctor Iranzo, en la sala, la ayudan a retirarse. A pesar de sus intentos, no pueden hacer nada. Una ambulancia la lleva a su casa en la calle Nicasio Gallego, 1, en el barrio de Chamberí. Está agonizando. El tránsito  llega sobre las dos de la madrugada.

La primera muerte de Colombine

La prensa de la capital y numerosas ciudades de España publicó la noticia de su fallecimiento con gran despliegue tipográfico. La muerte inesperada impresiona profundamente en ambientes periodísticos, culturales y políticos.

Acuden a su domicilio numerosas personas; entre ellas, profesoras y alumnas de la Normal, con su directora, Dolores Cebrián; su amigo el doctor Marañón; las afiliadas de la Cruzada de Mujeres Españolas que presidía, representantes del Partido Republicano Radical Socialista al que pertenecía, y de su Logia masónica. También, gente de la calle.

El 9 de octubre, a las cinco de la tarde, parte la comitiva fúnebre. Encabezan el cortejo el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Marcelino Domingo, y el socialista Julián Besteiro, presidente de las Cortes Constituyentes.

Como presidenta de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, Carmen de Burgos era persona influyente también al otro lado del Atlántico. Colaboraba además con el periódico más importante de La Habana, el Diario de la Marina, y con el primero de Chile, El Mercurio.

La prensa extranjera informó de la gran manifestación de duelo. Ana de Castro organizó en Lisboa un homenaje en su honor y escribió en Portugal Feminino:  ”a grande escritora espanhola… é um valor mundial que todas as mulheres devem respetar”.

Aproximadamente dos meses después, se celebró el homenaje en su memoria. El 19 de diciembre, la Velada Necrológica del Círculo de Bellas Artes reflejó el alcance político e institucional que logró la ateneísta. Sonó su palabra en favor de la paz. Fue el periodista y escritor, Miguel Tato y Amat,  quien transmitió el mensaje que Carmen de Burgos había redactado semanas antes de morir, para que se leyera en ciudades de Hispanoamérica, con motivo del décimo cuarto aniversario de la firma del Armisticio, que puso fin a la Gran Guerra, el 11 de noviembre de 1918.

Pero su popularidad y prestigio apenas duraron unos años. ¿Qué ocurrió para que un nombre tan célebre desapareciera?

La segunda muerte

Tras la Guerra Civil, Carmen de Burgos fue incluida en la lista de autores prohibidos que no podían ser servidos en bibliotecas, ni vendidos en librerías, ni ser reeditados. Además, su densa obra fue borrada de los textos de enseñanza, pública o privada, en todo el territorio nacional.

Sin embargo, nombres que estaban en la lista  de autores prohibidos, junto a Carmen de Burgos, resistieron a la quema de libros y al expurgo de librerías y bibliotecas: Zola, Voltaire, Rousseau, Andrejev, Gorki o Ramón J. Sender.

Mas ella era mujer, la única y  la primera que aparecía en esas listas de la censura. Triste privilegio. El borrado de su recuerdo no terminó aquí.

La tercera muerte

El 14 de junio de 1941, la Sección Político-Social de la Dirección General de Seguridad recibió el encargo de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército de “informar de los antecedentes político-sociales de doña Carmen de Burgos Seguí”.

El 15 de julio de 1922, Colombine había escrito al Gran Maestre de la Gran Logia del Levante Español. Solicitaba su apoyo para el “mitin” pacifista que se iba a celebrar en el Teatro de la Comedia, con motivo del cuarto aniversario del inicio de la I Guerra Mundial.

La Sociedad Internacional No more war (“No más guerra”) había pedido a Carmen de Burgos que se sumara a la manifestación mundial por la paz universal, los días 29 y 30 de julio. Por esta carta, nuestra autora fue perseguida, incluso después de muerta. El 8 de mayo de 1942 llega la denuncia. Se le acusa de pertenecer a la masonería y su nombre se incluye en el Archivo masónico. Consta, por supuesto, que ha fallecido en octubre de 1932. Pero el proceso sigue.

Los cargos de su expediente son la citada carta solicitando apoyo para el acto por la paz.  Y otra, muy elogiosa: la que escribe el Gran Maestre a los miembros de la masonería española, comunicando el fallecimiento de Carmen de Burgos, maestra de la Logia de adopción Amor.

Las logias de adopción eran la estructura intermedia que permitía la incorporación de la mujer a los talleres masónicos, bajo la tutela masculina.

Llegamos al 15 de febrero de 1944. El Juzgado nº 3 pone en conocimiento del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo que incoa sumario contra Carmen de Burgos.

Continúa la ampliación de informes que se solicitan al Delegado Nacional de Servicios Documentales del Archivo de Salamanca. El resultado son dos documentos más:

El folleto titulado “Misión Social de la Mujer”, conferencia que Carmen de Burgos pronunció en la sociedad bilbaína “El Sitio”, el 18 de febrero de 1911. ¡Increíble, que hablar sobre la misión social de la mujer fuera motivo de proceso judicial!

En la conferencia, Colombine defendió el divorcio. Creía en la familia, pero si un matrimonio no podía convivir, era partidaria de que cada cónyuge pudiera formar un nuevo hogar al amparo de la ley. Pedía el voto para la mujer, la no discriminación femenina frente al varón, la igualdad de derechos para hijos nacidos fuera del matrimonio, la abolición de la pena de muerte y finalizaba con su alegato pacifista. Su experiencia como primera corresponsal de guerra, el verano  de 1909, le marcó:

“Yo he visto la guerra. Fui a Melilla en momentos en que España sufría. No era rica para ofrecer sin molestarme desde mi gabinete un puñado de oro que tranquilizara mi espíritu, pensando que había cumplido mi misión al oír los gemidos dolorosos.

[Carmen se refería a la llamada redención en metálico. El que podía pagar mil quinientas pesetas – cantidad enorme para la época – se libraba de ir al frente.]

“Hice, por el mismo egoísmo, el sacrificio de mi tranquilidad. Las madres llorando pedían a “Heraldo de Madrid” noticias de sus hijos, de los pobres soldados anónimos, cuyos nombres no transmite el telégrafo. Yo fui a buscar esas noticias.

Qué angustia tan inmensa me daban los lamentos de las madres. Conservo como reliquias sus cartas de súplica y bendición (una se volvió loca al saber la noticia de la muerte de su hijo). Yo amaba a todos aquellos soldados con ternura inmensa, los unía en un solo amor, en una amplia maternidad de dolor por todos, ¡Los amaba con todos los que lloraban por ellos!

He visto el horror de la batalla, del campamento, del hospital. ¿Sabéis lo que más me aterró? Sentir que me llegaba el odio al corazón (yo que no lo había sentido jamás) y comprender que podía llegar la anestesia ante el sufrimiento.

Saqué de la campaña una enseñanza útil de vida…  he tenido el honor de que no se me dé ninguna cruz ni recompensa… y aquel odio que germinó un día como planta maldita en mi corazón, arraiga hoy en él… pero sólo contra la guerra”.

Hasta aquí la cita de Carmen de Burgos que, más de un siglo después, sigue siendo por desgracia actual.

El segundo documento para perseguirla después de muerta es una carta que ha escrito al presidente del Partido Radical Revolucionario Socialista, para rogarle una breve audiencia. Se despide  como  “su afectísima correligionaria”.

¡Feminista, masona, socialista radical y pacifista! Franco no podía consentirlo. La maquinaria para eliminarla por tercera vez ya estaba en marcha. 

Estas indagaciones se hicieron paralelamente a los procesos iniciados contra su hija, María Álvarez de Burgos, y su hermana Catalina. Ambas habían ingresado con ella en la masonería. Fueron condenadas a doce años y un día de reclusión, que no llegaron a cumplir porque las dos habían huido de España.

Impresionan estos procesos y condenas que afectaron a miles de españoles y sembraron el miedo. Pero especialmente sobrecoge, por su irracionalidad, la persecución de un cadáver.

Fue precisamente el certificado de defunción lo que salvó a Carmen de Burgos de la condena post mortem. Su caso fue sobreseído y archivado en julio de 1944.

Las autoridades represoras ya habían conseguido su objetivo. Después de esta tercera muerte de Colombine, su gran legado intelectual, periodístico y literario fue ignorado durante décadas. La censura y la persecución tras su fallecimiento fueron gigantescas paladas de tierra arrojadas sobre su tumba, sobre su memoria.

Además, hay que añadir otro factor: la resistencia masculina a ver a la mujer fuera de los destinos fijados como esposa, madre o monja.

El veto del hombre al desarrollo femenino se puso de manifiesto en 1934, cuando Gerardo Diego incluyó en la segunda edición de su Antología Poética de la Generación del 27 a Ernestina de Champourcin y a Josefina de la Torre. Sufrió presiones de los poetas que integraban esta obra. Querían que excluyera a las mujeres, por el hecho de considerar la escritura un ejercicio exclusivo de los hombres.

En 1972, María Moliner fue candidata a ingresar en la Real Academia Española. Tras haber escrito el Diccionario de Uso del Español, que agilizó el de la RAE, no fue admitida por ser mujer. Como le había pasado en tres ocasiones a Emilia Pardo Bazán. Son ejemplos de la sombra masculina que opacaba a la mujer fuera de los modelos tradicionales.

Carmen de Burgos, después de ser borrada por el franquismo, sufrió la ignorancia o el rechazo de no pocos literatos y estudiosos; unos la relegaron despectivamente a ser la amante de Gómez de la Serna; otros, tal vez por temor a represalias franquistas, evitaron defenderla.

Tremenda injusticia porque su contribución a la esfera literaria y su protagonismo en la modernización intelectual de España fueron enormes. Participó en las corrientes de pensamiento y narrativa de su época, desde la Generación del 98, hasta convertirse en una de las figuras centrales de la Edad de Plata. Sin embargo, no vemos su nombre en obras de referencia o libros de texto.

Desde finales de los 70, empezaron a publicarse trabajos académicos y biografías sobre ella, reediciones de sus obras, y reportajes en  prensa y televisión. Con motivo del 150º Aniversario de su nacimiento, Colombine fue homenajeada en su tierra y en Madrid. Pero lamentablemente sigue siendo desconocida para la gente en general.

Con iniciativas de Roberto Cermeño, que en 2021 donó su colección de obras de Carmen de Burgos a la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y, este año, a la Biblioteca Patrimonial del Instituto Cervantes, Colombine se ha convertido en una escritora global. Está a un clic en internet y, a través de la consulta personal, en Alcalá de Henares.

Revive poco a poco para ocupar el sitio que le corresponde como brillante escritora y gran intelectual. Con esas iniciativas tan loables y actos como los del Ateneo, estamos evitando lo que podría haber sido la cuarta muerte de Colombine. @mundiario

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