A Coruña insiste en una idea poco común: promocionarse como un relato
Un romano a caballo recorriendo la playa de Riazor al atardecer no es una imagen turística al uso. Tampoco lo es ver a un personaje de otra época detenerse frente al mar y conversar con alguien que representa el presente. Las imágenes captadas durante el rodaje del nuevo spot de A Coruña no cuentan aún una historia cerrada, pero sí confirman una decisión clara: la ciudad insiste en promocionarse como un relato.
Puede parecer un matiz menor, pero no lo es. Durante años, la promoción turística se ha movido en un terreno previsible: planos bonitos, eslóganes intercambiables y una suma de “lo mejor de” que, con frecuencia, termina pareciéndose demasiado entre destinos. Frente a esa lógica de catálogo, A Coruña está apostando por otra cosa: un lenguaje narrativo, cinematográfico, con códigos culturales reconocibles y con margen para la ironía.
El antecedente es reciente y explica el contexto. En 2024, el spot Al Noroeste del Oeste, presentado en Fitur, utilizó el imaginario del wéstern para recorrer la ciudad a caballo y colocar su gastronomía en el centro del viaje. El vídeo tuvo un recorrido notable en visualizaciones y conversación pública, y sobre todo dejó una conclusión difícil de ignorar: cuando una ciudad se cuenta bien, se comparte mejor.
La época romana toma protagonismo
Ahora la fórmula se repite, pero no se copia. El nuevo proyecto cambia de género y se sumerge en la estética del peplum, con una ambientación inspirada en la época romana. Ese salto temporal no es un simple adorno: conecta con el origen de Brigantium y con un símbolo que, en términos de relato, pocas ciudades pueden igualar. La Torre de Hércules no solo es un monumento, es un argumento: el único faro romano del mundo aún en funcionamiento. No es un “atractivo” más; es una idea poderosa que permite construir significado.
En las escenas rodadas en Riazor —al atardecer, con el mar como horizonte y la playa como escenario natural— vuelve a estaral frente del proyecto, acompañado en escena de nuevo por Touruñán. La combinación es relevante por algo más que los nombres: aporta una complicidad que facilita el tono. No se trata de declamar una ciudad, sino de habitarla. Y eso cambia el resultado.
@mundistyle A Coruña se muestra al mundo. Imágenes del rodaje del relato de la ciudad con Javier Veiga y Touriñán.
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Hay algo significativo en que el mar aparezca, otra vez, como mucho más que un fondo. En la promoción turística tradicional, el paisaje suele utilizarse como prueba: “mira qué bonito”. En un relato, el paisaje funciona como sentido: “mira qué significa”. El plano del romano caminando por la orilla o mirando al horizonte, lejos de ser una postal, se convierte en una metáfora sencilla y efectiva sobre continuidad, memoria y futuro. Una ciudad es también la forma en que mira lo que tiene delante.
La apuesta por el cine como formato no es caprichosa. Las plataformas han acostumbrado al público a consumir historias con códigos audiovisuales cada vez más sofisticados, y eso ha cambiado también la manera en que viajamos: no solo buscamos lugares, buscamos imaginarios. En ese escenario, el vídeo turístico que enumera puntos de interés compite en desventaja frente a las piezas que construyen atmósfera, tono y personalidad. A Coruña parece estar jugando esa partida con una intuición poco común en lo institucional: entender que la identidad no se describe, se narra.
Del wéstern al peplum, lo más interesante no es la pirueta estética, sino la coherencia estratégica. Repetir la fórmula aquí no significa repetirse: significa insistir en una idea que funciona. Que una campaña turística puede permitirse una capa cultural sin volverse elitista. Que el humor puede convivir con el patrimonio sin convertirlo en decorado. Y que el espectador agradece que no le den todo mascado: que le dejen completar el sentido.
Con frecuencia, las ciudades se promocionan como si tuvieran miedo de perder al visitante por el camino, y por eso lo muestran todo. A Coruña está haciendo lo contrario: está eligiendo una narración que sugiere más de lo que enumera. Es una decisión arriesgada, porque exige confiar en el público, pero también es una decisión madura: solo las ciudades que se sienten seguras de sí mismas pueden permitirse hablar en voz baja.
Las imágenes del rodaje en Riazor no revelan aún el resultado final del nuevo spot. Pero, precisamente por eso, son interesantes: porque permiten observar el mecanismo antes de que se convierta en producto. Y lo que se ve es una voluntad clara de diferenciarse no por cantidad de atractivos, sino por calidad de relato. A Coruña, otra vez, está diciendo que no quiere ser solo un destino. Quiere ser una historia que merezca ser vista. @mundistyle

