Más allá del que dirán: la libertad de disfrutar sin acompañantes
María Hernando, de 26 años, cruza el control de seguridad sin mirar atrás. Está sola. Aunque sus amigas no pudieron acompañarla, no quiso perderse el concierto de uno de sus artistas favoritos. Dos horas antes de que el cantante aparezca en el escenario, María ya está en la pista. "Es el primer concierto al que voy sola y no me arrepiento en absoluto", afirma al diario El País. Ha superado el miedo a disfrutar del ocio en solitario, venciendo la barrera psicológica del juicio externo.
El caso de María no es aislado. Lucas Muñoz, en cambio, no logró dar ese paso. "Hablé con unas 15 personas para ir a un concierto, pero nadie pudo ni quiso venir conmigo. Al final me quedé sin ir", lamenta. Como él, muchas personas dejan de asistir a eventos por no contar con compañía, ya sea por vergüenza o por el miedo a ser vistos solos.
Según la psicóloga Lucía Camín, directora de Alcea Psicología, existen tres principales frenos para realizar actividades en solitario: la vergüenza, el miedo a enfrentar emociones incómodas y la conexión con la soledad no deseada. "La vergüenza es una emoción muy limitante que nos lleva a pensar que estamos haciendo algo incorrecto o que somos inadecuados", explica. Además, muchas personas evitan planes solos porque sienten que su soledad es un reflejo de la falta de lazos sociales.
¿Una percepción de aislamiento?
Culturalmente, el ocio está vinculado a lo grupal. "La sociedad de consumo es una sociedad de grupos", afirma Marc Barbeta, profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona. Sin embargo, el consumo digital y las redes sociales están transformando este paradigma. Plataformas como TikTok e Instagram permiten compartir experiencias individuales, suavizando la percepción de aislamiento.
Marc Martorell, conocido en redes como "Ruteando con Marco", ha encontrado en la tecnología una forma de normalizar su afición por viajar solo. Con más de 210.000 seguidores en TikTok y 18.000 en YouTube, comparte sus aventuras en solitario por el mundo. "Cuando voy a un país, siempre tengo esa sensación de incertidumbre, pero una vez que estoy allí, se me pasa", relata. Para él, viajar solo le permite mayor libertad y un contacto más directo con las culturas locales.
A pesar del arraigo social del ocio compartido, existen estrategias para vencer la reticencia a realizar actividades en solitario. Camín sugiere la "terapia de exposición", un proceso gradual que ayuda a superar la incomodidad inicial. "Se trata de elegir actividades que realmente nos gusten e ir aumentando el tiempo y la frecuencia de manera progresiva", recomienda.
Superar la primera experiencia en solitario puede marcar un antes y un después en la percepción del ocio. Aunque persiste la idea de que ciertas actividades deben ser compartidas, quienes han dado el paso, como María y Marc, coinciden en que la independencia también puede ser sinónimo de disfrute. La clave está en cambiar la mirada: no es soledad, es autonomía. @mundiario
