Gestión de conflictos familiares: 3 reglas esenciales

Cálida discusión entre pareja./ Kristin Baldeschwiler en Pixabay.
Cálida discusión entre pareja./ Kristin Baldeschwiler en Pixabay.
Lo que falta en las relaciones es el entrenamiento de habilidades relacionales y el desarrollo de competencias emocionales para que haya un equilibrio. ¿Qué hacer? 
Gestión de conflictos familiares: 3 reglas esenciales

Últimamente he escuchado la misma queja en la que las personas reportan tener conflictos familiares y no saben qué hacer para resolverlos.

Ante la denuncia recurrente, asocio el aumento de estos conflictos al período de cuarentena, donde las personas adaptaron su vida en el hogar y por eso están teniendo un contacto más cercano con sus hijos, cónyuge o familiares cercanos. Ante esto, ha habido un aumento significativo de las denuncias por desacuerdos y discordias, incluyendo agresiones psicológicas e incluso físicas.

Por el habla de las personas, tengo la impresión de que se están "descubriendo" a sí mismas en este período, ya que incluso aspectos, características y hábitos del otro parecen extraños, desconocidos y hasta absurdos. Las personas parecen estar “por un hilo”, en la máxima carga de estrés, demostrando una falta de gestión en las relaciones familiares. En ese escenario, también aumentaron los casos de violencia intrafamiliar, separación conyugal y conflictos con los propios familiares, incluidos los del cónyuge.

La pregunta que no quiere quedarse callada es: ¿las personas se llevaban bien pero no se conocían?

Todos sabemos que las relaciones son complejas y presentan constantes dificultades y desafíos.

Sin embargo, he observado que las personas rara vez asumen la responsabilidad de aceptar su parte en la dinámica enferma, siendo siempre el otro la persona con la que es difícil relacionarse. Para contextualizar este tema, hago una metáfora de una relación difícil como conducir un coche en una avenida muy transitada a las 19:00h.

Por allí transitan todo tipo de medios de transporte y no es raro que algunos de ellos no respeten reglas esenciales para la buena locomoción de todos, como el aumento de velocidad, maniobras peligrosas y límites de cruce. Incluso hay un dicho popular que dice que en algunas situaciones debemos conducir por nosotros mismos y por los demás para no poner en riesgo nuestra propia vida. También lo son las relaciones disfuncionales, donde una parte es "pasiva" y la otra "agresiva".

En algunos momentos, necesitamos tener la suficiente madurez del sistema relacional en su conjunto para que a partir de ahí haya una toma de conciencia y un posible aprendizaje a través del ejemplo práctico.

Lo que falta en las relaciones es el entrenamiento de habilidades relacionales y el desarrollo de competencias emocionales para que haya un equilibrio. Esto se debe a que en algunas relaciones podemos deshacernos de él, si es una relación abusiva, pero en otras relaciones necesitamos invertir en educación y el ejemplo clásico es el vínculo con los hijos.

Como decía antes, podemos deshacernos de las relaciones abusivas, como la del marido o la mujer, el familiar que no sale de su casa y que se entromete en todo, incluso imponiendo reglas en un lugar que no es el suyo.

¿Quién nunca tuvo?

El caso es que cuando decidimos compartir la vida con alguien y sobre todo si esta relación se desarrolla en matrimonio, tendremos que relacionarnos en mayor o menor grado con la familia de la esposa o del esposo. El paquete siempre viene con él y por eso insisto mucho en que la gente conozca no sólo a su futuro cónyuge, sino también su modelo de familia, cómo se comportan, cómo se relacionan entre sí. Es necesario saber en qué terreno estamos pisando y quién será la extensión de nuestra familia.

Sí, muchas veces tener una relación es circular por una avenida en hora punta, donde el preferido es el tuyo, pero el otro te adelanta a la mayor velocidad posible y aún así te toca la bocina al oído (dice lo que no debe) o hace algún gesto raro. (comportamiento disfuncional).

Pero, sea hijo, amigo, suegra, hermano, cuñado, pariente o adherente de 1°, 2° o 3° grado, siempre habrá alguien que no respete las reglas de la buena convivencia. ¿Qué hacer en estos casos? Hice 3 reglas esenciales.

1. Cultiva el diálogo

Dialoga, mostrando de manera respetuosa y empática que las reglas de tu casa las estableces tú y que es necesario definirlas y respetarlas. Como mencioné en un artículo anterior, el diálogo es tan importante que puede resolver un malentendido mientras delimita asertivamente a través de la comunicación no violenta lo que necesita ser definido. Desafortunadamente, hay personas poco educadas emocional y relacionalmente que sólo ven su “punto de vista” y que no son capaces de ponerse en el lugar del otro. Aun así, pon de tu parte, manteniendo tu equilibrio emocional y manteniendo una sana y respetuosa distancia con la persona “incomprensible”. Ella todavía tiene mucho que aprender.

2. Entrenamiento en asertividad

Esta es una competencia emocional y relacional infrautilizada. En general, las personas son pasivas, agresivas o pasivo-agresivas. La asertividad se puede entrenar y está directamente relacionada con la capacidad de comunicarse de manera eficiente, para expresar de manera clara, auténtica, resolutiva, proactiva, segura, directa y pacífica lo que se pretende transmitir al otro.

3. Sé tolerante, todos estamos aprendiendo

No hagas una tormenta en un vaso de agua, mira si estás siendo intolerante o catastrofizando la situación. La consigna es tener sentido común, ser tolerantes, flexibles para hacer acuerdos que puedan beneficiar a todos, haciendo lecturas ambientales de forma más racional y respetando los límites y el espacio del otro. La tolerancia es la capacidad de reconocer en el otro una alteridad igualmente legítima, donde desde esas diferencias tenemos la oportunidad única de mirar el mundo a través del lente del otro. @mundiario

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