Sempronio se ha dormido, la intensa poesía de Fernando Pastor-Mata

Sempronio se ha dormido es un libro que se desliza por unos poemas traspasados por un ritmo y una música que sugieren pertinencia y poética devoción.

Portada de "Sempronio se ha dormido" y retrato del autor.
Portada de "Sempronio se ha dormido" y retrato del autor.

Tras Ansiada del aire (Editorial Celesta, 2021), Fernando Pastor-Mata prosigue con la recuperación de su extensa obra inédita. Con Sempronio se ha dormido (Sapere Aude, 2022), nos ofrece otra muestra de su quehacer poético, esta vez tan distinta de la anterior como conectada con su corriente esencial, con su vocación apasionada.

El instinto experimentador que despliega este poeta audaz, y que tanto abundaba en su anterior libro, aquí se muestra algo más contenido, pero aun así encontramos bastantes muestras de atrevida creatividad, tanto a la hora de construir los versos, como en la forma de elegir las palabras, incorporando incluso algunos neologismos. Es una intrepidez que no resulta gratuita ni baldía si no que aporta un cierto cariz insólito a unos poemas, que, por otra parte, saben discurrir dentro de una irreprochable armonía, siempre adherida a un tono muy personal. Su poesía se nutre de los conocimientos culturales, de la presencia de la historia, de los mitos que habitan en el imaginario poético del autor; pero también de sus fuertes vivencias, de las distintas geografías que ha hollado con emoción, y de la fuerza de otras culturas incorporadas a su genuino sentimiento.

El libro consta de tres partes. Las dos primeras, “Metalario” y “Sempronio se ha dormido” ocupan la mayor parte de la obra y contienen numerosos puntos de confluencia, como alguna mención, en la segunda, de alguno de los metales que abundan en la primera. También es común la recurrencia de unos bien sentidos y expresados poemas de amor. En la segunda parte, tiene un peso especial la sombra de la finitud, expresada a través de diversas metáforas. La tercera, “Estaciones”, tiene una estructura y un tono diferentes al resto, un sentimiento más nostálgico y una actitud claramente inquisitiva frente a los misterios del mundo. No desdice en nada la calidad de las otras dos, sino que la mantiene, enriqueciéndola.

Son numerosos los poemas que me han gustado. La mayor parte son cortos, intensos y sencillos, aunque en ellos menudeen la referencia clásica o la conexión intercultural. Poemas redondos como “Insomnio”, que comienza con estos versos: “Abrí los ojos y oí tu suave respiro; / amar te hace dormir serena”; y termina: “Mi mano en tu cadera. Los cerré. / Al fin Ítaca”. O como “Encuentro”, en el que el poeta crea un curso siniestro que magistralmente desemboca en una luminosa revelación. Como también sucede, desde el principio, en “Imagen retratada”, un prodigio de minimalista arte de lo concreto como expresión de un sentimiento totalizador, un poema de seis versos que puedo transcribir íntegro aquí: “Tu sonrisa en tu cama / aún tu pecho; // Desnudaste el hombro fortuito / y tus párpados guardaron / los silencios con el ansia / de amor en su mirar”. O “Lácrima”, que ahora es el amor centrado en su vertiente de la compasión, en un ejercicio de empatía verdadera. O como el emotivo “Agone II”. En poemas como “Mirada”, el autor acierta a expresar el enigmático signo de una irreparable brevedad.

Me gustan también mucho los poemas dedicados a Lisboa, empezando por el que tiene por título el de esa ciudad. “Así que me tiré a las calles / igual que un puentigman / que ansiara adrenalina”. “Lisbon Coffee Break” me parece otra pieza impregnada de la saudade circundante, con un carpe diem casi dramático, agarrado fuertemente a lo inmediato frente a la peligrosa corriente de la vida. “Lisboa na Noite” es una insistencia en las significaciones de una noche, de la ausencia, del vacío capaz de borrar los más vigorosos contenidos de la existencia. “Nocturna” es el poema que culmina ese temor, con esa pregunta trascendental que a todos nos inquieta.

Como bien dice Juan Lozano Felices: “Este poemario incide en la transitoriedad y la finitud de todo aquello que vive y en la salvaguardia de la poesía como refugio, evocación y reflexión, quizás también consolación”. Sempronio se ha dormido es un libro que se desliza por unos poemas traspasados por un ritmo y una música que sugieren pertinencia y poética devoción. Con él, se confirma la valía de un autor que, pertrechado de su pericia, de su cultura y osadía, consigue expresar las claves de una profunda sensibilidad, mediante una explosiva contención que se ajusta plenamente al caudaloso flujo que empuja a escribir desde los resortes de lo auténtico.  @mundiario

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