EE UU y Rusia aceleran su plan para Ucrania mientras Europa intenta frenar las concesiones
La guerra de Ucrania ha entrado en una fase diplomática tan peligrosa como decisiva. El llamado plan de paz estadounidense-ruso, negociado inicialmente sin la participación de Kiev ni de las capitales europeas, ha tomado impulso pese a las profundas reservas de los aliados comunitarios. El documento, de 28 puntos, plantea exigencias de enorme calado: reducción drástica del ejército ucranio, renuncia expresa a entrar en la OTAN y cesión de parte del territorio ocupado por Moscú.
Aun así, este domingo Ginebra se convirtió en el centro de una negociación frenética. Allí se reunieron el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el jefe de gabinete de Volodímir Zelenski, Andrii Yermak, junto a delegaciones europeas. Rubio calificó el encuentro como “el más productivo” desde que comenzó el proceso, sugiriendo que el texto puede modificarse con aportaciones de todas las partes. Yermak, por su parte, insistió en que Ucrania solo aceptará un mapa político que garantice el fin real de la agresión y preserve los intereses vitales del país.
Sin embargo, la presión llega desde la Casa Blanca. Donald Trump, molesto por el intento ucranio y europeo de retocar el plan, arremetió en redes sociales contra Kiev —al que acusa de “ingratitud”— y contra Europa por seguir comprando petróleo ruso. Su ultimátum para cerrar el acuerdo antes del jueves ha generado indignación en las capitales comunitarias, que consideran la exigencia una maniobra inaceptable para tutelar el futuro de Ucrania.
Europa, relegada pero decidida a influir
Los gobiernos europeos, conmocionados por haber sido excluidos en la gestación del plan, han optado por asumirlo como base de trabajo para evitar una fractura estratégica con Washington, pero están decididos a introducir cambios de gran calado.
Sus principales objetivos son tres:
1. Garantías de seguridad reales para Ucrania, que impliquen un compromiso europeo directo ante una futura agresión rusa.
2. Evitar una desmilitarización excesiva, proponiendo mantener un ejército ucranio de unos 800.000 efectivos frente a los 600.000 que fija el borrador.
3. Suavizar o eliminar las exigencias de cesión territorial, que consideran una victoria geopolítica para el Kremlin.
Paralelamente, la UE quiere que los 180.000 millones de euros en activos rusos congelados se destinen íntegramente a Ucrania para su reconstrucción, no bajo un mecanismo gestionado por Washington que le otorgaría el 50% de los beneficios. El plan ruso-estadounidense, tal como está redactado, reserva solo una parte de esos recursos para Kiev bajo control estadounidense.
Alemania, Francia y el Reino Unido han enviado a sus principales asesores de seguridad a Ginebra. Según fuentes próximas a la negociación, el objetivo inmediato es ganar tiempo y evitar que Trump imponga un cierre precipitado. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha admitido que el plazo del jueves es “irreal” y que su equipo ha presentado una propuesta intermedia para mantener vivo el diálogo sin aceptar el texto actual.
La polémica creció este fin de semana cuando varios senadores estadounidenses revelaron que Rubio les habría dicho que la hoja de ruta era “de autoría rusa”. Las declaraciones desataron un terremoto político que obligó al secretario de Estado a matizar antes de partir hacia Suiza: el plan fue “escrito por Estados Unidos”, dijo, aunque incorpora sugerencias tanto de Ucrania como de Moscú.
Europa no ha ocultado su inquietud. El primer ministro polaco, Donald Tusk, fue tajante: antes de negociar sobre los 28 puntos, deben aclararse “quién redactó exactamente el documento y dónde se elaboró”. La sospecha de una influencia directa del Kremlin sobre un acuerdo que condicionaría la soberanía ucraniana multiplica las reservas.
Firmeza internacional y resistencias internas
La tensión diplomática se vio reflejada también en la cumbre del G-20 celebrada en Sudáfrica. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que ningún plan de paz puede permitir cambios territoriales por la fuerza ni exigir a Ucrania reducir su capacidad defensiva. Su mensaje, implícitamente dirigido a Washington, subraya la posición oficial europea de que la integridad territorial es innegociable.
En paralelo, Turquía ha anunciado que intentará reactivar el acuerdo de exportación de grano en el mar Negro, en una conversación prevista entre Recep Tayyip Erdogan y Vladímir Putin. La dimensión alimentaria es otro factor crítico para estabilizar cualquier escenario de posguerra.
Un final incierto bajo la sombra del calendario estadounidense
A menos de una semana del plazo impuesto por Trump, la sensación entre diplomáticos europeos es que el documento está lejos de un consenso real. El temor es que Washington utilice el acuerdo como una plataforma para salirse del conflicto en términos geopolíticos favorables, relegando a Europa y forzando a Ucrania a aceptar condiciones que debilitarían peligrosamente su futuro.
La guerra puede acercarse a un punto de inflexión. O se reescribe el plan de paz para hacerlo aceptable para Ucrania y sus aliados, o se corre el riesgo de consagrar un precedente histórico: el de un país obligado a ceder territorio y soberanía bajo la presión combinada de la mayor superpotencia del mundo y del agresor que lo invadió.
En este tablero, cada hora cuenta, y Ginebra se ha convertido en el escenario donde se decide no solo el destino de Ucrania, sino también la credibilidad estratégica de Europa en el siglo XXI. @mundiario


