¿Lista de deseos rusos? Europa intenta enmendar el plan de Trump para proteger a Ucrania
La cita de alto nivel en Ginebra (Suiza) ha puesto sobre la mesa un hecho que ha provocado estupor en las capitales europeas: Estados Unidos y Rusia elaboraron una hoja de ruta de 28 puntos para el fin de la guerra sin contar con Europa ni con Ucrania. Desde que se filtró el documento, descrito por críticos como una “lista de deseos” del Kremlin, Bruselas trabaja contrarreloj para introducir cambios que no solo den margen de maniobra a Kiev, sino que refuercen la arquitectura de seguridad del continente.
El plan contempla concesiones territoriales, limitaciones militares y la renuncia de Ucrania a cualquier aspiración de integración en la OTAN. Para los europeos, estas condiciones suponen un riesgo directo para el equilibrio estratégico en Europa oriental y, además, podrían sentar un precedente de legitimación de la fuerza en la reconfiguración de fronteras. De ahí la urgencia por enmendar el borrador antes de que se convierta en la posición formal de Washington en las negociaciones.
Las delegaciones de Francia, Alemania y el Reino Unido, junto a representantes de la UE, han llegado a la reunión con un objetivo claro: blindar a Ucrania. Las capitales europeas buscan incorporar compromisos que garanticen asistencia militar inmediata y mecanismos de disuasión ante una posible futura agresión rusa. Para ello, plantean eliminar cualquier referencia a una reducción del Ejército ucraniano o de sus capacidades defensivas.
Otro punto clave es la cuestión territorial. Europa pretende suavizar o eliminar las cláusulas que obligan a Kiev a entregar zonas ocupadas —en especial Donbás y Crimea—, una exigencia del plan que Kiev ha calificado abiertamente como una capitulación.
Además, Bruselas exige que los activos rusos congelados en la UE —unos 180.000 millones de euros, principalmente en Bélgica— se destinen plenamente a la reconstrucción y compensación ucrania, no bajo un esquema dominado por Washington que, según el borrador, obtendría el 50% de los beneficios generados.
Washington intenta contener la polémica: Rubio reafirma la autoría estadounidense
A la tensión política se ha sumado un factor inesperado: varios senadores estadounidenses afirmaron que el secretario de Estado Marco Rubio reconoció que el plan había sido básicamente escrito por Rusia. La polémica estalló a pocas horas de la cita en Suiza y obligó al alto funcionario a emitir una aclaración tajante en su perfil de X: el plan —dijo— fue “escrito por Estados Unidos”, aunque con “aportaciones” rusas y ucranianas.
Este desmentido llega en un momento delicado, cuando Trump ha dado a Zelenski solo una semana para aceptar la propuesta, aunque después matizó que ese límite podría flexibilizarse. Entre tanto, desde el propio Senado se han multiplicado las críticas: algunos legisladores comparan la propuesta con el Pacto de Múnich de 1938 y advierten de que legitima la toma por la fuerza y deja a Ucrania expuesta.
La delegación ucraniana, encabezada por el jefe de Gabinete Andrii Yermak, ha iniciado la jornada reuniéndose con asesores de Reino Unido, Francia y Alemania. Antes del encuentro con Marco Rubio, Yermak reiteró que Kiev busca un enfoque “constructivo” para lograr una “paz duradera y justa”, pero sin aceptar condiciones que perpetúan la vulnerabilidad del país.
Volodímir Zelenski, que ha mostrado disposición a estudiar la propuesta pero rechaza los puntos innegociables, insiste en que el objetivo sigue siendo detener el derramamiento de sangre sin hipotecar la futura seguridad de Ucrania. Para el presidente ucraniano, cualquier plan que impida reconstruir unas fuerzas armadas capaces de disuadir a Moscú es simplemente inaceptable.
Europa reacciona: preservar su papel y evitar una paz impuesta
Las capitales europeas se sienten desplazadas en un asunto que consideran central para su seguridad. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, lo expresó con claridad al afirmar que la Unión Europea debe estar “en el corazón del esfuerzo para garantizar la paz en Ucrania”. Su mensaje subraya una preocupación mayor: que la negociación derive en un acuerdo rápido, funcional para Washington y Moscú, pero estructuralmente débil y peligroso para Europa.
Los aliados presentes en la cumbre del G-20 en Sudáfrica ya anticiparon esta inquietud con una declaración conjunta: el borrador, tal como está, “dejaría a Ucrania vulnerable”. Esa advertencia refleja un consenso creciente en Europa de que una paz precaria podría terminar en un nuevo ciclo de agresión ruso, con consecuencias imprevisibles para el continente.
La reunión de Ginebra no resolverá la guerra, pero sí define el marco en el que se desarrollará la negociación real. Washington busca un avance diplomático rápido, Moscú pretende obtener garantías estratégicas y territoriales, Europa quiere evitar que sus intereses se vean relegados, y Kiev intenta no negociar desde la posición de debilidad.
En este tablero, el esfuerzo europeo por enmendar el plan y ofrecer un contrapeso a la iniciativa ruso-estadounidense será determinante. Bruselas aspira a transformar una propuesta muy cuestionada en un punto de partida que no comprometa su seguridad ni la supervivencia del Estado ucraniano. @mundiario


