Von der Leyen pide a Serbia que elija su camino: con Europa o con Moscú

En una visita clave a Belgrado, la presidenta de la Comisión Europea instó al presidente Vucic a dar pasos concretos hacia el Estado de derecho y una mayor alineación con la política exterior europea.
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Aleksandar Vucic, presidente de Serbia. / @avucic
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea y Aleksandar Vucic, presidente de Serbia. / @avucic

La gira Ursula von der Leyen por los Balcanes Occidentales tuvo su parada más delicada en Serbia. En Belgrado, la presidenta de la Comisión Europea se reunió con el mandatario Aleksandar Vucic para abordar el estancado proceso de adhesión a la Unión Europea y la creciente distancia entre Bruselas y Moscú.

La mandataria comunitaria instó a Serbia a acelerar su integración europea, a reforzar el Estado de derecho y a concretar su postura con Rusia en un contexto geopolítico cada vez más polarizado.

Von der Leyen recordó que “hace casi dos décadas Serbia decidió incorporarse a la Unión Europea, no como un cálculo estratégico, sino como la expresión sincera del deseo de su pueblo”. Sin embargo, advirtió de que la paciencia de Bruselas tiene límites. “Es momento de ver avances concretos, especialmente en la independencia judicial, la libertad de prensa y la aplicación efectiva de las reformas electorales”, señaló la jefa del Ejecutivo comunitario.

El discurso de la alemana llega en un momento en que Serbia vive una prolongada oleada de protestas reprimidas que se acercan a su primer aniversario. Las manifestaciones, desencadenadas por el colapso de una estación de tren en 2024 que dejó 16 muertos, derivaron en un amplio movimiento ciudadano que exige transparencia, justicia y reformas políticas profundas ante la corrupción.

La Comisión Europea ha seguido de cerca la situación y considera que la gestión de las protestas será una prueba de fuego para el compromiso del Gobierno serbio con los valores europeos. “Es el momento de fortalecer los cimientos de una democracia sólida y eficaz. La UE está dispuesta a apoyarles e invertir todos sus esfuerzos en ese sentido”, subrayó Von der Leyen, en referencia al respeto a la libertad de expresión y de reunión.

“Vivimos en un mundo cada vez más fragmentado, donde la brecha entre democracias y autocracias se amplía. La posición de la UE es clara: defendemos la libertad frente a la represión, el derecho a la reunión pacífica, la asociación frente a la dominación y la diplomacia frente a la agresión”, destacó.

Vucic, por su parte, defendió la actuación de las fuerzas de seguridad y negó un uso excesivo de la fuerza. “Serbia es campeona en libertad de reunión”, afirmó con ironía, asegurando que el Gobierno ha protegido miles de concentraciones “no registradas”.

La cuestión rusa: el punto de fricción más sensible

Más allá de las reformas internas, el punto más espinoso para Bruselas sigue siendo la política exterior serbia. Von der Leyen pidió un mayor alineamiento con las posiciones de la UE, incluidas las sanciones contra Rusia. Actualmente, Serbia mantiene una sintonía del 61 % con la diplomacia comunitaria, pero se resiste a adoptar medidas que afecten sus lazos históricos y energéticos con Moscú.

El dilema se intensifica por la dependencia energética de Serbia respecto al gas ruso y por la inminente expiración del contrato bilateral a finales de año. La presión europea apunta a que Belgrado diversifique sus fuentes y se sume a las medidas adoptadas tras la invasión rusa de Ucrania, algo que Vucic intenta equilibrar con los vínculos estratégicos que su país mantiene con Moscú y China.

Durante su visita, Von der Leyen reconoció algunos avances en materia electoral y mediática, como la actualización del registro de votantes y la designación del Consejo Regulador de Medios (REM). “Es un buen primer paso”, admitió, aunque recordó que la verdadera medida del progreso será “la implementación real” de esas reformas. Invitó, además, a Vucic a acudir a Bruselas el próximo mes para revisar los resultados.

No obstante, el escepticismo persiste. Desde la oposición serbia, figuras como el exalcalde de Belgrado Dragan Đilas, del Partido Libertad y Justicia, calificaron las declaraciones de la presidenta europea como “un ejercicio diplomático vacío”. Otros líderes opositores advirtieron de que la falta de una posición firme de Bruselas frente a la represión podría debilitar el atractivo del proyecto europeo dentro del país.

El mensaje de la presidenta de la Comisión Europea combina aliento y advertencia. Bruselas sigue viendo a Serbia como un socio esencial en los Balcanes, pero también como un actor que debe definirse en un tablero internacional cada vez más marcado por las lealtades geopolíticas. @mundiario

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