Crecen las tensiones en Serbia: protestas, violencia y un Gobierno atrincherado

El presidente Vucic endurece su tono y acusa a los jóvenes manifestantes de cometer “terrorismo puro” en medio de una semana de violentos enfrentamientos entre los estudiantes y la policía, a nueve meses de la tragedia de Novi Sad.
Aleksandar Vucic, primer ministro de Serbia. / X
Aleksandar Vucic, primer ministro de Serbia. / X

La espiral de manifestaciones en Serbia tras la tragedia de Novi Sad se intensifica y deja en evidencia la intransigencia del Gobierno, que responde con mano dura mientras los reclamos ciudadanos escalan en las calles.

Las ciudades de Belgrado, Valjevo y Novi Sad se han convertido en el epicentro de un estallido social que parece no tener freno. Lo que comenzó como marchas estudiantiles pacíficas tras la tragedia de la estación ferroviaria de Novi Sad, donde murieron 16 personas por el colapso de una estructura, ha derivado en enfrentamientos violentos, incendios y acusaciones cruzadas entre manifestantes y autoridades.

Los disturbios de este fin de semana estallaron en Valjevo, a 100 kilómetros de la capital, cuando un grupo de jóvenes encapuchados lanzó bengalas contra la sede del Partido Progresista Serbio (SNS), provocando un incendio que marcó un punto de inflexión en la protesta. La policía respondió con gas lacrimógeno y cargas, mientras los manifestantes replicaban con piedras, botellas y más bengalas. Según el Ministerio del Interior, al menos un agente resultó herido y la lista de detenidos continúa creciendo.

El trasfondo de esta crisis radica en una desconfianza acumulada. La tragedia de Novi Sad, atribuida por muchos a la corrupción en proyectos de infraestructura, desató un malestar que se tradujo en protestas pacíficas durante meses. Sin embargo, las imágenes recientes de un joven brutalmente golpeado por la policía en Valjevo intensificaron la indignación y reforzaron la narrativa de un gobierno que responde con represión antes que con diálogo, lo que ha derivado en un enfrentamiento directo contra las autoridades.

En respuesta, el presidente Aleksandar Vucic ha endurecido su discurso. En un mensaje difundido en redes sociales afirmó que “las máscaras han caído y todo el mundo ha visto las reacciones histéricas y la violencia”. Más tarde, en una intervención televisiva, acusó a los manifestantes de cometer “terrorismo puro” y de ser parte de un plan extranjero para destruir a Serbia. “Nuestro país está en grave peligro... A menos que tomemos medidas más duras, es cuestión de días cuando ellos (los manifestantes) matarán a alguien”, advirtió.

La retórica presidencial contrasta con los reclamos en las calles. Los manifestantes, en su mayoría estudiantes, insisten en que la salida a la crisis es la convocatoria de elecciones anticipadas. Por su parte, el ministro del Interior, Ivica Dacic, también adoptó un tono severo con el que prometió “más detenciones” y aseguró que “todos aquellos que hayan violado la ley serán arrestados”. Sus declaraciones coincidieron con reportes de edificios públicos y sedes judiciales dañados durante las manifestaciones, lo que ha servido de justificación para una escalada represiva.

A nivel internacional, las advertencias no se hicieron esperar. El secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset, ha instado a “mantener la calma y el respeto al derecho de reunión pacífica”, recordando a Serbia sus compromisos con los estándares europeos. El llamamiento adquiere especial relevancia dado que el país busca ingresar a la Unión Europea, aunque Vucic ha mantenido una política de equilibrio entre Bruselas, Moscú y Pekín.

Las protestas han expuesto un punto de quiebre. Por un lado, una ciudadanía que exige responsabilidades y transparencia tras una tragedia que consideran evitable. Por otro, un Gobierno que interpreta las manifestaciones como un ataque a su legitimidad y responde con un discurso nacionalista y acusaciones externas.

La dinámica actual en Serbia revela una tensión latente que trasciende la coyuntura de Novi Sad. Los enfrentamientos y la violencia que se repiten noche tras noche ponen en evidencia no solo el desgaste de un Gobierno cada vez más cuestionado, sino también el riesgo de una crisis política de mayor envergadura si no se abren canales de negociación. @mundiario

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