La unidad europea: la prueba de la UE para no quedar al margen en Ucrania sin ceder ante Trump

Los ministros de Exteriores coincidieron en que la única vía para una paz duradera pasa por fortalecer la posición de Kiev en el terreno militar y económico, no por aceptar las condiciones del Kremlin.
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. / Consejo Europeo
Kaja Kallas, Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. / Consejo Europeo

Los gobiernos europeos se enfrentan a una nueva prueba de cohesión estratégica ante el giro diplomático de Washington. Tras la tensa reunión entre Donald Trump y Volodímir Zelenski, en la que el presidente estadounidense sugirió una cesión territorial a Moscú, la Unión Europea ha respondido reafirmando su compromiso con Kiev. Los ministros de Exteriores, reunidos en Luxemburgo, coincidieron en que la única vía para una paz duradera pasa por fortalecer la posición ucraniana en el terreno militar y económico, no por aceptar las condiciones del Kremlin.

La posición europea marca un contraste con la estrategia de Trump, más centrada en acelerar un alto el fuego que en preservar la integridad territorial de Ucrania. La alta representante para Política Exterior, Kaja Kallas, subrayó que desde Bruselas “apreciamos los esfuerzos del presidente Trump para llevar la paz a Ucrania, pero Putin solo negociará en serio si cree que está perdiendo (la guerra)”, recordando que “no vemos que Rusia quiera la paz”.

Esa línea es compartida por la mayoría de los Estados miembros, que buscan fórmulas financieras y militares para sostener a Kiev ante un cada vez más claro repliegue estadounidense del bloque occidental de respalda al país invadido. Por ello, Kallas insistió en que la UE tiene que agilizar y elevar las medidas de apoyo a Kiev.

Entre las medidas sobre la mesa figura el uso de los 140.000 millones de euros en activos rusos congelados por sanciones, una propuesta impulsada por la Comisión Europea para ofrecer a Ucrania un préstamo de reparación sin intereses. El plan, respaldado por la mayoría de los países, encuentra aún reticencias en Bélgica, que teme repercusiones legales si se ejecutan esos fondos sin garantías conjuntas. La cumbre europea de esta semana en Bruselas será decisiva para avanzar en esta iniciativa.

La cumbre de Trump y Putin en Hungría

Mientras tanto, los líderes de la coalición de voluntarios —una alianza encabezada por el Reino Unido y Francia para reforzar la seguridad ucraniana tras un posible alto el fuego— se reunirán en Londres con Zelenski para explorar nuevas vías de cooperación militar. Kiev, que salió de Washington sin los misiles de crucero Tomahawk que esperaba, deposita ahora sus expectativas en Europa, convertida en su principal sostén.

La reunión de Trump y Putin prevista en Budapest, a instancias del primer ministro húngaro Viktor Orbán, añade tensión al tablero europeo. Que el líder ruso —sobre quien pesa una orden del Tribunal Penal Internacional— pise suelo de la UE es motivo de incomodidad para varias capitales. “La presencia de Putin en suelo de la UE solo tiene sentido si permite un alto el fuego inmediato sin condiciones”, advirtió el ministro francés Jean-Noël Barrot.

En el foro World in Progress, celebrado en Barcelona, el ministro de Defensa de Estonia, Hanno Pevkur, alertó de que la amenaza rusa ya no es regional, sino continental, e instó a los países europeos a elevar su gasto en defensa hasta el 3,5 % del PIB.

“La lección que aprendemos es que todos tenemos que estar preparados, porque estar en Barcelona no quiere decir que los misiles balísticos no vayan a llegar: apenas tardarán 20 minutos más”, insistió el ministro estonio sobre la percepción en los países bálticos, nórdicos y del Este sobre que en el sur de Europa la amenaza de Rusia no es compartida por sus gobiernos.

Respaldado por el exministro alemán de Asuntos Especiales, Wolfgang Schmidt, el mensaje de Pevkur apunta a una conclusión compartida por muchos en Bruselas: Europa debe asumir su papel como garante de seguridad en un contexto en el que EE UU parece replegarse.

La respuesta de la UE a la presión de Trump y a la agresividad de Moscú definirá no solo el futuro de Ucrania, sino el equilibrio de poder en Europa. Bruselas encara una disyuntiva histórica: reforzar su autonomía estratégica o resignarse a depender de decisiones ajenas que no siempre responden a su visión de estabilidad y seguridad continental. @mundiario

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