Trump rebaja el tono: armas para Ucrania, pero “no deben atacar Moscú”
El presidente estadounidense Donald Trump ha moderado sus declaraciones sobre el conflicto entre Ucrania y Rusia, particularmente en lo referente a la entrega de armamento de largo alcance que permitiría a Kiev atacar en profundidad territorio ruso. Aunque el lunes amenazó a Moscú con aranceles punitivos si no se avanza hacia un acuerdo de paz en un plazo de 50 días, el martes dejó claro ante los medios que su gobierno “no está buscando hacer eso” en referencia a dotar a Ucrania con armas capaces de alcanzar ciudades como Moscú o San Petersburgo.
Este giro ocurre en un momento delicado, mientras Ucrania espera con urgencia el refuerzo militar prometido y Rusia intensifica su ofensiva aérea con ataques masivos que han sobrepasado la capacidad defensiva ucraniana, dejando decenas de muertos.
Según repotes del Financial Times y The Washington Post, durante una llamada telefónica en junio, Trump habría preguntado al presidente Volodímir Zelenski si Ucrania consideraría atacar Moscú o San Petersburgo en caso de recibir armamento estadounidense de largo alcance. La respuesta de Zelenski, según las fuentes citadas por ambos medios, fue afirmativa, pero condicionada a que EE UU suministrara dicho arsenal.
Cuando se le consultó directamente al respecto esta semana, Trump zanjó el tema con un claro: “No, no debería atacar Moscú”. Posteriormente, su portavoz Karoline Leavitt calificó el reportaje como un caso de “palabras sacadas completamente de contexto”, y aseguró que el presidente solo formuló una pregunta, sin alentar ninguna acción ofensiva. “Trump trabaja incansablemente para terminar con esta guerra, no para escalarla”, señaló.
50 días: ¿plazo razonable o margen para Putin?
Uno de los puntos que más controversia ha generado en Washington es el ultimátum de 50 días que Trump dio a Vladímir Putin para que avance hacia una resolución del conflicto, bajo la amenaza de enfrentar “aranceles severos” del 100 % sobre sus bienes y socios comerciales. Aunque el presidente ha defendido el plazo al afirmar que “50 días no es mucho”, también indicó que podría actuar antes si no ve avances. Ante la duración del término, varios legisladores, tanto demócratas como republicanos, han expresado su preocupación.
Los senadores Thom Tillis (republicano por Carolina del Norte) y Jeanne Shaheen (demócrata por Nuevo Hampshire), líderes del Grupo Observador del Senado ante la OTAN, advirtieron de que ese tiempo podría ser aprovechado por Putin para ganar más territorio y mejorar su posición negociadora, incluso a costa de más víctimas civiles. “El retraso podría darle a Rusia ventaja militar o diplomática”, dijo Tillis.
A pesar de que el mandatario ha rebajado las expectativas, y aunque el envío directo de armamento avanzado por parte de EE UU sigue en entredicho, Trump finalmente ha dado un paso concreto al permitir que la OTAN adquiera armas estadounidenses y las entregue a Ucrania. Esta fórmula intenta esquivar las críticas internas sobre una implicación militar directa, al mismo tiempo que sigue brindando apoyo a Kiev.
Sin embargo, no está claro cuán efectiva será esta estrategia ni si logra compensar el rezago acumulado en el suministro de ayuda militar. Ucrania continúa sufriendo ataques aéreos masivos que han destruido infraestructura crítica y causado numerosas bajas civiles.
Presión arancelaria, entre la amenaza y la disuasión
Además del armamento, Trump ha apostado por la presión económica. Su amenaza de imponer aranceles del 100% a los socios comerciales de Rusia es parte de su paquete de sanciones si Putin no accede a negociar. Incluso existe un proyecto de ley en el Senado que propone aranceles aún más altos —hasta el 500%— para los países que sigan comprando energía rusa.
No obstante, Trump ha minimizado la diferencia. “A cierto punto, no importa cuán alto sea el arancel; el 100% cumple la misma función”, afirmó. Este enfoque ha llevado al líder de la mayoría en el Senado, John Thune, a poner en pausa el proyecto legislativo mientras se evalúan los efectos de las medidas anunciadas por la Casa Blanca.
Esta postura ha despertado tanto críticas como elogios dentro del Partido Republicano. Algunos lo ven como una estrategia prudente para contener el conflicto sin arriesgarse a que el Kremlin deje las conversaciones; otros lo interpretan como ambigüedad, que ha sido explotada por Moscú para ganar tiempo y terreno.
En cualquier caso, el plazo corre. Las próximas semanas pondrán a prueba no solo la efectividad de las amenazas económicas y los canales de ayuda indirecta, sino también la determinación de Washington de influir decisivamente en el curso de la guerra. @mundiario


