Trump y Putin se citan en Budapest: ¿renovación para el diálogo o nueva fase de apaciguamiento?
El presidente de EE UU, Donald Trump, anunció que viajará próximamente a Budapest para reunirse con Vladímir Putin en un nuevo intento de encauzar el diálogo sobre la guerra en Ucrania. El anuncio se produjo tras una llamada que el mandatario estadounidense definió como “larga y productiva”, y que se da en un momento de renovadas tensiones, frustraciones acumuladas y señales contradictorias entre Washington, Moscú y Kiev.
Según explicó el propio Trump en su plataforma Truth Social, la conversación telefónica abordó tanto la situación en Ucrania como el comercio bilateral y la cooperación futura “una vez finalizado el conflicto”. También reveló que Estados Unidos y Rusia designarán delegaciones de alto nivel para reuniones preparatorias encabezadas por el secretario de Estado, Marco Rubio y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. “Creo que hoy hemos dado un gran paso adelante”, escribió el presidente.
La iniciativa llega un día antes de la visita del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a la Casa Blanca. El encuentro con el líder ruso se percibe como un intento de Trump por reactivar su papel de mediador internacional tras el éxito diplomático que reivindica con su alto el fuego en Gaza, pero también como una maniobra arriesgada, dado el estancamiento de las negociaciones previas y el aumento de ataques rusos sobre Ucrania.
Moscú, por su parte, presentó la conversación como una charla “extremadamente franca y confidencial”. Yuri Ushakov, asesor del Kremlin, aseguró que Putin volvió a advertir a Trump de que el eventual envío de misiles Tomahawk a Ucrania “no cambiaría el curso de la guerra, pero dañaría gravemente las relaciones ruso-estadounidenses”. Según Ushakov, la idea de reunirse en Budapest partió del propio Putin, convencido de que “Rusia conserva la iniciativa estratégica”, pese al estancamiento de su ofensiva militar y las crecientes bajas en el frente.
La elección de Hungría como sede no es casual. El país, bajo el liderazgo del primer ministro Viktor Orbán, mantiene una relación ambigua con Moscú, ha bloqueado varias ayudas militares europeas a Kiev y ha decidido abandonar el Estatuto de Roma. Budapest ofrece así un terreno diplomático simbólico: un espacio neutral, pero políticamente cercano al Kremlin, que podría favorecer la narrativa rusa de búsqueda de diálogo sin compromisos sustanciales.
La reunión se celebraría apenas meses después del encuentro entre ambos mandatarios en Alaska, que concluyó sin avances concretos. Desde entonces, Rusia ha intensificado sus ataques contra infraestructuras ucranianas y ha lanzado drones sobre diversas ciudades europeas, en una escalada que muchos observadores interpretan como un intento de ganar ventaja antes de nuevas conversaciones.
La Casa Blanca ha reconocido que el presidente Trump ha mostrado “frustración” ante la falta de señales constructivas por parte del Kremlin. Al mismo tiempo, el mandatario enfrenta presiones internas: un grupo bipartidista del Congreso le ha instado a aprobar el envío de misiles Tomahawk, reforzar las sanciones a Rusia y aumentar la asistencia militar a Ucrania. La estrategia, argumentan los legisladores, sería coherente con el enfoque de “paz a través de la fuerza” que Trump defiende desde su campaña.
Zelenski, por su parte, llega a Washington con el objetivo de asegurar más apoyo militar y diplomático. Fuentes ucranianas aseguran que el “tema principal” de su reunión con Trump será precisamente la posible entrega de misiles de crucero. “A Ucrania le gustaría tenerlos”, dijo el mandatario estadounidense días atrás, insinuando que podría utilizar el anuncio como herramienta de presión frente a Putin: “Quizás tenga que hablar con Rusia sobre los Tomahawk. ¿Quieren ver misiles así dirigiéndose hacia su país? No lo creo”.
Sin embargo, diversos analistas interpretan el anuncio de la cumbre en Budapest como una maniobra táctica de Moscú. Tras meses de evitar un diálogo directo y aumentar los ataques aéreos, Rusia podría estar buscando nuevamente dar la impresión de apertura diplomática para frenar sanciones adicionales y ganar tiempo en el frente. Bloomberg citó fuentes según las cuales las llamadas con Trump “convencieron a Putin de que podía intensificar los bombardeos sin provocar una reacción inmediata de Washington”.
Hungría, además, ofrece a Putin una ventaja logística y política: su Parlamento aprobó este año la retirada del país de la Corte Penal Internacional (CPI), lo que permitiría al líder ruso viajar allí pese a la orden de arresto emitida en 2023 por la deportación de menores ucranianos. El primer ministro Orbán celebró en X el anuncio del encuentro como “una gran noticia para los amantes de la paz del mundo”, reafirmando la disposición de su gobierno a acoger la reunión.
Mientras tanto, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha advertido a la OTAN que impondrá “costes significativos” a Rusia si no muestra avances hacia un alto el fuego. No obstante, Trump mantiene abierta la posibilidad de que Putin y Zelenski lleguen a reunirse cara a cara, aunque no hay señales concretas de que el Kremlin esté dispuesto a ello.
El próximo encuentro en Budapest —si se confirma— podría representar un nuevo capítulo en la cambiante relación entre Washington y Moscú: un intento de revivir un diálogo diplomático que se ha convertido en un tablero de cálculo estratégico. @mundiario





