Trump logra destrabar su ambicioso plan fiscal en el Congreso: ¿podrá ser aprobado?

Concesiones clave y presión interna permiten al presidente de EE UU avanzar su paquete económico en el Comité de Presupuesto, pero los republicanos disidentes advierten de que exigirán recortes gubernamentales más severos.
Donald Trump, presidente de EE UU. / @POTUS.
Donald Trump, presidente de EE UU. / @POTUS.

El domingo por la noche, en una sesión poco habitual, el Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes de EE UU aprobó —por un estrecho margen de 17 a 16 votos— la propuesta económica estrella del presidente Donald Trump. El proyecto, que contempla recortes fiscales masivos y aumentos sustanciales en gasto militar y de seguridad fronteriza, había sido bloqueado apenas dos días antes por un grupo de republicanos conservadores inconformes con el nivel de recorte al gasto público.

Sin embargo, tras un fin de semana de intensas negociaciones entre líderes republicanos, miembros de la Casa Blanca y los legisladores disidentes de ala dura, el proyecto superó ese primer escollo, aunque aún enfrenta resistencias internas y un futuro incierto en el Senado.

La iniciativa, que busca extender los recortes fiscales de 2017 impulsados por Trump, incluye también reducciones impositivas para propinas y horas extras —cumpliendo así promesas de campaña— y una fuerte expansión del gasto en defensa e inmigración. Para financiar estas medidas, el plan recorta partidas en programas como Medicaid, asistencia alimentaria y créditos fiscales para energías limpias.

Según estimaciones independientes, el impacto neto podría aumentar la deuda pública estadounidense entre 3 y 5 billones de dólares en la próxima década. La Oficina Presupuestaria del Congreso, sin embargo, aún no ha publicado un análisis oficial del proyecto.

¿Cómo se logró destrabar el bloqueo?

La clave estuvo en el cambio de postura de cuatro republicanos conservadores que el viernes habían votado en contra: Ralph Norman (Carolina del Sur), Chip Roy (Texas), Andrew Clyde (Georgia) y Josh Brecheen (Oklahoma). El domingo votaron “presente”, permitiendo así que el proyecto avanzara sin respaldarlo formalmente.

Aunque los detalles específicos de los cambios negociados no fueron divulgados públicamente, Roy y Norman confirmaron que se lograron compromisos para adelantar los requisitos laborales necesarios para ser beneficiario de Medicaid, que originalmente estaban programados para 2029 en el documento inicial, y para reducir anticipadamente las exenciones fiscales a proyectos de energía limpia de la era de Joe Biden.

Sin embargo, varios de estos legisladores dejaron en claro que las modificaciones fueron solo un primer paso. “El proyecto aún no está a la altura del momento”, escribió Roy en X (antes Twitter), quien advirtió de que seguirán presionando por mayores recortes antes de la votación en el pleno.

Una negociación compleja, aún lejos del final

La opacidad con la que se cerraron estos acuerdos generó críticas dentro del propio comité. El demócrata Brendan Boyle (Pensilvania) pidió transparencia sobre los “acuerdos paralelos” alcanzados con los disidentes, a lo que el presidente del comité, el republicano Jodey Arrington (Texas), respondió que “las deliberaciones siguen abiertas” y que “no hay cambios formales o finales” aún.

Este matiz es importante: el proyecto ahora pasa al Comité de Reglas, donde pueden incorporarse enmiendas adicionales. El presidente de la Cámara, Mike Johnson, fijó como objetivo someter el texto a votación en el pleno antes del feriado del Día de los Caídos, el 26 de mayo.

La aprobación inicial no ha disipado las preocupaciones sobre el impacto del plan en la deuda nacional, que recientemente superó los 36 billones de dólares. La calificadora de riesgos Moody's, en su decisión del viernes de rebajar la calificación crediticia de EE UU, citó precisamente el creciente déficit como una fuente estructural de riesgo, proyectando que la deuda alcanzará el 134 % del PIB para 2035.

Mientras tanto, voces moderadas dentro del Partido Republicano, especialmente en el Senado, expresan reservas sobre los recortes a Medicaid y la asistencia alimentaria, que afectarán a sus comunidades. Algunos advierten que podrían impactar negativamente a los votantes de bajos ingresos que respaldaron a Trump en las elecciones, cuya fidelidad será clave en los próximos comicios legislativos de medio término en 2026, cuando se reconfigurará la composición del Congreso, lo que podría hacer perder a los republicanos su estrecha mayoría.

¿Es sostenible el plan?

La Administración Trump ha defendido el paquete con el argumento de que impulsará el crecimiento económico, lo que, según afirman, compensará el aumento del déficit. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, desestimó la advertencia de Moody's y aseguró que el crecimiento derivado del plan "superará la deuda generada".

Sin embargo, el historial no favorece esta tesis. La CBO estima que los recortes fiscales de 2017, aún considerando su impacto económico positivo, sumaron cerca de 1,9 billones de dólares al déficit en una década. Economistas no partidistas advierten de que repetir esta estrategia sin una fuente clara de ingresos puede agravar la vulnerabilidad fiscal del país.

El avance del plan económico de Trump en el Comité de Presupuesto representa una victoria táctica, pero no estratégica. El éxito fue posible gracias a concesiones puntuales y negociaciones a puertas cerradas, que aún deben traducirse en cambios formales en el texto legislativo. El proyecto enfrenta un camino complejo en la Cámara y una resistencia probable en el Senado, donde se requerirá un mayor consenso y posiblemente una reformulación significativa. @mundiario

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