Trump plantea reunirse con Kim Jong-un para desescalar tensiones: ¿revancha diplomática?

El presidente de EE UU abre la puerta a un nuevo acercamiento con Pyongyang mientras intenta comenzar con buen pie la relación con Corea del Sur tras la llegada al poder del liberal Lee Jae-myung.
Lee Jae Myung, presidente de Corea del Sur y Donald Trump, presidente de EE UU. / White House
Lee Jae Myung, presidente de Corea del Sur y Donald Trump, presidente de EE UU. / White House

El presidente de EE UU, Donald Trump, declaró que desea reunirse este año con el líder norcoreano Kim Jong-un, en lo que sería un nuevo intento por reabrir los puentes diplomáticos con Corea del Norte. El anuncio se produjo durante la visita oficial del presidente surcoreano, Lee Jae Myung, a la Casa Blanca, un encuentro que inicialmente se perfilaba como tenso tras las críticas de Trump al Gobierno de Seúl, pero que sorprendentemente terminó en un tono más cordial.

Trump señaló ante los medios que está dispuesto a negociar con Kim "en el futuro apropiado", retomando así una estrategia que ya marcó su primer mandato (2017-2021), cuando buscó sin éxito alcanzar un acuerdo que limitara el programa nuclear norcoreano. La diferencia ahora es que Pyongyang ha intensificado sus pruebas militares y Kim ha prometido acelerar el desarrollo de su arsenal atómico, mientras rechaza cualquier intento de acercamiento con Corea del Sur y la Casa Blanca.

En paralelo, Corea del Norte calificó los ejercicios militares conjuntos entre Washington y Seúl como evidencia de que Estados Unidos mantiene la intención de “ocupar la península”. El fin de semana, Kim supervisó personalmente el lanzamiento de nuevos sistemas de defensa aérea, un gesto que reafirma la desconfianza norcoreana hacia cualquier negociación.

El contexto hace más compleja la apuesta de Trump. Desde su regreso a la presidencia, los llamamientos al diálogo directo con Kim no han tenido respuesta, lo que refleja un enfriamiento en la comunicación bilateral respecto a la etapa de 2018, cuando ambos líderes llegaron a reunirse en Singapur y Hanói sin concretar compromisos verificables.

El encuentro con Lee Jae Myung añadió un matiz particular a este escenario, ya que su Gobierno ha impulsado su propia política para alcanzar una desescalada de tensiones con Pyongyang. Sin embargo, con un país aún en medio de turbulencias políticas, Lee llegó a Washington con la expectativa de recomponer la relación con la Casa Blanca y de afianzar garantías de seguridad frente a la amenaza norcoreana.  

El presidente surcoreano, que asumió el cargo tras la destitución de Yoon Suk Yeol tras intentar imponer la ley marcial, se enfrentó a un escenario de incertidumbre luego de que el presidente Trump recurriera a las redes sociales antes de reunirse para amenazar con no hacer negocios con Seúl debido a una "purga o revolución" que, según afirmó, estaba teniendo lugar en el país.

Pese a las críticas iniciales de Trump sobre investigaciones internas en Corea del Sur, el tono cambió durante la reunión. Lee optó por mostrarse conciliador, elogiando los esfuerzos de Trump por la paz y hasta bromeando con la posibilidad de construir un complejo inmobiliario en Corea del Norte para jugar al golf, lo que rebajó la tensión en el encuentro. Esta estrategia reflejó un enfoque pragmático: priorizar el respaldo militar y económico de Estados Unidos en lugar de confrontar abiertamente al presidente estadounidense.

El trasfondo, sin embargo, sigue siendo delicado. Corea del Sur depende de Washington no solo en materia de defensa, sino también en el plano comercial y tecnológico. Al mismo tiempo, la política de Trump hacia la península parece volver a girar en torno a un protagonismo personal en la diplomacia, lo que abre interrogantes sobre la viabilidad real de un eventual nuevo encuentro con un Kim reacio a la figura estadounidense.

La disposición de Trump a reunirse con el líder norcoreano muestra la voluntad de relanzar un capítulo diplomático que quedó inconcluso en su primer mandato. Pero el endurecimiento del discurso de Pyongyang, sumado a la compleja transición política en Seúl, subraya que los obstáculos para reactivar el diálogo son mayores que en 2019. @mundiario

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