EE UU abandona 66 organismos internacionales porque “ya no sirven a nuestros intereses”
La política exterior de Estados Unidos redobla los esfuerzos en su fase de repliegue selectivo. El presidente Donald Trump ha firmado un decreto que ordena la retirada del país de 66 organizaciones internacionales, casi la mitad de ellas vinculadas directa o indirectamente a Naciones Unidas, bajo el argumento de que “ya no sirven a los intereses estadounidenses”. La decisión profundiza la doctrina de America First y redefine el papel de Washington en la gobernanza global, priorizando la acción unilateral frente a los mecanismos multilaterales tradicionales.
El memorando presidencial, fechado el 7 de enero, instruye a todas las agencias federales a ejecutar “lo antes posible” la salida de Estados Unidos de una lista de organismos que abarca agencias de la ONU, paneles científicos, foros de cooperación internacional y entidades consultivas. Entre los más relevantes figuran la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), así como organismos relacionados con migración, igualdad de género, desarrollo económico, derechos laborales, educación, cultura y seguridad internacional.
También se incluyen instituciones fuera del paraguas de la ONU, como la Alianza Solar Internacional, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, el Foro Global contra el Terrorismo o la Federación Internacional de Consejos de las Artes. En conjunto, el decreto supone uno de los mayores recortes coordinados de participación multilateral en la historia reciente de Estados Unidos.
La Casa Blanca sostiene que muchas de estas entidades promueven “agendas globalistas, ideológicas o ineficaces” que chocan con la soberanía nacional y representan “un desperdicio del dinero de los contribuyentes”. El secretario de Estado, Marco Rubio, fue el encargado de identificar los organismos y resumió el enfoque de la administración: cooperación solo cuando reporte beneficios directos y medibles para Estados Unidos.
Este planteamiento no es nuevo. Durante su primer mandato, Trump ya retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud, decisiones que posteriormente fueron revertidas por Joe Biden. Ahora, el regreso de Trump a la Casa Blanca consolida una visión más estructural: reducir la implicación estadounidense en marcos donde no tenga control directo y reforzar su capacidad de actuar de forma autónoma, incluso en ámbitos tradicionalmente gestionados de manera colectiva, como el clima o la salud global.
Un grave impacto sobre la cooperación internacional
La retirada de la Convención Marco sobre Cambio Climático tiene un valor especialmente simbólico. Estados Unidos fue uno de los primeros países industrializados en adherirse al tratado en 1992 y, con esta decisión, se convierte en el primero en abandonarlo formalmente. Aunque la convención no impone objetivos obligatorios de reducción de emisiones, sirve de base para las cumbres climáticas anuales y para acuerdos como Kioto o París.
Al quedar fuera de este marco, Washington pierde influencia directa en las negociaciones climáticas globales, al tiempo que limita su compromiso financiero y diplomático. Algo similar ocurre con agencias humanitarias como el Programa Mundial de Alimentos o el Alto Comisionado para los Refugiados, que ya habían sufrido recortes presupuestarios y ahora deberán reajustar aún más sus operaciones.
Más allá de los organismos concretos, la decisión refleja una redefinición del poder estadounidense. La administración Trump apuesta por relaciones bilaterales, presión directa y capacidad de coerción económica o política, frente a foros multilaterales donde el consenso diluye la influencia de Washington. La cooperación internacional queda así subordinada a una lógica instrumental: se mantiene donde refuerza el liderazgo estadounidense y se abandona donde se percibe como una cesión de soberanía.
Este giro tiene implicaciones jurídicas y políticas. La Constitución estadounidense no detalla el procedimiento para abandonar tratados internacionales, lo que abre la puerta a posibles impugnaciones legales. Al mismo tiempo, la medida genera fricciones con aliados europeos, que ven en el multilateralismo un pilar central de la estabilidad global, especialmente en ámbitos como el clima, la salud o los derechos humanos.
Desde la Unión Europea, varios dirigentes han calificado la retirada de “lamentable” y han advertido de un debilitamiento de la cooperación global. Sin embargo, más allá de las críticas, el movimiento de Trump plantea una pregunta de fondo: ¿puede el sistema internacional funcionar eficazmente sin la participación activa de la mayor potencia económica y militar del mundo?
Para Estados Unidos, el beneficio inmediato es una mayor libertad de acción y un ahorro presupuestario a corto plazo. Para el resto de la comunidad internacional, el reto será reconfigurar mecanismos de cooperación sin uno de sus actores clave o adaptarse a una relación con Washington basada menos en reglas comunes y más en el equilibrio de poder. @mundiario