EE UU anuncia su salida de la Unesco, una vez más: otra ruptura con la cooperación internacional

La Administración Trump rompe por segunda vez con la organización de la ONU debido a desacuerdos ideológicos, mientras el Departamento de Estado afirma que su permanencia “no responde al interés nacional estadounidense”.
Sede de la Unesco en París. /Unesco
Sede de la Unesco en París. /Unesco

EE UU ha confirmado su intención de abandonar la Unesco a partir del 2026. El anuncio fue realizado oficialmente por el Departamento de Estado y comunicado a la directora general de la organización, Audrey Azoulay. La decisión, que reproduce argumentos ya utilizados en el anterior mandato del presidente Donald Trump, refleja una visión crítica del papel que desempeñan las instituciones internacionales y del valor de la cooperación multilateral para los intereses estratégicos estadounidenses.

El fundamento central que esgrime Washington para justificar su retirada es que la permanencia en la Unesco “no responde al interés nacional estadounidense”. Según la portavoz del Departamento de Estado, Tammy Bruce, la organización promueve “causas sociales y culturales divisivas” y mantiene una “obsesión desproporcionada” con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, lo que la Administración Trump interpreta como una extensión de una “agenda globalista” incompatible con la política de “America Primero”.

Además, se ha vuelto a poner de manifiesto la fricción en torno a la membresía de Palestina como Estado pleno dentro de la Unesco, aprobada en 2011. Tanto Estados Unidos como Israel consideran este hecho una afrenta a su postura diplomática y argumentan que la inclusión de Palestina favorece un sesgo antiisraelí dentro del organismo. Esta postura ya había motivado una interrupción del financiamiento durante el mandato de Barack Obama y se utiliza nuevamente como argumento para la desvinculación.

La salida de la Unesco no constituye un hecho aislado. Durante su primer mandato (2017-2021), Donald Trump promovió la desvinculación de EE UU de varios organismos internacionales: se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, del Acuerdo de París sobre cambio climático y del acuerdo nuclear con Irán. La estrategia, consistente en desarticular compromisos multilaterales heredados, forma parte de una reinterpretación del papel global de EE UU, centrada en la autonomía y la recuperación de influencia directa.

Con la llegada de Joe Biden en 2021, muchas de estas decisiones fueron revertidas. Estados Unidos reingresó a la OMS, volvió al Acuerdo de París y también regresó a la Unesco en 2023, comprometiéndose incluso a saldar una deuda de más de 600 millones de dólares acumulada por las contribuciones suspendidas desde 2011. El objetivo explícito del retorno fue contener la creciente influencia de China en estos espacios multilaterales, especialmente en la Unesco, donde Pekín se convirtió en el principal contribuyente financiero tras la retirada estadounidense.

Una medida esperada desde hace un tiempo

Desde la Unesco, la reacción ha sido moderada pero firme. La directora general Audrey Azoulay lamentó profundamente la decisión, aunque reconoció que la posibilidad ya había sido anticipada por la organización, que había tomado previsiones incluso desde el punto de vista presupuestario. Azoulay subrayó que los argumentos utilizados por la Administración Trump —supuesto sesgo político, falta de reformas internas, y antisemitismo— ya fueron esgrimidos en 2017, y que contradicen los esfuerzos del organismo en áreas como la educación sobre el Holocausto y la lucha contra el discurso de odio.

Si bien la salida estadounidense representa una pérdida simbólica y política, su impacto financiero directo será menos grave que en otros organismos como la OMS, donde EE UU es un sostén fundamental. Actualmente, su aporte representa cerca del 8 % del presupuesto total de la Unesco. Aun así, la ausencia de una potencia como Estados Unidos en debates sobre educación, cultura, ciencia y patrimonio mundial debilita el alcance global del organismo y reduce su capacidad de incidencia.

El anuncio reaviva el debate sobre el nuevo papel que intenta desempeñar Estados Unidos en el sistema internacional, cuyo enfoque se basa ahora en la “paz a través de la fuerza”. Para la Administración Trump, los organismos multilaterales son estructuras ineficientes, dominadas por “agendas ideológicas” contrarias a sus intereses estratégicos. Para sus críticos, se trata de un repliegue que debilita la capacidad de liderazgo estadounidense y cede espacio a otras potencias, como China, en la configuración de las reglas globales.

La retirada de la Unesco, si se concreta en 2026, será el más reciente episodio en una serie de desenganches estratégicos que redefinen la política exterior estadounidense bajo el prisma del nacionalismo político. No es una ruptura aislada, sino parte de un patrón más amplio de desconfianza hacia la gobernanza internacional y hacia los compromisos multilaterales que exigen la voluntad política desde la Casa Blanca. @mundiario

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