La sombra de Álvaro Leyva: el excanciller que habría acudido a EE UU para sacar a Petro del poder

El exministro de Exteriores habría tenido contactos con asesores de Trump y planes que incluían presión internacional para tumbar al presidente de Colombia. La Casa Blanca no consideró la propuesta.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro y su excanciller, Álvaro Leyva. /República de Colombia
El presidente de Colombia, Gustavo Petro y su excanciller, Álvaro Leyva. /República de Colombia

Las recientes revelaciones sobre las gestiones del excanciller colombiano Álvaro Leyva en Estados Unidos han desatado una tormenta política en Colombia y más allá de sus fronteras. De acuerdo con audios obtenidos por el diario El País y testimonios de fuentes cercanas a congresistas republicanos, Leyva habría buscado apoyo en el entorno de Donald Trump para promover la salida anticipada del presidente Gustavo Petro. El exministro de Relaciones Exteriores, figura clave en el inicio del actual Gobierno, habría planteado un esquema de presión internacional que, de haberse materializado, habría implicado un cambio abrupto en el Poder Ejecutivo colombiano.

En abril, durante una visita a EE UU, Leyva sostuvo reuniones con asesores políticos vinculados al Partido Republicano. En esas conversaciones, habría expresado su convicción de que Petro era inadecuado para continuar como presidente, aludiendo a supuestos problemas personales y de salud del mandatario. Según fuentes citadas por el diario español, en las reuniones, el excanciller habría descrito al presidente Petro como "un hombre errático, con problemas de drogadicción", y habría asegurado tener pruebas que lo inhabilitaban para ejercer la Presidencia, en directa alusión a que esas evidencias permitirían justificar su salida. Según la versión de Leyva, el cargo quedaría en manos de la actual vicepresidenta, Francia Márquez.

El plan habría incluido la presión diplomática de Washington, para lo cual el exministro intentó establecer contacto con figuras como Marco Rubio, actual secretario de Estado. También habría gestionado reuniones con los congresistas Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez, ambos de influencia política en Florida. Las gestiones, sin embargo, no encontraron eco en la Casa Blanca, que, según fuentes cercanas, nunca consideró seriamente el plan.

Los audios revelan más que una simple intención política: sugieren una estrategia que involucraría a “actores armados y no armados”, como el ELN y el Clan del Golfo. “Este país va al despeñadero”, se escucha decir a Leyva, quien insiste en la necesidad de un gran acuerdo nacional. También menciona contactos con gremios empresariales e, incluso, contempla como posibles interlocutores a Vicky Dávila, periodista y aspirante presidencial, y a Miguel Uribe Turbay, el precandidato del uribismo que fue atacado a disparos durante un mitin político improvisado.

En paralelo a estos movimientos, Leyva había iniciado una ofensiva comunicativa en redes sociales al publicar cartas en las que acusaba a Petro de consumo de drogas y de comportamientos erráticos en eventos internacionales. También dirigió acusaciones veladas contra Laura Sarabia, jefa de gabinete y actual canciller, insinuando que ella encubría y facilitaba el supuesto consumo del mandatario.

La reacción del Gobierno fue inmediata. La misma Sarabia ha calificado a Leyva de “ruin y miserable”, señalando que sus acciones no solo buscaban atacar a Petro, sino a la democracia colombiana en su conjunto. Francia Márquez, por su parte, desmintió cualquier implicación y afirmó: “no existe la posibilidad de que me preste para conspiraciones”.

El presidente Petro también rompió su silencio desde España. En un largo mensaje publicado en X, recordó que nombró a Leyva como canciller por su "lealtad y confianza personal", pero que terminó defraudado. Petro aludió a la polémica licitación de los pasaportes, mencionando actos de corrupción que Leyva habría permitido avanzar. También explicó que su negativa a incluir al hijo del conservador en la Cancillería pudo haber desencadenado una “venganza” política.

Más allá del escándalo puntual, el caso plantea interrogantes mayores sobre la estabilidad institucional del país. Que un excanciller —con experiencia, relaciones diplomáticas y peso histórico— recurra a actores extranjeros y a sectores armados para proponer un cambio de Gobierno es, cuando menos, preocupante en una democracia consolidada.

Si bien ninguna autoridad estadounidense habría acogido formalmente la propuesta de Leyva, los audios y testimonios difundidos revelan tensiones profundas en el entorno político colombiano, en el que se cruzan rivalidades personales, ambiciones electorales y discursos de deslegitimación. El impacto de esta revelación apenas comienza, y su alcance dependerá, en parte, de cómo se procese políticamente en el país sudamericano.@mundiario

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