Rusia provoca a la OTAN con sus maniobras Zapad: Polonia y Dinamarca, en la mira del Kremlin

Moscú despliega tropas y armas nucleares en la región de Minsk, con algunos ejercicios programados en la frontera polaca, y carga contra Copenhague por cooperar con Kiev con una fábrica de combustible.
Vladímir Putin, presidente de Rusia. / RR SS
Vladímir Putin, presidente de Rusia. / RR SS

Las tensiones entre Rusia y Occidente han entrado en una nueva fase crítica. Este viernes, Moscú y Minsk dieron inicio a los ejercicios militares Zapad 2025, unas maniobras conjuntas que, aunque reducidas en número de efectivos respecto a ediciones anteriores, han elevado la alarma en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por su carácter estratégico. La elección del escenario — en la región capital, aunque varios ejercicios tendrán lugar junto a la frontera polaca— y el despliegue de armas nucleares como elemento central envían un mensaje inequívoco: el Kremlin sigue utilizando la fuerza militar y la intimidación como instrumentos de presión en Europa.

Los ejercicios se desarrollan en un contexto marcado por la violación del espacio aéreo polaco por drones rusos, un hecho que Varsovia calificó como el episodio más grave en la historia reciente de la OTAN. Aunque Moscú asegura que el grueso de las maniobras se concentra en la región de Minsk, la proximidad con Polonia y Lituania multiplica las sospechas de que el Kremlin busca tensar la cuerda en un frente ya desgastado por la guerra de Ucrania.

El contraste con ediciones anteriores de Zapad es evidente: en 2021 participaron más de 200.000 efectivos; en esta ocasión, la cifra oficial ronda los 13.000, aunque Kiev asegura que podrían ser hasta 150.000. Aun así, el valor simbólico y estratégico de los entrenamientos es mayor que el numérico: Rusia pretende mostrar que, pese a las dificultades en el campo de batalla ucranio, conserva capacidad para proyectar fuerza contra la OTAN.

El inicio de Zapad coincidió con las declaraciones de la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, quien amenazó a Dinamarca por acoger en la ciudad de Voyens una planta de combustible para misiles ucranianos de largo alcance. “Rusia mantendrá con firmeza sus intereses legítimos y adoptará las medidas técnico-militares adecuadas para mitigar las amenazas emergentes a su seguridad nacional”, afirmó la funcionaria. Desde el Kremlin ya se había hablado de adoptar “medidas técnico-militares” contra el país nórdico, una fórmula retórica que ya utilizó en otras ocasiones, como cuando Suecia se incorporó a la Alianza Atlántica.

Más allá del mensaje directo a Copenhague, esta advertencia constituye una señal a toda Europa: ningún país que apoye de manera decisiva a Kiev quedará fuera del radar del Kremlin. Con ello, Moscú busca sembrar dudas en los Estados miembros de la UE y de la OTAN, especialmente entre aquellos que dependen en mayor medida de la cooperación económica con Rusia o que mantienen divisiones internas sobre la ayuda militar a Ucrania.

Polonia: unidad política frente a la amenaza

La incursión de drones rusos en Polonia desencadenó una reacción inusual: la unidad política entre el presidente ultraconservador Karol Nawrocki y el primer ministro liberal Donald Tusk, rivales ideológicos que esta vez dejaron de lado sus diferencias. Varsovia aplicó el artículo 4 de la OTAN, que prevé consultas conjuntas cuando un miembro se siente amenazado, y cerró su frontera con Bielorrusia como medida de precaución.

La coordinación de las fuerzas aéreas polacas con aviones neerlandeses, italianos y alemanes en la interceptación de drones subraya que la seguridad en Europa del Este ya no es un asunto exclusivamente nacional. Se trata de una cuestión compartida en el marco de la Alianza Atlántica. Para Varsovia, que invierte más del 4,7 % de su PIB en defensa, el episodio demuestra que su apuesta por un rearme acelerado no era un exceso, sino una necesidad.

El verdadero protagonista de Zapad 2025 es el nuevo misil balístico ruso Oreshnik, diseñado con un radio de alcance que cubre prácticamente todo el territorio de la UE. Aunque no se prevé un ensayo nuclear, la mera inclusión de este armamento en los entrenamientos genera inquietud. Bielorrusia, que desde 2023 almacena armas nucleares rusas, se ha convertido en una plataforma avanzada del poder militar de Moscú a las puertas de la OTAN.

Este hecho refuerza la percepción de que Europa oriental está expuesta a un nivel de amenaza sin precedentes desde el final de la Guerra Fría. La militarización del territorio bielorruso, sumada a los episodios de guerra híbrida como la desinformación y los ciberataques, multiplica los riesgos para la estabilidad regional.

Escenarios abiertos: ¿provocación o ensayo de confrontación?

La lectura de estas maniobras puede hacerse en varios niveles. Por un lado, son una demostración de fuerza hacia el interior: Putin necesita convencer a su opinión pública de que Rusia sigue siendo una potencia capaz de desafiar a Occidente, pese al desgaste de la guerra en Ucrania. Por otro, son un recordatorio a los aliados de Kiev de que cualquier escalada de apoyo puede tener un coste directo.

El desafío a la OTAN es evidente. La Alianza deberá decidir si responde con un refuerzo militar en la región o si apuesta por una estrategia de contención y disuasión a largo plazo. La tensión creciente también pone a prueba la cohesión europea: Polonia pide más apoyo tangible, mientras algunos países temen que un exceso de firmeza pueda acercar el escenario de un choque directo con Rusia.

El desafío es claro: ¿cómo responderá Occidente a un Kremlin que, debilitado en algunos frentes, parece dispuesto a escalar la confrontación en otros? La respuesta marcará el rumbo de la seguridad europea en los próximos años, en un escenario donde la disuasión, la unidad política y la capacidad de resistencia serán factores clave para evitar que la provocación se convierta en enfrentamiento directo. @mundiario

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