El regreso del “Trump checo”: cómo la victoria de Babiš sacude a la UE y amenaza el apoyo a Ucrania
El retorno de Andrej Babiš al primer plano político de la República Checa marca un momento clave para el futuro inmediato del país y su relación con la Unión Europea. Con el 35,2 % de los votos, el magnate y ex primer ministro logra una victoria clara sobre la coalición liberal-conservadora Juntos del actual jefe de Gobierno, Petr Fiala, que se quedó en el 23 %. Babis celebró su triunfo con un lacónico “estoy feliz”, antes de calificar el resultado de “histórico”, subrayando lo que considera el punto “más alto” de su carrera política.
El político populista, apodado el “Trump checo” por su estilo confrontativo, su fortuna personal y su dominio mediático, ha sabido capitalizar el descontento económico y el cansancio social tras años de inflación y desgaste político. Su estrategia electoral giró en torno a un mensaje simple: priorizar a los checos frente a los compromisos internacionales de Praga, especialmente la ayuda a Ucrania. En sus propias palabras, Babis propone una política de “los checos primero”, una fórmula que resuena con los movimientos nacionalistas del presidente estadounidense Donald Trump.
El resultado electoral deja, sin embargo, un panorama parlamentario fragmentado. Aunque el partido ANO fue el más votado, no dispone de mayoría absoluta y deberá negociar con fuerzas afines. Sus socios naturales son el partido prorruso Libertad y Democracia Directa (SPD), liderado por el ultraderechista Tomio Okamura, y el movimiento Motoristas, contrario a las políticas verdes de Bruselas. Con ambos comparte una visión euroescéptica y un discurso contrario a lo que llaman “la burocracia de Bruselas”.
Babis forma parte del grupo Patriotas por Europa en el Parlamento Europeo, junto con el primer ministro húngaro Viktor Orbán y su homólogo austríaco Herbert Kickl. Esta alianza, que se presenta como alternativa a las fuerzas tradicionales de la UE, preocupa a Bruselas por el riesgo de consolidar un eje nacionalista dentro de Europa Central con una visión que mine el enfoque comunitario. La posibilidad de que Praga se sume al bloque de gobiernos díscolos encabezados por Hungría y Eslovaquia es ahora real, especialmente en temas como la migración, la transición ecológica o el apoyo militar a Ucrania.
En su discurso de victoria, Babis insistió en que su partido es “proeuropeo y pro-OTAN”, pero sus declaraciones recientes dibujan un perfil mucho más ambiguo. Ha cuestionado la eficacia de las sanciones contra Moscú, ha prometido revisar la contribución checa al programa europeo de envío de munición a Kiev y ha rechazado el proceso de adhesión de Ucrania en la UE. Sus declaraciones inevitablemente chocan con la posición del actual presidente checo, Petr Pavel, que ha defendido mantener al país “anclado a Europa y a la Alianza Atlántica”.
La victoria de Babis supone también un desafío directo para Ucrania. La República Checa ha sido uno de los aliados más activos de Kiev desde el inicio de la invasión rusa: ha enviado armamento pesado, ha acogido a cientos de miles de refugiados y ha liderado la iniciativa para adquirir proyectiles de artillería en mercados internacionales. El propio Volodímir Zelenski reconoció el papel “vital” de Praga en esa operación, que permitió sostener el frente en los meses más duros del conflicto. La promesa de Babis de “poner fin a ese programa” amenaza con debilitar un canal clave de apoyo militar.
Durante la campaña, el líder populista vinculó la inflación interna con la guerra en Ucrania y criticó al Gobierno por “dar todo a los ucranianos y nada a las madres checas”. Este tipo de mensajes, centrados en el malestar económico y en el desgaste del esfuerzo bélico, han sido decisivos en su remontada electoral.
A diferencia de Orbán o el eslovaco Robert Fico, Babiš no declara abiertamente su intención de estrechar los lazos con Rusia, pero su discurso apunta a un retraimiento pragmático: menos compromiso exterior y más prioridad nacional.
El presidente Petr Pavel ha advertido que examinará con cautela la composición del nuevo Ejecutivo antes de otorgar el visto bueno constitucional. Fuentes próximas al mandatario no descartan tensiones institucionales, dado que Pavel ha prometido bloquear cualquier deriva que aleje a la República Checa de la UE o la OTAN. La eventual alianza de Babiš con fuerzas de extrema derecha y prorrusas podría, no obstante, complicar la estabilidad interna y la imagen exterior del país.
Para la Unión Europea, el regreso de Babis es una señal de alarma. Tras los giros políticos en Hungría, Eslovaquia en materia exterior y en su papel de boicotear cualquier esfuerzo común para apoyar a Ucrania, el bloque comunitario enfrenta un nuevo foco de incertidumbre dentro de sus propias fronteras.
La posibilidad de un frente euroescéptico reforzado y de una menor cohesión en el apoyo a Ucrania preocupa en Bruselas tanto como en Kiev. En un contexto en el que la guerra entra en una fase de desgaste prolongado, cada cambio político en Europa tiene repercusiones estratégicas.
Babis ha prometido estabilidad, prosperidad y “paz en los cielos de Europa”, evocando incluso un tono conciliador con Moscú. Pero su victoria revela algo más profundo: el avance de un nuevo populismo europeo que utiliza el cansancio social y la guerra en Ucrania como palanca política. @mundiario


