Putin admite el derribo del avión azerbaiyano y promete indemnizaciones, pero culpa a Ucrania
Casi un año después del derribo del vuelo 8243 de Azerbaijan Airlines, Vladímir Putin ha admitido públicamente que el siniestro fue causado por las fuerzas rusas. El avión, un Embraer 190 con 67 personas a bordo, fue alcanzado por misiles antiaéreos en diciembre de 2024, cuando sobrevolaba el espacio aéreo cercano a Chechenia. Murieron 38 pasajeros.
Hasta ahora, el Kremlin había mantenido una postura ambigua, eludiendo reconocer culpa alguna y limitándose a calificar el hecho como un “trágico accidente”. La reciente disculpa pública de Putin, formulada en una reunión de exprovincias soviéticas con el presidente azerbaiyano Ilham Alíyev en Dusambé (Tayikistán), supone un giro diplomático, aunque acompañado de un mensaje calculado: Rusia asume la reparación económica, pero no la responsabilidad plena.
Putin prometió indemnizaciones y sanciones para los implicados, pero se esforzó en construir un relato que desvía la atención hacia Ucrania. Según el presidente ruso, las defensas antiaéreas dispararon contra drones ucranianos que cruzaban la frontera y “por error técnico” alcanzaron el avión civil.
Putin indicó que los misiles disparados por las defensas aéreas rusas para atacar un dron ucraniano explotaron cerca del avión de Azerbaijan Airlines que volaba desde Bakú mientras se preparaba para aterrizar en Grozni, la capital regional de la república rusa de Chechenia. Sin embargo, los drones ucranianos atacan regularmente en el interior de Rusia.
Tras ser alcanzado cuando se aproximaba a su destino, los pilotos intentaron desviarse hacia otro lugar. Al final, el avión se estrelló en Kazajistán, cerca de la ciudad de Aktau, después de recorrer poco menos de 500 kilómetros y cruzar el mar Caspio.
El mandatario incluso insinuó que los pilotos azerbaiyanos no siguieron los protocolos de emergencia al no aterrizar en un aeropuerto ruso tras recibir el impacto. “Rusia hará todo lo necesario en cuanto a indemnizaciones y se realizará un análisis legal de las acciones de todos los empleados vinculados al incidente”, aseguró, intentando equilibrar la disculpa con una narrativa de exculpación parcial.
Bakú exige más que palabras
Ilham Alíyev, que desde hace meses mantenía una relación distante con Moscú, agradeció las disculpas pero recordó que Azerbaiyán exigía tres condiciones desde el inicio: una disculpa formal, una compensación económica y castigo a los responsables. “Esperamos que nuestras relaciones se restablezcan en el espíritu de alianza”, dijo el mandatario ruso con tono diplomático, aunque las tensiones entre ambos países persisten.
El gesto de Putin llega tras meses de enfriamiento bilateral marcados por la muerte, detención y tortura de ciudadanos azeríes en Rusia y el arresto de rusos en Bakú, incidentes que reflejan la erosión de la confianza entre ambos gobiernos.
El contexto regional añade presión a Moscú. Mientras Rusia intenta recomponer su imagen ante Azerbaiyán, Estados Unidos ha ganado terreno diplomático. El presidente Donald Trump, en su segundo mandato, ha impulsado acuerdos entre Armenia y Azerbaiyán que le han otorgado a Washington una influencia económica y política inédita en el Cáucaso Sur.
Turquía, por su parte, ha reforzado su alianza con Bakú, convirtiéndose en el principal garante de seguridad del país. La pérdida de relevancia rusa en esta región, históricamente considerada su esfera de influencia, preocupa al Kremlin, que ve en el incidente aéreo un obstáculo más para mantener su papel dominante.
Además, el derribo del avión también expuso las tensiones internas en la Federación Rusa. Fuentes del entorno de la defensa comentan a las agencias internacionales que el ataque fue ejecutado por unidades chechenas con un alto grado de autonomía respecto al mando central.
Un intento de control del daño
El gesto de Putin hacia Bakú combina pragmatismo y cálculo geopolítico. Admitir parcialmente la responsabilidad le permite aliviar la presión diplomática sin debilitar su narrativa de guerra contra Ucrania. Al culpar a Kiev del contexto del error, el Kremlin mantiene el hilo de su discurso defensivo mientras intenta preservar sus vínculos estratégicos con Azerbaiyán.
Sin embargo, el impacto reputacional para Rusia es innegable. El incidente subraya las limitaciones de su aparato militar y pone en cuestión la fiabilidad de Moscú como socio regional.
La admisión del derribo y la promesa de indemnizaciones marcan un intento de reconstruir la relación con Bakú, pero la sombra de la desconfianza permanece. Putin ha optado por una disculpa calculada, más orientada a contener las consecuencias diplomáticas que a reconocer un error de fondo. @mundiario


