Pulso de Trump a Maduro con bombarderos, buques y la CIA en el Caribe: ¿qué es lo que busca?

El mayor despliegue militar estadounidense en la región en décadas se presenta como una ofensiva antidroga, pero los analistas advierten de que su verdadero objetivo es presionar al Ejército venezolano para forzar un cambio político.

El portaaviones Gerald Ford en el Caribe: la nueva escalada de Trump con Venezuela bajo la mirada de la CIA. / Mundiario
El portaaviones Gerald Ford en el Caribe: la nueva escalada de Trump con Venezuela bajo la mirada de la CIA. / Mundiario

Desde hace dos meses, el Caribe se ha convertido en el escenario de una tensión creciente entre Estados Unidos y Venezuela. Buques de guerra, bombarderos B-52, cazas F-35, drones Reaper, marines y hasta la CIA forman parte de un despliegue sin precedentes ordenado por el presidente Donald Trump. Oficialmente, la operación se presenta como una ofensiva contra el narcotráfico. Pero cada vez son más las voces que advierten de que se trata, en realidad, de una maniobra de presión política orientada a debilitar a Nicolás Maduro y provocar un cambio de poder en Caracas.

El Pentágono asegura que el envío de buques, destructores y aviones tiene como finalidad “detectar y desmantelar redes criminales transnacionales”. Sin embargo, las cifras y los medios implicados —portaaviones nucleares, bombarderos estratégicos, fuerzas especiales y una presencia constante de inteligencia— parecen desproporcionados para combatir a simples traficantes. Según un monitoreo de la BBC, a 23 de octubre había al menos diez buques militares estadounidenses en la zona, incluidos cruceros lanzamisiles y barcos de asalto anfibio, algo que no ocurría desde la Guerra Fría.

Trump ha descrito su ofensiva como una “guerra contra el narcotráfico” y sostiene que varias embarcaciones atacadas desde septiembre estaban vinculadas al “narcoterrorismo venezolano”. En esos bombardeos han muerto decenas de personas, pero Washington no ha aportado pruebas que respalden su versión. Las operaciones —algunas grabadas desde drones— fueron condenadas en la región y varios expertos cuestionan su legalidad.

Christopher Sabatini, investigador de Chatham House, cree que la campaña tiene un objetivo político claro. “No se trata de drogas, sino de intimidación”, afirma en El Nacional. “El despliegue busca infundir miedo en el Ejército venezolano y en el círculo íntimo de Maduro, para provocar fracturas internas”. No parece un secreto que Washington ve a las Fuerzas Armadas como la clave para cualquier transición: sin su apoyo, ningún cambio es posible.

50 millones por Maduro

La Administración Trump ha ofrecido recompensas de hasta 50 millones de dólares por información que conduzca al arresto del presidente venezolano. La cifra, sin embargo, no ha producido deserciones. “Para las élites del país, ese dinero no es nada”, explica el jurista José Ignacio Hernández, del CSIS. “Si se vuelven contra Maduro, necesitan garantías de inmunidad judicial”. Una idea que comparte el politólogo Michael Albertus, de la Universidad de Chicago: “Los regímenes autoritarios se mantienen por la vigilancia mutua. Los líderes siempre sospechan de su entorno”.

El argumento antidroga también pierde fuerza ante los datos. El fentanilo, citado por Trump como amenaza central, se produce en México y llega por la frontera terrestre, no por el Caribe. Venezuela, según los informes de la Administración para el Control de Drogas (DEA), no figura entre los grandes productores de cocaína. El 84% de la droga incautada en Estados Unidos procede de Colombia.

Aun así, Washington mantiene la narrativa del “narcoestado”. Desde 2020, el Departamento de Justicia acusa a Maduro de liderar el llamado “cartel de los Soles”, aunque nunca ha presentado pruebas concluyentes. Caracas lo niega y denuncia una “guerra de propaganda” destinada a justificar sanciones y aislar al país.

La CIA, en Venezuela

Lo que sí ha confirmado la Casa Blanca es la autorización para que la CIA realice operaciones encubiertas en Venezuela. Trump evitó responder si eso incluye la eliminación física de Maduro, pero admitió que la agencia “estudia el terreno”. En América Latina, la sola mención de la CIA evoca décadas de intervenciones: Chile, Brasil, Guatemala… “Las acciones encubiertas pueden ir desde campañas de información hasta el derrocamiento de un régimen”, recuerda Ned Price, exanalista de la agencia.

La estrategia, según varios observadores que cita El Nacional, es de “presión integral”: combinar la presencia militar con sanciones económicas, aislamiento diplomático y operaciones de inteligencia para empujar a los mandos militares venezolanos a retirarle el apoyo al presidente. La pregunta, sin embargo, es cuánto tiempo podrá mantener Trump este pulso sin generar un conflicto abierto.

El despliegue es costoso y políticamente arriesgado. Si no logra fracturar al régimen, la exhibición de fuerza puede volverse en contra de Estados Unidos, consolidando la narrativa de “asedio imperialista” que Maduro utiliza desde hace años para cohesionar a sus bases. “Una invasión parece improbable —señala Sabatini—, pero el riesgo de un incidente no deseado aumenta cada día que esas fuerzas siguen en el Caribe”.

Trump prometió en 2016 acabar con las “guerras eternas”. Hoy, en cambio, ha devuelto a América Latina el lenguaje de la confrontación. Lo que empezó como una supuesta cruzada contra las drogas se ha transformado en una demostración de poder que recuerda a los viejos tiempos de la política de las cañoneras. Y en esa zona gris entre la disuasión y la provocación, el Caribe vuelve a ser, una vez más, el tablero de una partida peligrosa. @mundiario

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