El presidente de Madagascar denuncia un “intento de golpe en marcha” tras las protestas juveniles
La crisis política en Madagascar ha sufrido una acelerada evolución. Lo que comenzó el 25 de septiembre como una serie de protestas juveniles por los cortes al agua y electricidad se ha transformado en una confrontación directa entre el poder civil y facciones militares rebeldes. El presidente Andry Rajoelina denunció el domingo un “intento de tomar el poder por la fuerza”, después de que una unidad de élite del Ejército, el Cuerpo de Personal Administrativo y Técnico (CAPSAT), anunciara que asumía el control operativo de las fuerzas armadas.
El CAPSAT, cuya base se encuentra en las afueras de la capital Antananarivo, no es un actor nuevo en la política malgache. Fue precisamente esta unidad la que facilitó la llegada al poder de Rajoelina en 2009, tras derrocar al entonces presidente Marc Ravalomanana. Hoy, dieciséis años después, su desobediencia vuelve a poner en jaque la estabilidad de la isla del océano Índico.
El movimiento que desencadenó esta crisis tiene su origen en el hartazgo social. Jóvenes malgaches, inspirados en las movilizaciones digitales y callejeras de la Generación Z en países como Bangladesh o Nepal, tomaron las calles exigiendo cambios estructurales. A las quejas por los cortes de servicios básicos se sumaron reclamos por la corrupción, el desempleo y la falta de oportunidades.
Esta ola de protestas que ha incendiado la isla ya ha provocado la dimisión del primer ministro Christian Ntsay el 8 de octubre, como un intento del presidente Andry Rajoelina de calmar las tensiones. “El presidente de la República reafirma que el diálogo es la única vía y solución para resolver la crisis que atraviesa actualmente el país. Declara que cualquier acto de deterioro de bienes públicos atenta contra el interés superior de la nación”, reza un comunicado publicado este domingo.
Con una población cuya mitad tiene menos de 25 años, la energía juvenil se ha convertido en el motor de una contestación que el Gobierno ha tratado de sofocar con represión policial. Según Naciones Unidas, al menos 22 personas han muerto y más de un centenar han resultado heridas desde el inicio de las protestas, aunque el Ejecutivo reduce la cifra a doce.
El papel del ejército y la fractura institucional
El punto de inflexión llegó cuando parte del CAPSAT, en un vídeo difundido en redes, instó a “desobedecer las órdenes (del presidente) de disparar contra el pueblo” y declaró que todas las decisiones del ejército pasarían por su cuartel general. Con esta acción, los militares desafiaron abiertamente la autoridad del líder del Ejecutivo y de la cadena de mando oficial.
La gendarmería, por su parte, aseguró que sus órdenes seguirán emanando del Centro de Mando Nacional, desmarcándose del grupo rebelde. Sin embargo, una de sus unidades, que ha cargado en ocasiones anteriores contra los manifestantes, ha roto filas con el mando central. El Ministerio de Defensa y el Estado Mayor han evitado pronunciarse, lo que ha alimentado la incertidumbre sobre el verdadero equilibrio de fuerzas dentro de la institución militar.
Rajoelina ha calificado los hechos como un intento de golpe contrario a la Constitución y llamó al diálogo nacional para restaurar el orden. Sin embargo, su propuesta ha sido rechazada por los organizadores de las protestas, que exigen su dimisión inmediata, la disolución del Senado y de la comisión electoral al considerar que el mandatario no ha atendido a sus demandas tras dos semanas de protestas.
El nuevo primer ministro, el general Ruphin Fortunat Zafisambo, apeló a la “sabiduría” de los uniformados, recordando que “todos procedemos del pueblo y debemos protegerlo, no dividirlo”. La Unión Africana, a través de su presidente de comisión, Mahmoud Ali Youssouf, celebró el compromiso al diálogo, pero pidió calma y moderación ante el riesgo de una escalada violenta.
Soldiers from a Madagascar army unit have declared support for the youth-led anti-gov't protests, urging police to disobey ‘unlawful orders.’
— Al Jazeera English (@AJEnglish) October 12, 2025
President Andry Rajeolina says an ‘attempted illegal seizure of power’ is under way. pic.twitter.com/taYOb1KGFP
Un país marcado por la fragilidad democrática
Madagascar arrastra una historia de inestabilidad crónica. Desde su independencia, ha registrado múltiples golpes de Estado y transiciones abruptas de poder. La actual crisis revive viejas heridas, en un contexto de pobreza extrema —el país ocupa los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano— y de persistente desigualdad.
Con un PIB per cápita de apenas 545 dólares y una dependencia de exportaciones como la vainilla y las piedras preciosas, el país enfrenta un descontento estructural que desborda las fronteras de la coyuntura política.
Por ahora, el presidente intenta proyectar control y legalidad frente a una crisis que se desarrolla con rapidez y cuyas consecuencias aún son imprevisibles. Pero el eco de 2009 resuena en Antananarivo: un ejército que muestra señales de división, una población movilizada y un poder político en jaque ante una nueva encrucijada de su historia. @mundiario


