La política de EE UU hacia Siria: el nuevo dilema estratégico de Donald Trump

El presidente electo ha abogado por una postura aislacionista que evita involucrarse en conflictos bélicos "interminables", pero los riesgos directos a la seguridad nacional ponen a prueba su perspectiva.
Donald Trump, presidente electo de EE UU. / @realdonaldtrump.
Donald Trump, presidente electo de EE UU. / @realdonaldtrump.

La política exterior de Estados Unidos en Siria enfrenta un punto de inflexión con la inminente llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. A tan solo 40 días de asumir el poder, el nuevo presidente deberá decidir el enfoque de su administración respecto al complejo panorama sirio, una cuestión que pone a prueba sus principios de evitar involucrarse en "guerras interminables".

La reciente ofensiva relámpago de los rebeldes sirios, que en solo 11 días provocó la caída del régimen de Bachar el Asad, ha reconfigurado el escenario político y militar en el país. Siria, un enclave estratégico que conecta el Mediterráneo con Asia Menor y donde confluyen los intereses de potencias regionales e internacionales, enfrenta el riesgo de fragmentarse en facciones rivales o de convertirse nuevamente en refugio de grupos extremistas, como ocurrió con el Estado Islámico (ISIS) en el pasado.

La administración saliente de Joe Biden ha reaccionado rápidamente ante la crisis. Diplomáticos de alto nivel, como el consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan y el secretario de Estado Antony Blinken, han iniciado conversaciones con aliados clave en la región, mientras que el jefe del Mando Central estadounidense, general Eric Kurilla, visitó las tropas estacionadas en el este de Siria.

El enfoque de Biden se ha centrado en garantizar una transición política en Siria que cumpla con cuatro condiciones principales: respeto a las minorías, acceso a ayuda humanitaria, prevención del resurgimiento de grupos terroristas y manejo seguro del arsenal químico sirio. Sin embargo, las decisiones a largo plazo quedarán en manos de la administración entrante.

Trump, quien ha descrito a Siria como un país de "arena y muerte", ha mostrado reticencia hacia un compromiso prolongado en la región. No obstante, su política podría alinearse más de lo esperado con la de su predecesor, especialmente en lo relacionado con la lucha contra el ISIS y la estabilidad regional.

El papel del Hayat Tahrir al Sham

Uno de los mayores desafíos es la relación con los grupos rebeldes, particularmente Hayat Tahrir al Sham (HTS), una organización incluida en la lista de grupos terroristas por Estados Unidos, la ONU y otros actores internacionales. A pesar de que HTS ha mostrado señales de moderación, cualquier cambio en su designación será una decisión que recaerá en el equipo de Trump.

“Creemos que nos conviene, que conviene a nuestros intereses de seguridad nacional, que Siria sea segura y estable y que el pueblo sirio pueda determinar su futuro. También que sigamos presionando contra el Estado Islámico y, por tanto, la misión de nuestras tropas en Siria continúe”, destacó en portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Jonh Kirby.

EE UU considera a la caída del régimen de el Asad como un golpe significativo para Irán, su principal aliado regional. Una Siria estable podría frenar las rutas de suministro de armas hacia Hezbolá en el Líbano y limitar la influencia iraní.

¿Mantener o retirar las tropas en Siria?

La presencia militar de Estados Unidos en el este de Siria, con cerca de 900 soldados encargados de prevenir el resurgimiento del ISIS, será otro tema clave para Trump. Aunque en 2019 el expresidente expresó su intención de retirar las tropas, finalmente optó por mantener el contingente tras la presión de la antigua guardia republicana, dicha decisión podría repetirse dada la importancia estratégica de la región.

Eliot Abrams, del Consejo de Relaciones Exteriores, ya lo ha advertido. “Nuestras tropas están ahí para luchar contra el ISIS y mantener en prisión a los antiguos combatientes. Si esa gente perpetrara un ataque terrorista contra ciudadanos estadounidenses, sería Trump quien cargaría con la culpa”. Además, figuras clave del próximo gabinete republicano, como Marco Rubio y Mike Waltz, han abogado por una política más activa en Siria, incluyendo la protección de civiles y el combate al terrorismo.

Aunque Trump ha prometido reducir la participación de Estados Unidos en conflictos internacionales, el complejo panorama en Siria podría obligarlo a adoptar medidas similares a las de Biden. Steve Cook, también del Consejo de Relaciones Exteriores, resumió el dilema: “No es que Estados Unidos no deba tener un papel. La posibilidad de un retorno del ISIS o Al Qaeda es algo que Washington tiene que considerar. Pero implicarse en la política de Siria es otra cosa, y nada bueno puede salir de ello”.

La política de Estados Unidos hacia Siria será un campo de pruebas crucial para la administración de Trump, que enfrentará las tensiones entre sus promesas de aislamiento y las realidades estratégicas del terreno. Lo que decida no solo definirá su política exterior, sino también su legado como líder global. @mundiario

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