Pekín sacude al Ejército: Xi Jinping descabeza la cúpula militar en una purga sin precedentes
China ha abierto una de las mayores crisis internas de su estructura militar en décadas. El general Zhang Youxia, vicepresidente primero de la Comisión Militar Central (CMC) y considerado hasta ahora una figura clave del sistema de poder de Xi Jinping, ha sido sometido a investigación junto a Liu Zhenli, jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército Popular de Liberación (EPL). Ambos están acusados oficialmente de “graves violaciones de la disciplina y la ley”, en el marco de una nueva ofensiva presentada como campaña anticorrupción, pero cuyo trasfondo político resulta evidente.
La decisión, anunciada por el Ministerio de Defensa chino, no solo supone la caída de dos de los máximos mandos militares del país, sino que deja prácticamente desarticulada la dirección del estamento castrense. La Comisión Militar Central, máximo órgano de poder sobre las Fuerzas Armadas, queda reducida de siete a solo dos miembros: el propio Xi Jinping, como presidente, y Zhang Shengmin, responsable del aparato disciplinario interno. En términos reales, el control militar se concentra ahora casi exclusivamente en la figura del presidente chino.
El lenguaje utilizado por los medios oficiales confirma la dimensión política del golpe. Un editorial del Diario del Ejército Popular de Liberación acusó a los generales investigados de haber “pisoteado” el sistema de autoridad del presidente de la CMC, una expresión inusualmente dura en la retórica institucional china. El texto va más allá de la corrupción administrativa y apunta directamente a una erosión del “liderazgo absoluto del Partido sobre el Ejército”, una de las bases estructurales del régimen. No se trata solo de irregularidades económicas, sino de lealtad política.
Zhang Youxia no era un mando cualquiera. Veterano de guerra, condecorado y arquitecto de buena parte del proceso de modernización militar impulsado por Xi desde 2012, había sido una pieza central en la transformación del EPL: la reforma de 2015, la reorganización de la cadena de mando y el paso hacia un modelo de fuerzas conjuntas inspirado en el sistema estadounidense llevan su sello. Su caída simboliza una ruptura dentro del propio núcleo del poder.
La operación encaja en una dinámica más amplia. Desde 2022, casi todos los generales designados personalmente por Xi para la CMC han sido destituidos, investigados o purgados. En octubre pasado, otra ofensiva “anticorrupción” expulsó del Partido Comunista a ocho altos mandos, entre ellos He Weidong, entonces número tres del Ejército. El patrón es claro: una limpieza sistemática de las élites militares.
Aunque oficialmente se habla de disciplina y legalidad, numerosos analistas interpretan estas actuaciones como una reconfiguración profunda del poder interno. El objetivo no sería únicamente eliminar redes de corrupción, sino desmantelar posibles facciones, controlar los sistemas de ascenso y garantizar que la futura generación de mandos responda sin fisuras a Xi Jinping. La purga no es solo moral; es estructural.
Las informaciones publicadas por medios internacionales añaden aún más gravedad al escenario. Algunas fuentes apuntan incluso a sospechas de filtración de información estratégica, aunque estas acusaciones no han sido confirmadas oficialmente. Para expertos en seguridad asiática, este tipo de argumentos suelen funcionar como justificación política para apartar a figuras incómodas dentro del sistema.
El impacto no es solo interno. La sacudida en la cúpula militar china genera incertidumbre sobre la capacidad operativa del EPL en el corto plazo, especialmente en un contexto de tensión geopolítica creciente en Asia-Pacífico. Informes recientes de Estados Unidos ya advertían de que estas purgas podían afectar a la eficacia del Ejército, aunque también señalaban que, a largo plazo, podrían reforzar la cohesión y el control centralizado.
En términos políticos, el mensaje es inequívoco: el poder militar en China queda definitivamente subordinado a la autoridad personal de Xi Jinping. La campaña anticorrupción se convierte así en un instrumento de consolidación del liderazgo, donde la disciplina, la lealtad y la obediencia política pesan tanto o más que la competencia profesional.
Lo que está en juego no es solo una depuración de mandos, sino el modelo de poder del Estado chino. La purga militar refleja una transformación del sistema: menos equilibrios internos, menos autonomía institucional y mayor concentración de autoridad en una sola figura. En ese proceso, el Ejército deja de ser un actor con peso propio para convertirse, de forma cada vez más explícita, en una extensión directa del liderazgo político.
La ofensiva contra Zhang Youxia no es un episodio aislado: es una señal de que la estructura de poder en China entra en una nueva fase, marcada por el control absoluto, la homogeneización interna y la eliminación de cualquier núcleo de influencia que no dependa directamente de Xi Jinping. Una reconfiguración profunda del poder militar que redefine el equilibrio interno del régimen y anticipa una etapa de mayor centralización política en el país asiático. @mundiario


