La paz entre Tailandia y Camboya, negociada por Trump, se tambalea entre nuevas hostilidades
El frágil alto el fuego entre Tailandia y Camboya, promovido por el presidente estadounidense Donald Trump apenas en octubre, se tambalea tras un nuevo estallido de violencia en la frontera. El gobierno de Bangkok ha suspendido temporalmente la implementación del acuerdo luego de que una mina antipersona explotara en la provincia tailandesa de Sisaket, dejando cuatro soldados heridos —uno de ellos perdió una pierna—.
El Ejército tailandés sostiene que el artefacto fue “recientemente colocado” en suelo nacional, señalando a fuerzas camboyanas por una presunta violación del tratado y de la Convención sobre la Prohibición de Minas Antipersona. Nom Pen, por su parte, niega categóricamente haber depositado nuevas minas y acusa a Tailandia de utilizar el incidente como pretexto para suspender el pacto.
El acuerdo firmado en octubre en Malasia, con Trump como mediador y en el marco de la cumbre de líderes de la ASEAN, fue presentado como un avance histórico tras años de enfrentamientos intermitentes. Ambos países se comprometieron a retirar armamento pesado de la zona fronteriza, liberar a 18 prisioneros de guerra camboyanos y permitir la presencia de observadores regionales para supervisar la tregua.
Sin embargo, el pacto nació rodeado de escepticismo. Bangkok nunca lo denominó formalmente “acuerdo de paz”, y muchos analistas señalaron que no abordaba las causas estructurales del conflicto, entre ellas la ambigüedad en la delimitación territorial heredada del trazado colonial francés de 1907.
La histórica disputa por el templo de Preah Vihear y las zonas colindantes —consideradas patrimonio nacional por ambas naciones— ha sido el principal punto de fricción durante más de un siglo.
Escalada militar y señales de desconfianza
La explosión del lunes ha provocado una reacción inmediata en Bangkok. El primer ministro Anutin Charnvirakul anunció la suspensión temporal del pacto y ordenó al Ministerio de Defensa “intensificar las medidas militares” en la frontera. Paralelamente, el gobierno ha instruido a sus carteras de Educación y Sanidad para que preparen simulacros de emergencia y planes de contingencia en las provincias limítrofes.
El jefe del Ejército tailandés, Pana Klaewblaudtuk, justificó la medida afirmando que “las hostilidades continúan” y que “el Ejército necesita salvaguardar su derecho a defenderse”.
Desde Nom Pen, el Ministerio de Exteriores expresó su “grave preocupación” ante la decisión tailandesa y reiteró el compromiso de Camboya con la paz. “Este tipo de incidentes no deben servir de pretexto para socavar los avances alcanzados”, señala el comunicado.
La disputa territorial entre ambos países data de principios del siglo XX, cuando Francia, entonces potencia colonial en Indochina, estableció la frontera que separa Camboya de Tailandia. Los límites quedaron difusos en áreas selváticas, especialmente alrededor del estratégico templo de Preah Vihear, lo que ha provocado múltiples enfrentamientos desde la década de 1950.
En julio pasado, un intercambio de fuego de cinco días con cohetes y artillería pesada dejó al menos 48 muertos y 300.000 desplazados, en uno de los episodios más graves en la historia reciente. El acuerdo de octubre buscaba evitar precisamente una repetición de aquel conflicto, pero la nueva detonación ha devuelto la desconfianza y el temor a una reanudación de las hostilidades.
Thailand said it was halting implementation of a ceasefire pact with Cambodia a day after a landmine blast maimed a Thai soldier, posing the biggest test for a truce brokered by US President Donald Trump https://t.co/rfdBjjznsK pic.twitter.com/mxVdanuJVg
— Reuters (@Reuters) November 11, 2025
Una tregua sin cimientos sólidos
El acuerdo de paz entre Bangkok y Nom Pen fue uno de los logros diplomáticos recientes atribuidos a Donald Trump en la región del sudeste asiático. Su Administración buscó reposicionar la influencia estadounidense en una zona donde China ha ganado terreno político y económico mediante amenazas arancelarias y acuerdos comerciales utilizados como incentivos para alcanzar la paz.
El colapso del acuerdo, aunque temporal, representa un revés para la diplomacia estadounidense y para la estabilidad regional. Tailandia ha informado a Washington y a los países de la ASEAN de la suspensión, según confirmó el portavoz del Ministerio de Exteriores tailandés, Nikorndej Balankura, quien aseguró que el país “mantendrá informada a la comunidad internacional”.
La ruptura refleja la profunda desconfianza estructural entre los dos países. Tailandia teme que Camboya utilice la ambigüedad fronteriza para ganar terreno político y militar, mientras que Phnom Penh percibe las acciones tailandesas como un intento de imponer su dominio en las zonas en disputa.
Los expertos en seguridad regional advierten que el incidente con minas podría ser solo el preludio de una nueva escalada de baja intensidad, con consecuencias humanitarias graves. Las zonas minadas ya habían sido escenario de choques en julio, y su desminado parcial fue una de las condiciones del acuerdo de octubre, aún inconcluso.
Además, la suspensión del pacto amenaza con entorpecer la cooperación económica y fronteriza entre ambos países, que comparten más de 800 kilómetros de frontera y vínculos comerciales significativos. El incidente en Sisaket ha devuelto al punto de partida a una negociación que apenas comenzaba a consolidarse.
La paz promovida por Trump —presentada como un éxito de reconciliación regional— podría convertirse en otro ejemplo de tregua efímera, incapaz de sostenerse sin una resolución de fondo sobre los límites territoriales y las garantías de seguridad mutua. @mundiario


