El nuevo Gobierno de Francia echa a andar con una meta: garantizar su supervivencia

El primer ministro Bayrou ha celebrado su primer Consejo de Ministros con el objetivo de sacar adelante unos presupuestos para evitar una crisis financiera antes de que se tramite una moción de censura.
François Bayrou, primer ministro de Francia en Mayotte. / Palacio El Elíseo
François Bayrou, primer ministro de Francia en Mayotte. / Palacio El Elíseo

El primer ministro francés, François Bayrou, lideró este viernes el primer Consejo de Ministros desde el nombramiento de su Gobierno el 23 de diciembre. En una etapa marcada por la continuidad y las tensiones en pleno bloqueo político, Bayrou tiene como principal desafío asegurar la estabilidad de su Ejecutivo y evitar una posible moción de censura que podría costarle el cargo, tal como le sucedió a su predecesor, Michel Barnier. Entre las prioridades inmediatas del nuevo gabinete figura la negociación de los presupuestos para 2025, un tema que fue el detonante de la caída del anterior Gobierno.

Bayrou, de 73 años y líder del Movimiento Democrático (MoDem), mostró confianza en la continuidad de su gestión al señalar que está “seguro” de que su Gobierno no será censurado. Sin embargo, su posición parlamentaria es frágil. La falta de una mayoría en la Asamblea Nacional y la imposibilidad de ampliar la base de apoyo respecto al Ejecutivo anterior auguran un camino lleno de obstáculos. Este contexto político ha alimentado las especulaciones sobre la viabilidad de su mandato.

El nuevo Ejecutivo, compuesto por 18 mujeres y 17 hombres, se reunió inicialmente en el Ministerio del Interior, donde Bruno Retailleau, representante del ala más dura de la centroderecha gaullista de Los Republicanos (LR), ofreció un desayuno previo al Consejo. Retailleau, quien ya había ocupado este cargo en el Gobierno de Barnier, es visto como un puente hacia el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional (RN). Posteriormente, los ministros se trasladaron al Palacio del Elíseo, con el reto de sortear un Parlamento fragmentado y polarizado.

La inestabilidad política no puede continuar”, declaró Bayrou antes de la reunión, en un intento por apelar al consenso. Por su parte, la portavoz del Gobierno, Sophie Primas, instó a las fuerzas políticas a abandonar posturas rígidas y optar por el diálogo. Pero la amenaza de una moción de censura sigue latente, especialmente tras el anuncio de los radicales de izquierda euroescéptica de La Francia Insumisa (LFI), que planea presentar una moción de censura contra el Gobierno el próximo 16 de enero.

Los presupuestos para evitar la crisis

Uno de los puntos críticos en la agenda de Bayrou es la aprobación de los presupuestos para 2025. Los nuevos ministros de Economía, Éric Lombard, y de Cuentas Públicas, Amélie de Montchalin, iniciarán consultas con los partidos políticos en busca de un acuerdo.

La situación económica de Francia añade presión al Ejecutivo: la deuda pública alcanzó el 113,7 % del PIB en el tercer trimestre de 2024, mientras que el déficit público supera el 6 %. Lombard, empresario declarado de izquierdas, aunque reconocido por su afinidad con el macronismo, tendrá la tarea de diseñar un plan para estabilizar las cuentas públicas de Francia.

A pesar de los esfuerzos por proyectar una imagen de unidad, las divisiones internas persisten. La fragmentación parlamentaria, resultado de las elecciones anticipadas de julio, ha generado un escenario en el que los bloques de izquierda, centroderecha y extrema derecha carecen de una mayoría clara, dificultando la gobernabilidad.

Garantizar la estabilidad del Ejecutivo

La reunión del Consejo de Ministros marcó también el reencuentro oficial entre Bayrou y el presidente Emmanuel Macron, tras las tensiones durante el proceso de nombramiento del primer ministro. Macron, quien había mantenido un perfil bajo en los últimos meses, reconoció en su discurso de Nochevieja que la disolución del Parlamento en junio “trajo más división en la Asamblea Nacional en lugar de soluciones para el pueblo francés”.

El primer ministro, además, enfrenta críticas por sus decisiones iniciales al frente del Ejecutivo. Su ausencia en una reunión de crisis sobre el archipiélago de Mayotte, devastado por el ciclón Chido, fue duramente cuestionada, lo que añade presión a su liderazgo en un contexto de baja popularidad. Según un sondeo de Ifop, un 66 % de los ciudadanos franceses desaprueba su gestión.

Con un Parlamento dividido y una popularidad en declive, Bayrou deberá navegar un panorama político complejo para avanzar en su agenda y evitar una crisis financiera que termine arrastrando a toda la eurozona. Su discurso de política general, programado para el 14 de enero, será una prueba clave para medir la capacidad de su Gobierno para sortear las mociones de censura y ganar el apoyo necesario para evitar el estancamiento legislativo.

Mientras tanto, los partidos políticos se preparan para una intensa negociación presupuestaria y una posible reconfiguración de alianzas. El resultado de estos esfuerzos definirá no solo el futuro del Gobierno de Bayrou, sino también la estabilidad política de Francia en los próximos meses. @mundiario

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