La noche decisiva de Bruselas: cómo la UE recurrió a los eurobonos para salvar Ucrania
Hubo un instante, avanzada la tarde-noche en Bruselas, en el que el acuerdo parecía al alcance de la mano. Técnicos de la Comisión Europea y del Gobierno belga habían logrado avances discretos sobre un texto que abría la puerta a utilizar parte de los activos rusos congelados para financiar a Ucrania. Sin embargo, cuando ese borrador llegó a la mesa de los jefes de Estado y de Gobierno, el clima cambió de inmediato. Ninguna capital quiso asumir el riesgo político y jurídico que implicaba respaldar un plan sin el consenso explícito de Bélgica.
El bloqueo tenía un nombre propio: Euroclear. La cámara de compensación con sede en Bruselas custodia cerca de 180.000 millones de euros en activos rusos inmovilizados desde el inicio de la guerra. Para el primer ministro belga, el nacionalista flamenco Bart de Wever, cualquier paso en esa dirección exigía “garantías ilimitadas” frente a posibles represalias legales o financieras de Moscú. El temor a litigios internacionales y a una eventual obligación de indemnizar a Rusia llevó a Bélgica a exigir una cobertura total y compartida por el resto de Estados miembros, una línea roja que muchos no estaban dispuestos a cruzar.
La consecuencia fue un punto muerto. Nadie quería avanzar sin Bélgica, pero tampoco aceptar las condiciones que exigía. Con la cumbre paralizada y el reloj corriendo, resurgió una alternativa que llevaba meses aparcada y que tradicionalmente incomoda a los países más frugales: emitir deuda europea para conceder un préstamo directo a Ucrania.
El giro llegó en una conversación clave. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, sondeó al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, para comprobar si estaría dispuesto a no bloquear esa opción. No se trataba de un apoyo explícito, sino de algo más sencillo y, a la vez, decisivo: abstenerse. La respuesta fue afirmativa. Hungría, junto a Eslovaquia y la República Checa, optó por no firmar las conclusiones, lo que permitió una unanimidad inusual a 25 y desbloqueó la operación.
Europa salva los muebles
El resultado fue un crédito de hasta 90.000 millones de euros respaldado por el margen disponible del presupuesto comunitario. Una cifra equivalente a la que se pretendía movilizar con los activos rusos y suficiente para cubrir alrededor del 65 % de las necesidades financieras de Ucrania en 2026 y 2027, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Formalmente, los fondos rusos congelados no desaparecen del esquema: la UE se reserva el derecho a utilizarlos como garantía última si Moscú se niega a pagar futuras reparaciones de guerra.
Desde Bruselas, la decisión se ha presentado como una elección pragmática. La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y Costa defendieron desde el primer momento que la deuda común, aunque políticamente sensible, ofrecía más seguridad jurídica que la expropiación directa de activos. Para otros líderes, como el primer ministro polaco Donald Tusk, la alternativa era aún más clara: “dinero hoy o sangre mañana”, no solo para Ucrania, sino para la seguridad europea.
La intrahistoria deja varias lecturas. La primera, que el simbolismo político de utilizar los activos del país agresor chocó con los límites legales y con los intereses nacionales de algunos Estados miembros. La segunda, que la UE volvió a recurrir, como en la pandemia, a los eurobonos cuando todas las demás vías se demostraron impracticables. Y la tercera, que la cohesión europea sigue dependiendo de equilibrios frágiles, negociaciones al límite y soluciones excepcionales.
Paradójicamente, el desenlace también marca un punto de inflexión. Economistas y eurodiputados subrayan que mantener la emisión de deuda común contribuye a crear un activo europeo de referencia y refuerza la integración financiera. Incluso voces críticas con los eurobonos reconocen que, una vez más, la Unión los ha utilizado como red de seguridad cuando el proyecto comunitario se asomaba al abismo.
Así, tras una noche de bloqueo, vetos cruzados y giros de guion, la UE logró sacar adelante el salvavidas financiero para Ucrania. No fue con la vía que muchos defendían ni con el consenso pleno que se buscaba, sino con una solución imperfecta pero viable. Una salida que refleja tanto las limitaciones como la capacidad de adaptación de una Europa obligada, una vez más, a decidir bajo presión. @mundiario





