Bélgica retiene el uso de los activos rusos congelados y exige garantías “sólidas e ilimitadas”

El Gobierno belga se resiste a que los fondos rusos inmovilizados sirvan para financiar a Ucrania sin un blindaje jurídico y financiero común en toda la UE, mientras denuncia una campaña de intimidación rusa sin precedentes.
António Costa, presidente del Consejo Europeo y Bart De Wever, primer ministro de Bélgica. / Consejo Europa
António Costa, presidente del Consejo Europeo y Bart De Wever, primer ministro de Bélgica. / Consejo Europa

La guerra de Ucrania ha colocado a la Unión Europea ante una de sus decisiones más delicadas: qué hacer con los activos rusos congelados desde el inicio de la invasión. En ese debate, Bélgica se ha convertido en el principal foco de resistencia, no por rechazo explícito a apoyar a Kiev, sino por el coste legal, financiero y político que teme asumir en solitario.

La posición belga, marcada por la exigencia de garantías “sólidas e ilimitadas” aplicables a toda la UE, se produce además en un contexto de presiones directas y amenazas procedentes de Rusia, que elevan el tono y la complejidad del pulso europeo para influir en la decisión.

La mayor parte de los activos rusos congelados en la UE —unos 193.000 millones de euros— se encuentran en Euroclear, la gran cámara de compensación financiera con sede en Bruselas. Desde la óptica de varios Estados miembros y de la Comisión Europea, estos fondos podrían servir como garantía para un gran préstamo a Ucrania, estimado en unos 90.000 millones de euros, destinado a cubrir necesidades militares y de reconstrucción en 2026 y 2027.

El diseño del plan busca evitar la “confiscación” directa: los activos seguirían bloqueados y Ucrania devolvería el préstamo cuando Rusia asuma los costes de la guerra. Sin embargo, Bélgica no comparte esa interpretación jurídica y sostiene que, en la práctica, el uso de esos fondos supone cruzar una línea de alto riesgo.

Por qué Bélgica dice no (por ahora)

El Gobierno del ultranacionalista Bart De Wever ha dejado claro que no se opondrá por principio, pero sí con un blindaje colectivo total. Sus principales exigencias son la mutualización del riesgo, de modo que cualquier represalia legal o financiera contra Bélgica o Euroclear sea asumida por toda la UE.

También exige garantías colectivas ilimitadas en el tiempo, no temporales, para proteger la liquidez de Euroclear frente a demandas rusas; defensa jurídica de empresas e instituciones europeas que puedan ser atacadas por Moscú; e inclusión de todos los activos rusos inmovilizados en la UE, no solo los concentrados en Bélgica.

Desde Bruselas, fuentes comunitarias citadas por El Mundo consideran estas condiciones excesivas, pero reconocen que el peso específico de Euroclear hace que Bélgica no sea un actor cualquiera en este debate.

La presión rusa: de los tribunales a la intimidación directa

El endurecimiento de la postura belga no se entiende sin el contexto de presión creciente desde Rusia. El Banco Central ruso ha presentado una demanda multimillonaria contra Euroclear, un movimiento que, según diplomáticos europeos, busca convertir el uso de los activos en una “pesadilla legal” prolongada.

A esto se suman amenazas personales y mensajes de muerte contra altos cargos belgas y sus familiares, campañas de intimidación, sobrevuelo de drones cerca de infraestructuras sensibles y el cierre temporal del aeropuerto de Bruselas. El propio De Wever ha reconocido públicamente en el portal La Libre que Moscú le ha advertido de que tanto él como Bélgica “lo pagarán durante la eternidad” si se da el paso. Para el Ejecutivo belga, este clima refuerza la necesidad de no quedar expuesto en solitario.

Ante el bloqueo, Bélgica vuelve a mirar hacia la deuda común europea, una opción que ya dividió a la UE durante la pandemia. El problema es la unanimidad necesaria, difícil de lograr por la oposición de países como Hungría y las reticencias del norte de Europa.

Otra vía planteada es el artículo 122, un mecanismo de emergencia que permitiría emitir deuda respaldada por el presupuesto comunitario. Sin embargo, varias capitales consideran esta opción políticamente inviable en el contexto actual.

Mientras tanto, Italia, Bulgaria y Malta se alinean parcialmente con las dudas belgas, lo que refuerza la idea de que no se trata solo de un bloqueo aislado, sino de un debate estructural sobre hasta dónde puede llegar la UE sin poner en riesgo su arquitectura legal y financiera.

El choque en torno a los activos rusos congelados revela una tensión de fondo en la UE: la voluntad y necesidad estratégica de sostener a Ucrania frente a Rusia frente al temor a sentar precedentes perjudiciales en el largo plazo. Bélgica encarna ese dilema desde una posición especialmente expuesta, al concentrar en su territorio el corazón financiero del problema. @mundiario

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