Netanyahu condiciona la retirada israelí del Líbano al desarme efectivo de Hezbolá

Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / @netanyahu
El primer ministro de Israel asegura que una reducción gradual de las tropas será posible solo si Beirut avanza en su plan de desarme de la milicia chií. Hezbolá rechaza la propuesta y acusa a Tel Aviv de buscar ventajas unilaterales.

El debate sobre el futuro de la seguridad en la frontera entre Israel y el Líbano ha entrado en una fase crítica tras las declaraciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien vinculó cualquier retirada militar de su país a un desarme efectivo de Hezbolá. El anuncio llega apenas nueve meses después del alto el fuego que puso fin a un año de enfrentamientos intensos entre ambas partes.

Netanyahu calificó de “decisión trascendental” la resolución del gabinete libanés de avanzar hacia el desarme de la organización chií antes de finales de 2025. Según el mandatario, si las Fuerzas Armadas Libanesas ejecutan los pasos necesarios para retirar las armas de Hezbolá, Israel respondería con “medidas recíprocas”, que incluirían una reducción gradual de la presencia del Ejército israelí en el sur del Líbano.

El planteamiento israelí se enmarca en un escenario marcado por la presión de Estados Unidos, cuyo enviado especial, Tom Barrack, ha buscado consolidar el frágil alto el fuego alcanzado en noviembre. Washington insiste en que el desarme de Hezbolá es condición indispensable para garantizar la estabilidad y facilitar la llegada de asistencia internacional destinada a la reconstrucción del país, devastado por la guerra y con daños estimados en más de 11.000 millones de dólares, según el Banco Mundial.

La oficina de Netanyahu elogió la resolución del gobierno libanés, describiéndola como una “oportunidad crucial para que Líbano recupere su soberanía y refuerce sus instituciones estatales libres de actores no estatales”. Sin embargo, no aclaró si Tel Aviv estaría dispuesto a evacuar por completo las cinco posiciones que mantiene dentro de territorio libanés, puntos estratégicos que la inteligencia israelí considera vitales por su proximidad a comunidades del norte de Israel, donde 60.000 ciudadanos fueron desplazados durante la guerra.

Hezbolá, el mayor obstáculo

La reacción de Hezbolá ha sido una absoluta negativa. Mahmoud Komati, alto funcionario del movimiento, declaró a Reuters que rechazó de plano la propuesta, a la que calificó como un intento de “imponer nuevas ganancias inaceptables” a costa del pueblo libanés. Según Komati, el país ya ha cumplido con lo estipulado en la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU —que puso fin al conflicto de 2006—, mientras que Israel continúa desafiando ese marco legal con bombardeos periódicos y ocupación de territorio libanés.

Hezbolá sostiene que no discutirá ningún proceso de desarme hasta que Israel retire sus tropas de las colinas que controla en el sur del Líbano y cese los ataques aéreos casi diarios, que han causado cientos de víctimas, en su mayoría miembros de la propia organización. Además, el secretario general adjunto de la milicia, Naim Kassem, advirtió de que cualquier intento de imponer el desarme por la fuerza podría desencadenar un conflicto interno en Líbano, abriendo la puerta a un escenario de inestabilidad civil.

Entre la reconstrucción y la desconfianza

Para Beirut, el desafío es complicado. Por un lado, necesita avanzar en el desarme de Hezbolá para acceder al flujo de ayuda internacional indispensable para su reconstrucción. Por otro, debe evitar que la medida derive en un choque frontal con un grupo que, aunque debilitado tras la guerra, mantiene una fuerte base social entre los chítas y una influencia determinante en la política libanesa.

Mientras tanto, Israel mantiene su estrategia de presión militar. Sus fuerzas armadas continúan lanzando ataques puntuales contra instalaciones de Hezbolá en Líbano, alegando que el grupo intenta reconstituir sus capacidades militares. Estos movimientos refuerzan la desconfianza del partido chií y hacen más complejo el cumplimiento del calendario de desarme anunciado por el gobierno libanés.

El planteamiento de Netanyahu abre la posibilidad de un nuevo marco de cooperación condicionado al cumplimiento de compromisos mutuos, pero la falta de claridad sobre la retirada total israelí y la firme oposición de Hezbolá generan dudas sobre la viabilidad del proceso para un Líbano desgastado. La resolución del dilema dependerá de la capacidad de las autoridades libanesas para implementar su plan sin desestabilizar el país, así como de la voluntad de Israel de ofrecer garantías tangibles que vayan más allá de la retórica.

En este contexto, el pulso entre Tel Aviv y Hezbolá sigue marcando el ritmo político y militar en la región, mientras la comunidad internacional observa con cautela si la promesa de un Líbano libre de armas no estatales es alcanzable o queda como una meta suspendida entre intereses cruzados y desconfianzas mutuas. @mundiario