El misil Oréshnik: un nuevo desafío ruso para la defensa ucraniana y para Occidente

El uso de un misil hipersónico por parte de Moscú podría escalar las tensiones entre Rusia y Occidente, al demostrar un avance tecnológico que desafía las defensas convencionales.
Misil Oréshnik de Rusia. / Mundiario
Misil Oréshnik de Rusia. / Mundiario

El impacto de un misil balístico en la ciudad ucraniana de Dniéper en la madrugada del 21 de noviembre ha generado inquietud en la comunidad internacional. Rusia afirmó haber utilizado el Oreshnik, un proyectil de alcance intermedio con capacidades avanzadas, en un ataque que marca el debut de esta arma en el conflicto.

Según el presidente Vladímir Putin, el misil cuenta con una "carga útil hipersónica no nuclear" que puede alcanzar velocidades de hasta Mach 10 (2,5 a 3 km/s).

Estas son algunas claves sobre el misil y su desarrollo:

Especificaciones y su origen

El Oreshnik, presumiblemente desarrollado por el Instituto de Tecnología Térmica de Moscú (MTI), es un sistema de misiles balísticos más liviano y maniobrable que sus predecesores, diseñado para lanzamientos móviles. Las evidencias indican que el misil fue disparado desde el polígono de pruebas de Kapustin Yar, cubriendo una distancia de 800-850 km en esta ocasión, aunque su rango oficial podría ser mayor.

Imágenes del impacto muestran submuniciones cinéticas liberadas en el aire, diseñadas para destruir objetivos mediante energía cinética sin necesidad de explosiones. Este tipo de munición añade complejidad al análisis de los expertos, quienes subrayan que las características del ataque sugieren una estrategia para probar capacidades avanzadas en el campo de batalla.

El contexto internacional y el fin del Tratado INF

El desarrollo del Oreshnik habría comenzado después de la expiración del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) en 2019. Este acuerdo, que limitaba la producción y uso de misiles de rango medio por parte de EE UU y Rusia y que fue firmado en 1987, había sido fundamental para reducir tensiones en Europa durante décadas: ambos países se comprometieron a destruir sus misiles balísticos y de crucero terrestres dentro del rango de alcance entre 500 y 5,500 kilómetros, lo que contribuyó significativamente a la desescalada de la carrera armamentista.

Hace cinco años, Washington decidió retirarse del Tratado, acusando a Rusia de violarlo al desarrollar y desplegar un misil que supuestamente no cumplía con los límites de alcance del acuerdo. Posteriormente, Rusia también suspendió su participación, lo que marcó el fin del acuerdo. Este evento generó preocupaciones sobre el futuro de los pactos de control de armas y el potencial resurgimiento de una nueva carrera armamentista nuclear.

Ahora, el uso del misil 9M729 Oreshnik podría escalar las tensiones, no solo en Ucrania, sino también entre Rusia y Occidente, al demostrar un avance tecnológico que desafía las defensas convencionales.

Advertencias y reacciones

Rusia notificó a EE UU del lanzamiento a través de su centro de reducción de riesgos nucleares, un gesto interpretado como intento de evitar una escalada directa. Sin embargo, la acción provocó cierres temporales en varias embajadas en Kiev, incluidas las de España e Italia, mientras otras emitieron advertencias a sus ciudadanos.

Días antes, el presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin, había insinuado la posibilidad de desplegar nuevas armas en Ucrania. En paralelo, canales ucranianos en redes sociales ya habían alertado sobre la presencia de misiles Rubezh en Kapustin Yar, lo que reforzó la hipótesis de que el Oreshnik es una evolución de este sistema.

¿Y ahora qué? 

El despliegue del Oreshnik deja en evidencia la sofisticación del armamento ruso y plantea nuevos desafíos para la defensa ucraniana. Aunque las capacidades hipersónicas del misil aún son debatidas, su uso podría modificar la dinámica del conflicto, planteando preguntas sobre la viabilidad de las defensas actuales frente a proyectiles de este tipo.

El ataque en Dniéper no solo es un hito en la guerra, sino también un recordatorio del riesgo de que avances tecnológicos desestabilicen aún más el equilibrio militar global. @mundiario

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